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Opinión 28 10 2020

¿Otra vez un país a la deriva?


Autor: Liliana De Riz









Estamos una vez más a la deriva, como decía Adolfo Canitrot a propósito de la crisis de 2001: “Argentina es una carabela en alta mar”. Una vez más se achaca la desgracia a la herencia del gobierno anterior. Una vez más dejamos de ser la el ejemplo del éxito, para convertirnos en la ejemplaridad del fracaso. Triunfalismos apresurados, sin bases sólidas e impostura, a tal punto que nos han excluido de la base de datos del Covid19, @ourworldinData .

Y mientras tanto, los argentinos asistimos perplejos al espectáculo que ofrece la política hoy, un espectáculo en el que la criminalidad misma se disfraza de política. La OA ya no ejercerá el rol para el que fue creada, de querellante en las causas de corrupción contra funcionarios.

Se aduce que no tiene presupuesto suficiente. Recordando a Woody Allen, “robó, no huyó y no lo pescaron” sería el título de la versión argentina de esa película. Un nuevo organismo denominado NODIO, para el que existe presupuesto, se dedicará a monitorear a los medios, atropellando sin empacho el derecho a la libertad de expresión.

No vaya a ser que haya periodistas que se atrevan a denunciar a políticos. El caso Santoro no deja lugar a dudas sobre las intenciones de este gobierno de liquidar al periodismo de investigación.

Con una Justicia militante que se autodefine como legítima, la impunidad se abre camino al compás de derribar jueces que no sean amigos del poder. Hoy, la usurpación se confunde con la revolución que proclama Juan Grabois, dedicado a fundar un orden bucólico de agricultores autosuficientes en tierras de otros.

Vale la pena en estos días , traer a colación un artículo de Claudio Magris, “La ley y los valores humanos. Los poetas y los legisladores” (publicado por La Nación, 12/3/2006) sobre cuya pertinencia para comprender la lógica de decisiones que desconocen el derecho no le quedarán dudas al lector.

En ese texto, Magris nos dice que el gobierno de las leyes es con frecuencia contrapuesto al gobierno de los sentimientos -la pietas de Antígona contra la auctoritas de Creonte-, o cuestionado en nombre de postulados absolutos como lo son los derechos humanos. Durante la República de Weimar, nos recuerda, “eran los demócratas quienes apelaban a las leyes positivas que castigaban la violencia antisemita, mientras que juristas e intelectuales filonazis sostenían que esas mismas leyes no correspondían al sentir arraigado en el pueblo alemán y, por lo tanto, a su derecho profundo, y que por eso eran abstractas. Durante el nazismo, los que apelaban a las «leyes no escritas de los dioses» contra las positivas leyes raciales y liberticidas del régimen eran los opositores al nazismo”.

Un código civil unitario y unificador, apto para hacer a todos los ciudadanos iguales ante la ley, no diferencia entre ciudadanos sin tierra propia y ciudadanos propietarios de tierras, como establece el doble rasero del señor Grabois. Pero ese código es condición necesaria para la tutela democrática de los derechos de todos.

Las motivaciones que empujan a cometer un delito dice Magris, no pueden impedir la acción de la Justicia, porque “quien apela a las motivaciones inefables del ánimo para desenfocar la gravedad de esos delitos entiende aún menos a las personas que los cometen”. En democracia, los derechos humanos se defienden con la Justicia.

Sin metas que den sentido a las penurias cotidianas de los argentinos, en medio de la profusión de tomas de tierras, la estampida del dólar la cuarentena sine die, Cristina Kirchner rompió el silencio.

Su carta en las redes es otro episodio más de la zaga inaugurada hace una década, cuando la viudez la instauró como sucesora en el poder. No vacila en alabar a su gobierno contra toda evidencia empírica, como tampoco en achacar a la gestión de Macri, amplificada por la pandemia, el pandemonium actual.

Admite que hoy hay “funcionarios que no funcionan”, que los empresarios conservan cerriles prejuicios antiperonistas y que la Justicia la persiguió en flagrante lawfare. No se priva de aclararnos que en este sistema presidencialista, es el presidente quien gobierna- por lo tanto, no hay que atribuirle a ella los errores de su delfín.

Ésta es una economía bimonetaria, nos dice - lejos quedó el recuerdo del jubilado a quien fustigaba por la compra de diez dólares para su nieto cuando presidía el país- y se trata de un problema estructural que requiere un gran acuerdo de los todos los sectores.

Nos aclara que no viene a tronar el escarmiento, viene en prenda de paz. Y sin embargo, cuando era presidente, no dudó en compararse con Dios... ¿habrá que temerle un poquito?

Otra vez el teatro de la ilusión y su prestidigitadora mayor. Los ricos, la Justicia, los medios, son los enemigos del pueblo al que ella protege. Y allí está para recordárnoslo y hacer tronar su voz en el silencio. Y la figura de Néstor en bronce, ahora en el Centro Cultural Kirchner, ese palacio al que su padre, un empleado del correo, lo llevaba cuando era chico. Homenaje en el décimo aniversario de su muerte.

Como discípula de Ernesto Laclau, hace gala de haber aprendido la lección de su maestro y de saber cómo pavimentar el camino de la ansiada hegemonía del movimiento que se adjudica la representación exclusiva del pueblo. No cabe duda que ha aprendido la lección.

Publicado en Clarín el 28 de octubre de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/-vez-pais-deriva-_0_synqXavHE.html