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Opinión 15 07 2020

¿Será sostenible la deuda pública?


Autor: Luis Rappoport









El Ministro de Economía, el Presidente de la Nación y la Presidente del FMI requieren sostenibilidad de la deuda. El ministerio emitió recientemente un informe donde explica qué es “sostenibilidad de la deuda”. Dice lo siguiente:

(i) Perspectivas de crecimiento sostenible para la economía;

(ii) Una trayectoria fiscal razonable a corto y largo plazo;

(iii) Expectativas razonables acerca de futuros costos de refinanciación;

(iv) Supuestos razonables sobre la interacción futura de Argentina con el FMI.

Para superar los coletazos de la pandemia formula la necesidad de un período de gracia, y como corolario de los puntos mencionados, la necesidad de bajar la relación de deuda respecto del PBI y conformar reservas por unos 77 mil millones de dólares para el año 2030, previendo futuros shocks externos.

También habla de la necesidad de aumentar las exportaciones, flexibilizar las regulaciones de la cuenta de capital, desarrollar mercados locales de capitales y bajar el endeudamiento y sus costos.

Algunas cosas derivan de las condiciones que se proponen: una trayectoria fiscal razonable de largo plazo requiere un acuerdo de la sociedad y de la clase política, tanto del oficialismo como de la oposición. ¿Hay disposición de acordar y cumplir presupuestos públicos de largo plazo en el Congreso?, el Poder Ejecutivo ¿va a convocar a esos acuerdos en los tres niveles de gobierno? Si no lo hace, vamos a otro “re-perfilamiento”.

Lo inquietante es lo de “Perspectivas de crecimiento sostenible de la economía”. Esa es la condición principal: necesaria para bajar la relación de deuda respecto del PBI, alcanzar una adecuada trayectoria fiscal y tener costos de financiación razonables, porque un país que crece al 3% o 4% se convierte en sujeto de crédito.

¿Saben el Ministro y el Presidente que la Argentina no tiene políticas de desarrollo económico desde la década del 70?, ¿saben que el FMI no es el indicado para asistir a un país en la formulación, financiamiento y ejecución de esas políticas y que para eso el país puede contar con el Banco Mundial, el BID, la OCDE, la cooperación de la Unión Europea y de algunos países desarrollados?

Sobre desarrollo económico hay varias obviedades. La primera es que nuestras empresas no pueden crecer y aumentar el empleo con la actual carga impositiva y burocrática. La segunda, que una vez pasada la pandemia y la pospandemia, el equilibrio macroeconómico y la política antiinflacionaria pasarán a ser cruciales y la tercera es que en la búsqueda de ese equilibrio habrá que acompasar la reducción de los impuestos con las metas de equilibrio fiscal y acompasar la reducción de los subsidios sociales con el aumento del empleo. Se agregan entonces condiciones al acuerdo presupuestario de mediano y largo plazo.

La gestión del desarrollo merece comentarios: la Argentina tuvo hasta la década del 70´ políticas de desarrollo centradas en dos paradigmas, el primero el de la sustitución de importaciones difíciles, y el segundo la utopía de alcanzar un mejor equilibrio territorial a través de beneficios fiscales post operativos a favor de las provincias más pobres.

El primero de los paradigmas no salió tan mal: tuvo un gran costo fiscal, pero dejó en el país grandes empresas en los sectores, aluminio, siderúrgico, petroquímico y celulósico papelero. El segundo fue un desastre que comprometió enormes costos sin un resultado sustentable. De ese paradigma quedó el régimen de Tierra del Fuego, de difícil salida porque a los gobiernos no se les ocurre sustituirlo por una reconversión sin hipoteca fiscal y los empresarios están cómodos con los subsidios.

Lo cierto es que las políticas de desarrollo en todo el mundo y desde hace varias décadas están centradas en otros conceptos: competitividad internacional a través de la ciencia, la tecnología (investigación y desarrollo) y la innovación (I+D+i), dejaron de emanar exclusivamente de disposiciones del nivel nacional y pasaron a tener un funcionamiento multinivel. El nuevo nivel crítico es el provincial y municipal, porque es en donde se produce el encuentro de las empresas con escuelas técnicas, centros de investigación, laboratorios de desarrollo de productos, universidades, agencias de promoción de exportaciones y las interacciones de aglomerados productivos (clusters).

La construcción de la competitividad en Argentina requiere resolver dos restricciones: la primera es que a los gobiernos de muchas provincias no les interesa el desarrollo porque viven de “votos que vienen de abajo y dinero que viene de arriba”. Y el segundo es que a nuestro principal centro de ciencia y tecnología –el CONICET- no le interesa la interacción con las empresas para que ganen competitividad y patentes que la sostengan. Ambas cosas requieren modificaciones, cambios institucionales en los incentivos de gobernadores y científicos. Esos cambios pueden acelerar los tiempos para la sostenibilidad de la deuda y para que, en definitiva, la Argentina crezca y baje los niveles de pobreza.

Publicado en Clarín el 15 de julio de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/-sostenible-deuda-publica-_0_7z_zw0JKR.html