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26 07 2020

Martín D'Alessandro: "Cuando las tensiones en el peronismo son fuertes se trasladan al resto de la sociedad"


Autor: Esteban Lo Presti









El destacado politólogo Martín D'Alessandro analiza el escenario político actual y los movimientos internos del gobierno en medio de las tensiones entre los sectores kirchneristas.


En las últimas semanas se intensificaron los problemas internos del gobierno nacional, básicamente se notó una crítica solapada del kirchnerismo duro hacia un gabinete con falta de rodaje o débil para hacer frente a esta etapa política. ¿Creés que hay una estrategia de la vicepresidente en este sentido o es parte de la natural conflictividad a la que el peronismo somete a la sociedad?

Es difícil saber con certeza si Cristina Kirchner tiene una estrategia destituyente, pero es bastante evidente que las tensiones vienen creciendo, al menos hasta ahora. Como sabemos, cuando las tensiones en el peronismo han sido fuertes, se han trasladado al resto de la sociedad y han generado inestabilidades políticas importantes. No es que los sectores políticos no peronistas no hayan tenido tensiones, no las tengan o no las vayan a tener, pero la historia del peronismo ha mostrado enfrentamientos internos muy polarizados y muy violentos. Es por eso que, a pesar de que ha tenido también disputas civilizadas con resoluciones electorales y pacíficas, las disputas del peronismo, cuando empiezan a subir los decibeles, todavía siguen prendiendo luces de alarma. Con este plafón de fondo, es cierto que en las últimas semanas el Presidente recibió mucho fuego amigo. Pero en mi opinión, esos mensajes no ponen en evidencia una interna, ni tampoco una voluntad emancipatoria del Presidente, sino signos de advertencia, de ajuste, de parte de Cristina. Algo así como “si no te apartás de lo que sabés que espero de vos, no habrá ningún problema, pero por ejemplo, si festejás el 9 de julio con grandes empresarios y a mí ni siquiera me invitás, entonces voy a reaccionar”. Creo que esta interpretación es más lógica, más esperable, y por lo tanto más probable que otras. Por ejemplo, me parecen menos probables los escenarios que suponen que la mayor moderación de Alberto irá cosechando apoyos decisivos en el interior del peronismo, o que se creará un albertismo que finalmente confronte con Cristina, o bien que Cristina está traicionando un acuerdo previo entre unas partes iguales que conformaron una “coalición”.

En este contexto el Presidente ha dicho que descree de "la planificación", justo en medio de lo que se anunció reiteradamente como oferta final con los acreedores. ¿Hay inexperiencia o confusión en estas declaraciones que ponen al liderazgo presidencial en una situación de debilidad?

El presidente ya nació débil, porque es producto de un “dedazo” de Cristina, de su voluntad exclusiva, de su caudal electoral y de la enorme potencia de su liderazgo. Y a diferencia de otros dedazos en la historia del kirchnerismo, hoy para Cristina sería muy fácil desestabilizar a Alberto y volver a la presidencia. Y cuando uno es débil, los errores y los vaivenes se notan más, y debilitan más. Pero yendo al fondo del asunto, no me parece que sea para escandalizarse que haya dicho eso. Al fin y al cabo, en materia económica, desde la administración Menem que la Argentina no tiene un plan, ni un modelo, en el sentido de una estrategia a nivel macro que le dé sentido y coherencia a un conjunto amplio de políticas públicas con cierta estabilidad en el tiempo. A mí en lo personal no me gustaba ese modelo, ni jamás lo defendí. Pero era un modelo que tenía una coherencia interna, una claridad conceptual, un clima global acorde, una sólida fundamentación teórica y una “intelligentsia” que lo implementaba. Después de eso, el país solo ha tenido reacciones espasmódicas en diferentes áreas de políticas y de la vida social (incluidas catástrofes económicas, booms de consumo, de autoestima, etc.), pero no una estrategia de desarrollo capitalista sustentable. Los fuertes liderazgos del kirchnerismo con sus múltiples iniciativas obturaron esa carencia, que en cambio fue evidente con De la Rúa, con Macri y hasta ahora con Alberto Fernández.

Son fuertes los rumores de cambios de gabinete. ¿Es recomendable hacer una renovación en esta coyuntura general crítica? ¿Quién saldría fortalecido, el Presidente o los sectores kirchneristas?

