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06 03 2021

Martín D'Alessandro: "Si la radicalización del gobierno es definitiva, hay una oportunidad para la oposición"


Autor: Esteban Lo Presti









Sobre los últimos acontecimientos políticos, el incremento de los ataques y la radicalización del gobierno y el rol de la oposición, hablamos con Martín D'Alessandro. Como plus, el presidente de la SAAP nos cuenta sobre la organización del Congreso Internacional de Ciencia Política en Argentina en 2023.

Alberto Fernández dejó atrás la supuesta moderación que algunos analistas le habían pronosticado durante la campaña. ¿Cuáles son las causas de este giro tan pronunciado en el primer año de su gobierno?

El giro es pronunciado respecto de la campaña y del discurso del año anterior, pero no lo es respecto de las acciones y las actitudes que el gobierno fue adoptando en la segunda mitad de 2020. En ese sentido, el discurso es un alineamiento de las palabras con los hechos, un sinceramiento. La pregunta sobre las causas de un discurso tan agresivo es más difícil. De hecho, uno de los principales problemas políticos del Presidente es que es muy poco creíble tanto para Cristina y para La Cámpora, como para gran parte del peronismo, y ni hablar del resto de la sociedad. Y dada la actual imposibilidad (impuesta o voluntaria) del albertismo u otro programa alternativo, quizás se haya tratado de un nuevo eslabón en la modesta estrategia de sobrevivir.

¿Entonces a quién le habló el Presidente, a Cristina, a la sociedad en su conjunto?

A la sociedad entendida en un sentido amplio (la opinión pública) definitivamente no. Para ese público fue un discurso expulsivo y excluyente. El único referente concreto de la unidad nacional a la que hizo referencia fue el Consejo Económico y Social, que es básicamente una mesa de corporaciones. En mi opinión, no fue un discurso de avance para ganar posiciones nuevas en un espectro más amplio, sino uno de repliegue, para conservar los activos que tiene, que no son pocos: zambullirse del todo en la grieta le hace más costosa la separación a los peronistas dudosos, porque es muy difícil irse al bando de lo que se define (en el relato oficial) como el neoliberalismo, los poderes concentrados, el odio, la injusticia, la inmoralidad, la corrupción, el lawfare, la dictadura, etc., etc. Habrá que ver cuánto de lo anunciado se materializa efectivamente, pero quizás esa debilidad y ese repliegue impliquen un peligro democrático todavía mayor.

¿Por qué?

Porque al no estar en el control de la situación, y con incertidumbres (sobre todo económicas y judiciales) crecientes, el riesgo de una sobreactuación autoritaria puede ser mayor. De por sí, el kirchnerismo no tiene un gran compromiso intrínseco con la democracia (al menos con la democracia realmente existente), y es bastante intransigente en sus posturas (en el sentido de que está muy convencido de la superioridad de sus diagnósticos y de la necesidad de no contemplar ninguna postura que implique revisar las propias). Sobre esa base, un cóctel de desorientación, encierro, ausencia de convicciones y falta de un horizonte promisorio, podría llegar a ser catastrófico para la democracia.

¿Y la oposición puede hacer algo para evitar esa catástrofe?

La oposición está frente a un viejo dilema: ¿qué se hace cuando la mayor fuerza política del país da señales creíbles de que privilegia sus propios objetivos por sobre las reglas de juego de la democracia?, ¿hay que confrontar fuertemente y denunciar los abusos apelando a los principios amenazados, o hay que tratar de moderar al adversario a través de conversaciones responsables que aminoren el riesgo democrático? Las dos cosas son elementos constitutivos de la buena política; lo difícil es encontrar las proporciones adecuadas. Es una delgada cornisa entre dos peligros: por un lado, contribuir a la debacle general pero con la frente bien alta (y quizás alguna ventaja de corto plazo) y por el otro, perder gravitación frente a los que gritan. Ahora bien, para ir resolviendo el problema la actual oposición puede apelar a la experiencia del pasado. Cuando se enojó y sucumbió a los cantos de sirena de la polarización política, pasaron dos cosas: o la democracia se quebró, o bien la polarización resultó muy perjudicial para su propio proyecto reformista. Hoy el peronismo está repitiendo la historia una vez más, y si la oposición no logra aprender del pasado y asumir el gran desafío histórico que tiene delante, entonces la catástrofe será inconmensurable.

¿Creés que tiene alguna oportunidad de lograrlo?

