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01 03 2020

Santiago Leiras: "El desgaste temprano de la gestión puede condicionar el desempeño de Alberto Fernández"


Autor: Esteban Lo Presti









Antes de la apertura de las seciones ordinarias del Congreso de la Nación, dialogamos con el especialista Santiago Leiras sobre la coyuntura política, el desgaste del gobierno de Alberto Fernández, la relación con Brasil y la actualidad de la oposición.


A casi tres meses de asumido el gobierno de Alberto Fernández, ¿Cómo evaluás su desempeño político y económico?

Es quizás un poco prematuro hacer cualquier evaluación definitiva dado el relativamente poco tiempo de gestión; dicho esto, es de destacar cierto desgaste un tanto temprano de la gestión que puede condicionar (y creo está condicionando) el desempeño de Alberto Fernández.

¿A qué atribuir ese desgaste? 

Por lo pronto al triunfo contundente en las PASO (que no resulto tal en la elección general) que abrió la puerta de manera anticipada a una situación de poder compartido entre un presidente (supuestamente) saliente y un presidente virtual, Alberto Fernández que paga el precio del desgaste propio del ejercicio de la gestión presidencial con cuatro meses de antelación a su propia asunción.

Esto, sumado a un nivel menor de tolerancia social ante el error, puede afectar el desempeño presidencial en un plazo más breve de lo esperado.

¿Como está funcionando esta dinámica novedosa de un liderazgo presidencial “prestado” y un vicepresidencial que condiciona (o no) las acciones del Jefe de Estado?

Sin duda, se trata de una convivencia no exenta de tensiones: pensemos por lo pronto que la conformación del Frente de Todos se dio a partir de la postergación de una discusión profunda acerca de los factores que llevaron al peronismo a la fractura en las elecciones de 2013, 2015 y 2017.

La conformación del Frente de Todos fue posible a partir del reconocimiento de CFK del límite estructural de su candidatura abriendo, a través de la designación del candidato presidencial y reservándose el segundo término de la fórmula, la posibilidad de la reunificación de las diferentes expresiones ideológicas, sociales y políticas del peronismo en 2019.

Al no haber quedado saldada esa discusión las tensiones afloran en temas de especial sensibilidad tal como hemos visto en estas semanas, por ejemplo, con los temas de inseguridad urbana, las estrategias para encarar el problema del endeudamiento externo de la nación (crecer para pagar) y la provincia de Buenos Aires (el billetazo como dice Luis Tonelli) y la cuestión de los presos por causas de enriquecimiento ilícito (presos políticos vs. detenidos en forma arbitraria).

El gran interrogante es en que medida se podrán procesar estas y otras contradicciones que puedan aparecer en el mediano plazo.

Los equilibrios dentro del gabinete muestran una presencia mínima de mujeres y de dirigentes peronistas del interior del país. ¿Crees que ese desequilibrio en algún momento puede afectar el funcionamiento del gobierno?

Como decía aquella vieja canción de Jarabe de Palo, depende.

¿De qué depende? 

Depende del éxito del gobierno y el éxito del gobierno a su vez del desenlace de la negociación de la deuda tanto con el FMI como así también con lo bonistas. Si hay negociación exitosa, hay muchas probabilidades de que el gobierno de Alberto Fernández tenga sus “brotes verdes”, su “segundo semestre”.

Si se dan estas condiciones veo poco probable el reclamo; de otra manera y en un escenario distinto (turbulento por decir lo menos) es probable que afloren reclamos relacionados con estos y otros desequilibrios (los reclamos con sordina de los intendentes del conurbano bonaerense son una constante en estas semanas).

Un conocido dirigente del peronismo bonaerense (a quien no voy a citar por su nombre y apellido por razones obvias) me dijo en una oportunidad, palabras más palabras menos, “si al gobierno le asiste el éxito, todos unidos triunfaremos, si al gobierno no lo acompaña el éxito todos unidos lo acompañaremos (hasta la puerta del cementerio)”.

Los gobiernos provinciales, dado la emergencia económica, han perdido parte de la recepción automática de fondos que había implementado el gobierno anterior. Ha habido reclamos al respecto, pero en términos de paliar de alguna manera la situación. ¿Crees que estamos ante un nuevo esquema de “gobierno radial” a través del uso arbitrario de los recursos?

Coincido con esa caracterización. La noción de “gobierno radial” me recuerda a la caracterización que se hacía del estilo de gestión de Néstor Kirchner durante el cual, como recordás, Alberto Fernández fue su jefe de gabinete.