Los cambios en el gabinete pueden despertar expectativas y producir mejoras cuando las cosas no están saliendo como se esperaba. Y los presidentes que no se dan cuenta de ello, como Macri, pueden terminar pagando demasiado caro la lealtad hacia sus ministros. Quizá Macri veía que las cosas sí estaban saliendo como él esperaba, pero eso ya es pasado remoto. A mi manera de ver, el presidente Fernández ahora tiene una oportunidad para efectivamente relanzar su administración (si elige bien, por supuesto) pero no está enfrentado ni desea tensionar con Cristina o con los sectores kirchneristas en lo que hace al gabinete o a cualquier otro espacio de poder. Por eso no creo que tenga mucho interés analítico la especulación de quién de los dos saldría fortalecido, porque más allá de algunos recursos de estilo, no veo que haya en realidad dos sectores políticos diferenciables en lo conceptual. Siguiendo con ese mismo argumento, lo mejor que podrían hacer ambos es fortalecer al gobierno como un todo y bajar la exposición pública de las fricciones internas. Desde ya que cancelar todas las tensiones es imposible en este gobierno y en cualquier otro, pero ellos sí podrían renovar el gabinete buscando un balance entre las exigencias político partidarias y la comodidad del Presidente para gestionar. Todo este razonamiento tiene sentido, claro está, siempre y cuando Cristina no tenga un plan destituyente. Eso sería muy riesgoso para todos, porque una crisis política en el actual contexto económico doméstico y global, no creo que vaya a ayudar mucho al país.

Hasta el momento, a riesgo de perder plafón propio, la oposición se movió con grandes dosis de responsabilidad, acompañando sobre todo lo que hace a la situación de pandemia y las medidas generales que se tomaron. Pero es probable que, acompañados de un repunte en las encuestas, empiecen a marcar las diferencias (como ya lo están haciendo) con más rigurosidad. ¿Es una estrategia viable?

No solo es una estrategia viable sino una necesidad. La oposición no solo tiene que representar a sus representados, que esperablemente tienen muchos desacuerdos con el gobierno, sino que tiene que mostrarle al conjunto de la sociedad que está construyendo una alternativa nueva. Es cierto que tuvo su oportunidad y en muchos aspectos falló. Pero justamente por eso debería ofrecer algo distinto tanto en la sustancia como en la forma: debería hacer críticas severas pero fundadas, no sobreactuar, renovar sus dirigencias de manera adulta, elaborar propuestas que formen parte de una estrategia, y ser capaces de decirle a la ciudadanía qué país buscan, con qué recursos, con qué Estado y con qué prioridades. No es algo que se haya ensayado mucho en nuestra historia, pero debería poder hacerlo. En mi opinión, este país está pidiendo a gritos que le hablen en serio y poder elegir entre proyectos razonables.

¿Hay posibilidades de diálogo serio entre el gobierno y la oposición, siendo que desde los sectores más duros del kirchnerismo se avanza en cada oportunidad sobre una agenda populista extrema?

La Argentina está experimentando una polarización política muy nociva y muy peligrosa para la democracia. La doble vara y la desacreditación del otro ganan espacio: prácticamente todos los días alguien sensato cae en la trampa de la intolerancia, y hasta del insulto. Esto sucede en las redes sociales más que en otros espacios, y los medios masivos consumen esa droga que los degrada también a ellos. Si este contexto no cambia, la polarización va a terminar devorándose todo diálogo posible, y por supuesto, un diálogo entre el gobierno y la oposición para lograr las reformas que este país necesita sería inverosímil. Y ya hemos visto muchas veces que un sector solo no puede llevarlas adelante con legitimidad.

Por otro lado, es cierto que el kirchnerismo es responsable de esto porque empuja los límites de su agenda hasta el punto en que solo la movilización social (no la política ni el marco institucional) puede ponerle límites. Siempre ha actuado de esa forma. Pero en mi opinión no es el único responsable, porque la inviabilidad de los acuerdos en la Argentina es anterior, y más amplia: casi todos los gobiernos han tendido a encerrarse (el de Alfonsín y el de Duhalde fueron excepciones en este sentido), y obviamente esto redujo su propio capital político, la amplitud de sus criterios, y en consecuencia, su capacidad de acción. Tampoco nadie le creyó a Macri cuando en mayo de 2019 sugirió la posibilidad de la firma de un acuerdo entre diferentes actores políticos y sociales del país. Y lógicamente, las cosas siempre han tendido a empeorar.

Como politólogo, ¿cuál es tu mirada sobre la salida hacia la nueva normalidad? ¿Cuáles serán las demandas sociales más fuertes?

Realmente no sé si habrá una nueva normalidad, o cómo será. Me dan envidia los que ya saben cómo va a ser el futuro. Lo que sí me resulta evidente es que el mundo está en una crisis gigantesca, y que tiene pocas ideas y pocos liderazgos responsables para afrontarla. Nosotros entramos a esa crisis en condiciones que ya eran malísimas, y por todo lo que hemos conversado hasta ahora, las perspectivas no me parecen muy alentadoras. Probablemente, ante semejantes niveles de miedo e incertidumbre, las demandas sociales sean de mayor protección (sanitaria, laboral, económica, de asistencia social, etc.), y probablemente no todos los sistemas políticos tengan los recursos necesarios (visión, liderazgo, financiamiento, capacidades estatales, etc.) para responder a esas demandas. Si esto es así, creo que las democracias del mundo, que ya bastante golpeadas estaban antes del coronavirus, tendrán que maximizar su inteligencia, su capacidad de innovación y sus mejores recursos humanos si quieren sobrevivir.