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24 10 2020

Ricardo López Göttig: "En el caso de una derrota de Trump, el establishment republicano se apartará rápidamente de él"


Autor: Esteban Lo Presti









Ricardo López Göttig es Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Es profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Belgrano, y profesor en las maestrías en Relaciones Internacionales de la UB y de la Universidad del Salvador, fue también profesor visitante en la Universidad Torcuato Di Tella, en la Universidad ORT Uruguay y en la Universidad de Pavía (Italia). Autor de los libros Origen, mitos e influencias del antisemitismo en el mundo y Milada Horáková. Defensora de los derechos humanos y víctima de los totalitarismos. Entre 2015 y 2019 se desempeñó como Director de Museos y Preservación Patrimonial de la Provincia de Buenos Aires. En esta entrevista nos presenta su mirada sobre las próximas elecciones en Estados Unidos, las posibilidades de Biden y de Trump, el probable paso al ostracismo del actual presidente en caso de ser derrotado y que puede esperar la región en los próximos años.

A dos semanas de la elección, pareciera que la suerte está echada respecto al voto popular, donde Biden lleva una clara ventaja. Hay que evaluar si la voluntad popular se verá reflejada en el Colegio Electoral. En ese sentido, ¿qué tiene que pasar para que Biden gane? ¿Y para qué el ganador sea Trump?

El propósito de los colegios electorales es equilibrar a la mayoría del electorado con los Estados, para preservar el federalismo. Este sistema es cuestionado desde distintos puntos de vista, pero claramente le es útil al sistema político estadounidense y tiene una vigencia de más de dos siglos sin interrupciones. Para que el candidato demócrata Joe Biden gane, primero debe recuperar los Estados que tradicionalmente acompañan a ese partido y que Hillary Clinton no pudo retener, ya que muchos de sus votantes naturales se quedaron en sus casas, o bien sufragaron por Donald Trump en 2016. Además, el ex vicepresidente Biden debe competir voto a voto en los llamados swing-states, aquellos en los que se alternan triunfos republicanos y demócratas. En esta elección, el estado de La Florida es uno de ellos. Donald Trump, por otra parte, debe motivar a su base electoral para que concurra a votar. Siendo el sufragio de carácter voluntario, es esencial que los dos grandes partidos logren entusiasmar a sus votantes tradicionales y, luego, a aquellos que se consideran independientes. En este sentido, parece ser que Biden está logrando recuperar a votantes demócratas, así como a quienes optaron por terceros candidatos en 2016.

¿Crees que un resultado cerrado o discutido en sede judicial ahondará estas tendencias a la ruptura y el enfrentamiento interno en Estados Unidos?

La experiencia de la elección del 2000 fue bastante negativa y fue un elemento de crítica severa al sistema político estadounidense. Es natural que, en las últimas dos semanas, se acorten las distancias entre los dos candidatos. La clave es que los actores políticos actúen con prudencia cuando se conozcan los resultados, que se anticipan como muy parejos en estados como La Florida. En el caso de una eventual derrota del presidente Donald Trump, el establishment republicano se apartará rápidamente de él, ya que no lo consideran como alguien propio y el “trumpismo” quedará como una corriente marginal en ese partido.

¿Cómo va a votar el electorado latino allí? ¿Definirá, como en 2002, la elección?

No hay un “electorado latino”, sino varios segmentos que se pueden reconocer como tales, con variantes de origen nacional, así como niveles educativos, de ingresos, religiosidad, a qué generación pertenecen y en qué Estado residen. En definitiva, los que votan son individuos y no entes colectivos. Pero claramente hay una influencia de los entornos a favor de uno u otro candidato. La Florida es un Estado en el que además residen jubilados procedentes de otros estados, por lo que el electorado está muy segmentado y con diferentes agendas. En este momento, tanto Trump como Biden deberían evitar gestos y declaraciones sobre la política exterior referente a América latina, y enfocarse en las cuestiones de carácter doméstico, para evadir errores y concentrarse en las preocupaciones del ciudadano promedio.

Biden atravesó el último tramo de la campaña "haciendo la plancha". Incluso el debate lo mostró como un candidato tranquilo, estratégicamente moderado ante los ataques verbales de Trump. Sabemos que los debates no suman, sirven para que los candidatos consoliden a los propios. Pero el inmediato diagnóstico de COVID de Trump pudo cambiar el escenario. ¿Crees que esto influirá en el resultado final?

