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Opinión 20 08 2020

¿Persuadir o Imponer?


Autor: Juan Carlos Gottifredi









Argentina, nuestra Nación, está atravesando una de las crisis más conmovedoras de su historia. Estamos viviendo un momento extraordinario, pero también podría ofrecernos una oportunidad. Efectivamente deberíamos ser capaces de forjar una gesta  histórica con el fin de convertir a nuestro país en un lugar admirado en el mundo, tal como sucedió en los primeros lustros del siglo pasado.

Estamos dotados de muchísimos recursos naturales, de magnitud insospechada. Los energéticos, fósiles y naturales, para satisfacer un crecimiento sostenido de nuestro desarrollo. Otros como la producción agrícola, ganadera, minera y turística. Pero mucho más que eso. Contamos con personal altamente calificado, especializado para diseñar y ejecutar proyectos innovadores de muy variada complejidad. Se trata de aprovechar esta riqueza para mejorar paulatinamente el progreso de nuestra población incrementando la productividad y el valor agregado de nuestros bienes satisfaciendo el mercado interno y mejorando nuestro perfil exportador.

Para ello necesitamos construir la verdadera unión de los argentinos. No se trata de uniformar nuestra manera de pensar ni de obligarnos a formar parte de algún bando. Por el contrario, necesitamos ciudadanos libres capacitados para pensar por cuenta propia. Todo dentro del mayor espacio posible de disenso y de respeto para conjugar nuestras ideas en proyectos orientados al servicio del bien común.   

Hoy estamos enfrentando, de la mejor manera posible, una pandemia que nos obliga protegernos solidariamente. Es un ataque cuya actividad parece no tener fin. Se han interrumpido muchas actividades esenciales que nos causarán retrasos en la ejecución de proyectos individuales y colectivos.

También hemos notado que ni bien comenzaron los problemas, oficialismo y oposición, establecieron mecanismos de diálogo y consulta para la atención de demandas urgentes en todos los niveles de gobierno. Esta metodología debe continuar hasta convertirla en habitual. Frente a tantas malas noticias se podría pensar que esta manera de gobernar en base al consenso podría recuperar la esperanza colectiva de un futuro sin grietas.  

Vale la pena recordar que una de las mayores enseñanzas del siglo XX, para la humanidad, es la demostración muy clara que el efecto de la confrontación violenta es mucho peor que la lenta construcción, paciente y pacífica, del estado de bienestar. La beligerancia no beneficia a ningún pueblo. La cooperación es la mejor herramienta para ayudar al crecimiento solidario y el bienestar de los pueblos.

Es un deber, en estos momentos tan críticos, que oficialismo y oposición sostengan un diálogo constructivo frecuente para dar fuerza y seguridad a cada ciudadano que el Estado atenderá sus demandas.  Sin embargo, el gobierno  ha comenzado a elaborar, en solitario, iniciativas en otras áreas. De esa manera crece la desconfianza y fomenta el sostenimiento de la grieta contrariando una importante promesa electoral.

Pero llegó la hora de no malgastar energías.  Debemos recuperar el valioso tiempo perdido y comenzar a diseñar, cuanto antes, un plan integral de corto, mediano  y largo plazo que nos contenga eliminando las divisiones facciosas. Que atienda  las demandas sociales y las oportunidades,  fije objetivos y prioridades, reglas de juego y procedimientos. Que mantenga viva la esperanza y la confianza de un futuro  promisorio posible. Cuyo fin es sostener un bienestar creciente de todos los ciudadanos. Es muy penoso escuchar, de parte de algunos compatriotas,  que la solución de sus problemas es la emigración hacia otros países.

Entre los ciudadanos se formula la  pregunta ¿Cuánto falta para volver a la normalidad? Pero,  ¿Qué normalidad? La que está afectando la libertad individual del cuentapropista, del trabajador autónomo, del comerciante y sus empleados. De los profesionales que no puede ejercer su protocolo de trabajo. En definitiva ¿La que estaba vigente antes de la pandemia? Es probable que no sea posible. Tendremos que recorrer un largo trecho. Pero allí también reside la oportunidad para aprovechar. En efecto podemos aprovechar y comenzar a construir otra normalidad que nos contenga a todos.