La oportunidad que tiene la oposición es poder jugar de nuevo el mismo partido. Si el gobierno se recuesta en el mismo viejo manual, con las mismas políticas, el mismo discurso y con los mismos nombres, entonces se refuerzan los motivos para que la oposición se mantenga unida, renueve sus liderazgos, tenga una estrategia electoral bien diseñada y empiece ya mismo a elaborar horizontes deseables fundados y planes de gobierno consistentes. La oposición (me refiero fundamentalmente a Juntos por el cambio) a mi criterio debería aprovechar la experiencia de la historia antigua y reciente, y darse cuenta rápidamente de que se le está presentando nuevamente un escenario que bien administrado puede ser muy favorable no solo para ganar sino para poder hacer las cosas bien. De lo contrario, sería como si Bill Murray en la película “El día de la marmota” no aprovechara que el tiempo se repite y no hiciera nada para romper la maldición que le hace vivir el mismo día decadente una y otra vez.

¿Hay posibilidades reales de que el gobierno avance en un plan de suspensión de las PASO? ¿A qué fuerza perjudicaría más eso, a la oposición o al gobierno?

Creo que lamentablemente sí hay posibilidades. El control del Estado ordena (o supuestamente ordena) la política de cualquier oficialismo, por lo que las disputas internas tienen menos probabilidades de emerger allí, por lo que las PASO resultan menos atractivas para ellos. El gobierno de Macri también coqueteó con la idea de suspenderlas. A la oposición, en cambio, las PASO le sirven más porque le cubre los costos de organizar sus propias internas. En mi opinión, las PASO no han sido muy útiles ni han logrado sus objetivos ni siquiera en grados aceptables. Y una oposición que pretende gobernar el país debería tener la capacidad organizativa suficiente como para administrar electoralmente, y en el momento que quiera, sus propias disputas internas. Ahora bien, dicho todo esto, suspenderlas a esta altura sería una desprolijidad que aumentaría bastante la desconfianza hacia el gobierno. El razonamiento latente es el siguiente: si toquetean las PASO faltando pocos meses apelando a cualquier excusa, ¿no serían capaces de manipular también las elecciones generales, de diseñar algún tipo de fraude para no ser derrotados —dado que la derrota significa la cárcel para muchos de ellos—? Hasta ahora esta sospecha siempre fue disipada en la Argentina. Pero la política siempre es impredecible.

¿Qué tema va a influir más en la campaña, el manejo de la pandemia, con el vacunagate incluido, o la economía?

Probablemente en la campaña ocurra lo que estamos acostumbrados a ver: el oficialismo y la oposición hablando de los temas que los favorecen. En las campañas tampoco hay diálogo, ni escucha, ni verdadero debate. No es algo exclusivo de la Argentina, pero en un escenario de polarización, al votante medio (que no tiene un compromiso o una convicción electoral previa) se le hace muy difícil tomar una decisión, porque no hay contenidos nuevos sino acusaciones cruzadas que ya lo desilusionan más de la cuenta. Es terreno muy fértil para la antipolítica. Si la radicalización del gobierno es definitiva, allí hay una oportunidad para la oposición. Si la radicalización escala a otros actores, entonces la democracia entra en zona de riesgo.

Dado que estoy hablando con el presidente de la SAAP, quiero cambiar de tema e ir a la agenda politológica de los próximos dos años. ¿Qué podés contarnos sobre el congreso mundial de ciencia política que se hará en Argentina en 2023?

La Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) está afiliada a la International Political Science Association (IPSA), que se fundó en 1949 a instancias de la UNESCO, que buscaba la creación de una asociación mundial de ciencia política con el objeto de estudiar y ayudar globalmente a reformar las instituciones que habían llevado al desastre de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1950 viene organizando congresos mundiales de ciencia política que son una referencia global en el estudio científico de la política. A nivel global, últimamente los temas preponderantes están ligados a la calidad de la democracia y al auge de los populismos. La Argentina ya fue sede de este congreso una vez, en 1991, y significó un hito para la historia y un impulso para el desarrollo de la disciplina en el país. Hemos vuelto a ganar la postulación, y esperamos que en 2023 los temas que los especialistas de todo el mundo discutan aquí sean de utilidad no solo para los politólogos sino también para los políticos, tan necesitados como están de guías conceptuales y empíricas que los ayuden a levantar la mirada y aspirar a más.