Gran parte del discurso del campo republicano contra Joe Biden tiene que ver con la edad del candidato demócrata, sugiriendo que no tiene la capacidad cognitiva para ser primer mandatario. Lo cierto es que tanto Trump como Biden son septuagenarios, y que en 1984, el presidente Ronald Reagan se permitió bromear con eso y obtuvo la reelección. Trump se refiere a Biden como “sleepy”, por lo que la actuación del candidato demócrata en los debates puede servir para despejar esas dudas, aun cuando al republicano convencido no le modificará su voto. Lo fundamental en un debate, como en el tablero de ajedrez, es no cometer errores, ocupar el centro y desplegar una estrategia ordenada y ofensiva en la que no haya piezas sueltas expuestas al ataque. Joe Biden busca presentarse como la alternativa moderada frente a un presidente errático y cambiante, sin que eso signifique inactividad o abulia. De no haber sorpresas de aquí hasta el martes 3 de noviembre, esa estrategia lo puede llevar a la presidencia.

La elección de Kamala Harris en la fórmula consolidó la unidad demócrata (uno de las posibles causas de la derrota de 2016), las donaciones individuales son récord para Biden y pareciera que el voto femenino se inclinará masivamente por este. En caso de llegar al poder ¿cómo crees que administrará su agenda para contentar a todos los sectores?

La elección de la senadora Kamala Harris fue estratégica para consolidar la candidatura de Biden: él es de Delaware, de la costa Este, en tanto Harris es de California. Él es un hombre anglosajón, en tanto Kamala Harris es una mujer descendiente de negros e indios, lo cual expresa el melting pot estadounidense y las posibilidades de ascenso social. Si bien la senadora Harris intentó la nominación demócrata y se retiró tempranamente, fue una crítica severa de Biden en las primarias. El haberla sumado como compañera de fórmula, entonces, habla de un candidato presidencial que sabe cerrar las heridas de campaña, que no es rencoroso, pero a su vez elige a una expresión moderada del partido demócrata, que tiene un ala radical muy corrida a la izquierda que supo canalizarse con Bernie Sanders y Elizabeth Warren. El binomio Biden-Harris apunta al centro ideológico –tal como lo hizo la fórmula Clinton-Gore en 1992-, pero claramente deberá prestar atención a las nuevas demandas que aparecen en la agenda del debate público. La clave del gobierno de un eventual gobierno de Joe Biden será la negociación con el Partido Republicano y retomar una agenda bipartidista: tengamos en cuenta que es sumamente probable que Biden no se postularía para la reelección en 2024, con lo que ya se abrirá la competencia en los dos grandes partidos con mucha anticipación.

Lo mismo para Trump. Antes del COVID el empleo récord cumplía con las expectativas que el empresario había prometido. La pandemia cambió el escenario y, hoy, el desempleo es alarmante. ¿Un nuevo gobierno de Trump, cubrirá con lo que espera su electorado?

Durante la presidencia de Donald Trump hubo una importante recuperación del empleo, que cayó debido al impacto económico de la pandemia del Covid-19. Cuando las expectativas son muy altas, es inevitable que la decepción a la que lleva la realidad cotidiana sea mucho mayor. Como todo mandatario en su segundo y último período, se concentra más en lo que será su legado, aquello por lo que quiere ser recordado: ¿será la economía, la política exterior, la seguridad? Al presidente Trump le está resultando muy complicado, en este escenario inesperado y adverso, presentar una visión que entusiasme al electorado, tal como sí lo logró en 2016.

Por último, ¿qué puede esperarse en la región tanto con Biden como con Trump?

Debemos aceptar y comprender que América latina es de poca relevancia para la política exterior de los Estados Unidos. Hoy, la mirada está puesta en Asia Oriental y la región del Indo-Pacífico, en la rivalidad geopolítica y económica que representa la República Popular China. Así como ocurrió en el largo período de la guerra fría, la región será observada desde ese prisma, por lo que toda aproximación a China será vista como un nuevo escenario de rivalidad entre ambos. En términos generales, la política exterior de Estados Unidos es bipartidista y, entonces, la mirada hay que ponerla en la nueva composición del Senado, en el Departamento de Estado y en quien sea el nuevo asesor de seguridad nacional.