Tendremos que recordarles a quienes gobiernan. No los votamos para recibir órdenes de su parte. No más decisiones inconsultas. Basta de fijar y cambiar a su antojo criterios y metodologías. Antes será imprescindible que los propios ejecutores  sean consultados e instruidos. No se debe seguir perdiendo tiempo, malgastando nuestras pocas energías tratando de imponer, con inusitada premura, modificaciones estructurales. Propuestas frívolas y costosas, en beneficio de unos pocos, deberán postergarse. El costo debe ser conocido así como la fuente de financiamiento.

En cambio ya deberíamos estar formulando propuestas desde una mirada multifacética e interdisciplinaria que, incluso con rigurosidad científica,  mejoren la calidad de vida de vastos sectores de la población, sobre todo la perteneciente a sectores más postergados. Es preciso que la naturaleza de cada  problema sea bien definida, identificando sus causas, carencias y  propuesta superadora con los beneficios esperados. Explicitar la metodología de evaluación y el orden  de magnitud de su financiamiento a lo largo del tiempo. Esta es una acción colectiva que debe ser elaborada entre todos. Desde luego, permitiendo que las propuestas aceptadas como las rechazadas sean ampliamente conocidas. Basta de utilizar la solución única como fundamento para la toma de decisiones. En todo caso habrá que referenciarse como la mejor de entre las formuladas. De igual manera dejar espacios para pruebas piloto atendiendo que, según el lugar y las circunstancias, pueden aplicarse soluciones diferentes para resolver un mismo problema.

Debemos conjugar el verbo persuadir antes que imponer. ¿De qué sirve haber movilizado recursos y energías para desmerecer a quienes piensan distinto, incluso descalificándonos unos a otros según la conveniencia? En lugar de discutir las bondades y defectos de una propuesta preferimos la descalificación del adversario. Más aun, parecería que el objetivo es convertirlo en un enemigo que debería ser eliminado. La respuesta será seguramente la misma desde la otra parte. Acción y reacción. En definitiva la perjudica será toda la sociedad. Terminado un ciclo de gobierno se vuelve a empezar desde los cimientos con otro estilo. Todo lo que se construye sobre la base del odio y la venganza, tarde o temprano, se desmorona con el resentimiento. Así nuestra historia se convierte en un círculo perverso donde  predomina la victoria pírrica.

En el momento actual tenemos decenas de problemas económicos, sociales y políticos.  Es imperativo construir juntos un plan de mediano y largo plazo que se asegure su cumplimiento sin importar quién gobierne.

El futuro es urgente. Un futuro que necesita demostraciones claras de parte de quienes gobiernan, oficialismo y oposición. La vocación primordial es servir a todos los ciudadanos que padecen las injusticias. Aun aquellas generadas desde el propio Estado. No se debe gobernar en beneficio de uno u otro partido, grupo  gobernante o corporación. Mucho menos para disfrutar del poder y el beneficio  personal.

Nuestro principal desafío es como construir un futuro más justo para nuestros ciudadanos. Ello implica incrementar las oportunidades para que los sectores sociales más vulnerables puedan abandonar la situación de pobreza y miseria en que actualmente se encuentran. No podemos  soportar esta verdadera inmoralidad. Los métodos adoptados hasta el presente ya demostraron que no permiten alcanzar este objetivo. Ya han sido mayoritariamente criticados y hasta causantes de corrupción.

La respuesta no será sencilla. Requiere de un gran trabajo creativo. Así es como surge la primera posibilidad de trabajo conjunto entre quienes tienen responsabilidades: de gobierno, líderes políticos y sociales y con el asesoramiento de científicos. No tenemos tiempo para esperar que el COVID 19 desaparezca. El número de conciudadanos sumergidos continúa aumentando. Y su dignidad casi siempre ultrajada.