De hecho, ese esquema se sustenta en un mensaje similar al 2003: en la medida en que se trata de una situación de emergencia (y el gobierno pugna por imponer ese significado a los acontecimientos presentes entre los diferentes actores), se ve justificada la utilización y distribución discrecional de los recursos públicos.

Un poco vinculándolo con la pregunta anterior, en un contexto de turbulencias (como mínimo), ese estilo discrecional puede llegar a abrir la puerta a reclamos más enérgicos en la medida en que los gobernadores pasen por ventanilla a cobrar y no haya fondos.

En términos internacionales el presidente viajó a Europa y logró, al menos en términos simbólicos, apoyo para el manejo de la deuda. Sin embargo, aún no se reunió con el presidente de su principal socio comercial, Brasil, y tampoco irá a la asunción de Lacalle Pou en Uruguay amparándose en cuestiones de agenda (cabe recordar que en 2005 cuando asumió Tabaré esos problemas de agenda se solucionaron y el presidente Kirchner acompaño a su par uruguayo junto a su entonces jefe de ministros, Alberto Fernández). ¿Que lectura hacemos de esta situación?

En relación a Brasil, probablemente los encontronazos públicos y las diferencias ideológicas sean una posible explicación de la dificultad todavía existente para llevar a cabo ese encuentro, más allá del trabajo fino que se viene llevando a cabo en otros niveles, sea a través de las cancillerías, sea a través del vínculo que estaría estableciendo el embajador Daniel Scioli con el vicepresidente Mourao, el militar dialoguista.

Con respecto a Uruguay, quizás haya alguna cuestión de protagonismo que no quiera resignar Alberto Fernández, se trata de su primer discurso, probablemente con alguna impronta fundacional y que tenga tal vez el propósito dar inicio a una nueva etapa política, más allá de la cuestión externa.

De todas maneras, tal como vos decís, se trata de un problema de agenda que entiendo podría ser solucionado con una buena gestión diplomática.

Los gestos importan, y estos preocupan sobre todo teniendo en consideración que nos encontramos ante una etapa crucial del Mercosur caracterizada por el alineamiento político de Brasil, Uruguay y Paraguay: vienen discusiones clave (la modificación del arancel externo común, la ratificación de la integración con la UE) y de la resolución de las mismas depende el futuro del Mercosur y de la Argentina en el Mercosur.

¿En el caso de Brasil, la diplomacia podrá reemplazar las desavenencias ideológicas entre ambos jefes de Estado?

Recordando aquella célebre frase de un expresidente argentino, no me animaría a afirmar que la Argentina y Brasil estén condenadas al entendimiento; no obstante, la existencia de una relación comercial estratégica construida a lo largo de las últimas décadas hace pensar que la diplomacia pueda procesar las diferencias ideológicas entre Jair Bolsonaro y Alberto Fernández.

Como te decía en una respuesta anterior, hay un esfuerzo diplomático que apunta en esa dirección, a través de las cancillerías y de la embajada argentina con el vicepresidente de Brasil. Es de esperar que ese esfuerzo tenga sus resultados y que finalmente el carácter estratégico de la relación predomine sobre los chispazos políticos.

De lo contrario, puede resultar compleja la situación argentina frente a un Mercosur alineado ideológicamente a través de la “triple alianza” entre Brasil, Uruguay y Paraguay.

¿Cómo ves el trabajo de la oposición en estos tres meses?

Así como el oficialismo se encuentra en medio de una situación de equilibrio inestable, lo mismo podría decir en relación a la oposición. Juntos por el Cambio se encuentra frente a un dilema que consiste por un lado en garantizar la unidad del espacio opositor, y por otro administrar las naturales diferencias internas propias de cualquier coalición electoral. Hay por lo menos tres o cuatro sectores en pugna: el radicalismo, los “pro” peronistas, los “pro” puros (bolsonaristas al decir de Andrés Malamud) y los gobernadores de Juntos por el Cambio con el desafío de aportar a la construcción del espacio opositor y al mismo tiempo preservar un razonable vínculo con el oficialismo nacional y gobernabilidad en sus respectivos territorios.

En medio del dilema que acabo de describir, y a diferencia del “doble comando” del Frente de Todos, Juntos por el Cambio tendrá además que dar respuesta en un no muy largo plazo a la pregunta "¿Dónde está el piloto?".