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Opinión 01 03 2020

Política exterior: ¿realismo o dualismo?


Autor: Juan Pablo Lohle









Desde el conocimiento del informe Bachelet sobre los derechos humanos en Venezuela se produjo un antes y un después en la calificación del gobierno de Maduro. Es ineludible el debate político y la toma de una posición. Maduro tiene su base de sustentación en las alianzas externas y las Fuerzas Armadas.

Es difícil verlo a Maduro como un demócrata. Salieron del país de cinco millones de personas, caso inédito por su número. La mayoría de ellos lo consideran un dictador. Las alianzas regionales bolivarianas son claras: el ALBA (Ortega, Raúl Castro) y las externas: Rusia,China, Irán y Turquía. También están los que no lo apoyan en forma explícita, pero tampoco lo condenan.

Una suerte de diplomacia híbrida que el régimen utiliza a su favor para perdurar en el tiempo. En tanto Argentina y México esgrimen los principios de la la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. Ambos principios deberían actualizarse en un mundo que cambió por la revolución tecnológica.

Los más activos en la defensa del régimen chavista son los cubanos. Cuba festejó sesenta años desde la toma del poder por la Revolución. El invitado más importante fue el Rey de España Felipe VI que pronunció un notable discurso invocando la libertad y la apertura política para la isla. Cuba sigue siendo una terminal político-cultural a la que acuden de muchos dirigentes políticos y sociales latinoamericanos.

La izquierda como actitud política da un manto de impunidad. Entre otras cosas, permite a los dirigentes transformar la corrupción en una lucha ideológica. Así se ha construido un “muro imaginario” donde la libertad es solo una virtud para las “concepciones liberales”. La cláusula democrática no funciona en la CELAC. Fidel sostenía que la democracia era "digitada por los medios de comunicación y el imperialismo”. Así lo sostuvo en Sevilla 92 en una discusión con Violeta Chamorro, presidenta de Nicaragua, donde tuvo que terciar Felipe González poniendo paños fríos. Estando en Brasilia durante el gobierno de Lula un alto funcionario nos decía que cuando quería saber hacia dónde iba Venezuela hablaba primero con los cubanos y luego con los venezolanos. Chávez y Fidel crearon un fuerte lazo político que devino en alianzas regionales, allí sumaron el Caribe donde ejercen influencia y crearon dependencia.

La llegada de Trump cambió sustantivamente la relación de Estados Unidos con la región. Se endurecen todas las posiciones. Las sanciones recientes a la empresa petrolera rusa sirven de ejemplo. También, la fuerte presencia de Odebrecht en Cuba durante el gobierno del PT en obras de infraestructura de distinto tipo. Como también la deuda de Cuba con la Argentina de 4800 millones de dólares. La presencia de Rusia y China en America Latina es cada día más evidente. Esto plantea un desafío a muchos países pero particularmente a la Argentina que debe definir su relación con Estados Unidos.

Por momentos nuestras actitudes son confusas y contradictorias. Un ejemplo es la instalación de una base militar de observación espacial china en Neuquén. La tercera posición que se intenta reinstalar parece más una debilidad que una fortaleza.

El mundo de posguerra ha quedado atrás frente a la realidad y los nuevos actores internacionales. Con Luis Lacalle Pou se completa el ciclo de renovación en la región. Queda pendiente Bolivia. Hay un cambio de ciclo donde se ha instalado la desigualdad y la pobreza como eje político y no se ve por ahora como la industria, la producción y la competitividad reemplacen las las inequidades por crecimiento.

Argentina tuvo de agosto a diciembre pasado un recreo político donde el Frente de Todos se esmeró en disfrutar de los derechos de la victoria electoral y abrió todo tipo de vínculos internacionales que poco tenían que ver con sus necesidades futuras.

Por momentos una diplomacia adolescente, que intenta acercarse a otros países en busca de alternativas de apoyo y al mismo tiempo hace movimientos contrarios al objetivo empeñado. Por ejemplo, luego de presentar las cartas credenciales a Trump, decir que Argentina "no está alineada". Se trata una independencia política sin capacidad de ejercicio. El pragmatismo en muchos casos reemplaza la falta de nuevas ideas.

Argentina tiene un aprendizaje mayor que significa ganar credibilidad y construir confianza. Poco sirve que oficialistas y opositores se acusen. Esa discusión interna es lo que debilita una posición nacional. La combinación de propósitos políticos en lo internacional se neutraliza por despropósitos que luego se llevan acabo en el orden político interno. El Frente para Todos está en un desafío: que debe aceptar lo que no le agrada.

Se sentiría más cómodo en la relación con Brasil con el PT que con Bolsonaro. Solo recordar la presencia personal de Lula en la campaña de Scioli. En relación con Estados Unidos y el FMI y los principales países europeos se debe construir un proceso económico que genere certeza de viabilidad y cumplimiento. Con relación a China y Rusia, hacer lo necesario que ayude a un equilibrio geopolítico y no un desbalance que perjudique los intereses estratégicos de país.

La posición ante la elección del próximo Secretario General dela OEA delineará la relación que la política exterior pretende tener en el hemisferio. Los tiempos corren, los desafíos están a la vista. Veremos si estamos a la altura de las circunstancias.

Publicado en Clarín el 27 de febrero de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/politica-exterior-realismo-dualismo-_0_TrJiKAdn.html