El CONICET había ya lanzado una convocatoria, en las primeras etapas de esta gestión, relacionada con el problema nutricional. Podría ampliarse para abarcar todo el espectro  de las demandas sociales. Puede ser un buen punto de apoyo para los funcionarios que deben tomar decisiones para corregir esta lamentable situación. De esta manera, nuestros investigadores científicos, se sentirán motivados para desarrollar   metodologías innovadoras  y para evitar costosas desviaciones que impidan atender con eficiencia las demandas sociales.

De igual manera existen una cantidad muy grande de problemas que pueden ser mejor resueltos con la ayuda de científicos y especialistas de universidades y de instituciones científicas o profesionales. Fomentar el debate para mejorar el diseño de objetivos, planes y metas en un contexto donde es preciso administrar la escasez. Sería de gran valor, contar con el asesoramiento de gabinetes de especialistas para escuchar críticas,  debilidades, alternativas y  oportunidades sobre iniciativas del oficialismo o de la oposición. De igual manera se debe pensar en la creación de foros para evaluar y corregir el rumbo de cada proyecto de mediano y largo plazo.

Sucintamente reducir, año tras año, la desigualdad social con responsabilidad. En todas sus dimensiones. Incluyendo la provisión de servicios y medio ambiente. Sigue, obviamente,  la financiación del Estado  transparentando su gestión para que el ciudadano pueda evaluar si su  aporte es bien utilizado. Acordar el sistema de coparticipación federal de ingresos públicos para fomentar el desarrollo de los estados provinciales y revertir la emigración interna. Programa de creación de nuevas oportunidades de trabajo. Mejorar la calidad educativa y de salud. Asegurar un buen servicio de seguridad que permita castigar el delito. Administración de justicia en cortos tiempos. Valorizar el ahorro de cada ciudadano frente al capitalismo financiero especulativo. Recrear la confianza en nuestras instituciones y en nuestra moneda. El control y la remediación del medio ambiente. Prevención de catástrofes que provocan pérdidas humanas y arruinan nuestros recursos.

El requisito fundamental es que la dirigencia política, sindical, empresaria sean digna de gozar la confianza y la credibilidad de nuestros compatriotas. Debe predominar la tolerancia, el respeto y la honradez.

Pero es preciso advertir que, dentro un sector del oficialismo se está gestando un proyecto “revolucionario” que en poco tiempo se hará explícito. Ya anunció la necesidad de reformar esta Constitución. Se trata de conformar un Estado omnipotente encabezado por un líder carismático que gozará de facultades extraordinarias. Administrará el poder supremo mientras que los demás poderes deberán ejecutar y legalizar sus decisiones.

En la medida que este proyecto avance aumentarán las desigualdades, bronca e indignación. Se igualará hacia abajo desapareciendo la clase media. Imperará el miedo y la persecución a opositores. Es un fenómeno global pero ya  funcional en nuestra región. Tenemos  que comprender que revolución no es compatible con democracia. La suma del poder, la impunidad y la corrupción no pueden coexistir con la organización republicana. No es una exageración, basta mirar los conflictos y desesperación de los pueblos del mundo, que engañados. tomaron este camino.

Existe otro recorrido posible Como nos enseñó  el padre de esta nueva Democracia. Caminemos en unión y libertad, cada uno con su bandera y su autonomía, pero en la dirección que obliga el cumplimiento de las metas establecidas en el preámbulo de nuestra Constitución Nacional. La tarea será: Modernizar el Estado, logrando que cada institución cumpla acabadamente con sus fines y sea respetada por la ciudadanía. Educar, no sólo instruir, para formar ciudadanos emancipados de la ignorancia con lo que llegamos al mundo y de los prejuicios inculcados en nuestra vida. Suscitar una cultura ética y solidaria para fomentar la participación de todas las mujeres y de los hombres de buena voluntad en la construcción de nuestra anhelada Patria y con disposición a denunciar, en voz alta sin miedo, los errores, las desviaciones y la corrupción. Este es el futuro que mereceremos los argentinos. Eventualmente, con necesidades, pero libres para elegir nuestro destino aunque sea una labor lenta y paciente.