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Opinión 16 03 2020

Los efectos políticos del coronavirus


Autor: Francisco de Santibañes









 Los efectos económicos y sanitarios del coronavirus son conocidos. El virus ha infectado a por lo menos 140.000 personas en más de 60 países y le ha causado la muerte de aproximadamente 5.000 individuos. Si bien la tasa de mortalidad es baja, las restricciones impuestas al contacto humano, que tiende a propagar el virus, han llevado a que miles fábricas y colegios sean cerrados en países como China, Italia e Irán. La disminución en el comercio y en la cantidad de pasajeros también ha sido notable, y ha llevado a que bajen los niveles de actividad económica. La OCDE estima que si el coronaviurs continúa expandiéndose con fuerza, la tasa de crecimiento de la economía mundial podría disminuir a la mitad de lo que el organismo tenía estimado para el 2020 (de un 2,9% a un 1,5%).

Pero también vale la pena preguntarse cuáles serán los efectos políticos del coronavirus, efectos que podrían incluso tener una influencia más profunda y duradera de los ya mencionados. Luego de haber hablado con varios analistas creo que la respuesta a esta pregunta dependerá, en gran medida, del tipo de narrativa que se imponga. Y existen dos grandes narrativas.

La primera sostiene que los daños causados por el virus se deben a la falta de líderes capacitados para gobernar. Según este argumento, Donald Trump, Boris Johnson, Recep Erdogan y Vladimir Putin, por mencionar tan sólo algunos ejemplos, no fueron capaces de manejar sus Estados de manera eficiente a la hora de enfrentar la enfermedad. Las sociedades deberían por lo tanto rescatar al tipo de políticos y tecnócratas que tuvieron en el pasado, aquellos miembros de las élites que luego de la caída del Muro de Berlín impulsaron la globalización y delegaron en los organismos internacionales numerosas responsabilidades.

Como ya he mencionado en otras columnas, estos políticos han sido duramente cuestionados por una nueva camada de líderes conservadores que los acusan por haber ignorado los valores e intereses de su población. A su cosmopolitismo y tecnicismo, le contraponen la búsqueda de una relación más directa entre el líder y la población, debilitando en el proceso a las instituciones liberales y republicanas. Debido a su mayor nacionalismo, los conservadores populares también han impuesto restricciones a la inmigración y han buscado debilitar a las organizaciones internacionales.

Pero si estos gobiernos conservadores fracasan, los liberales progresistas tendrán una oportunidad. Las sociedades podrían optar por volver a contar con gobiernos que quieran combatir los problemas globales, como lo es la expansión de un virus a través de las fronteras, mediante soluciones globales. Mayores recursos y responsabilidades serían entonces brindados a la Organización Mundial de la Salud, mientras que también podría fomentarse la colaboración entre los Estados para combatir la expansión de las pandemias. Este tipo de narrativa ayudaría enormemente a alguien como John Biden, probable rival de Trump en las elecciones de Estados Unidos.

Pero la otra narrativa posible es la nacionalista. También podría suceder que el imaginario popular comience a asociar al virus con los peligros que implica la libre migración de personas. De hecho, la derecha nacionalista en Europa ya ha comenzado a utilizar este tipo de discurso. Marine Le Pen en Francia ha pedido que se cierren las fonteras con Italia para evitar la propagación del coronavirus mientras que Matteo Salvini aprovechó la crisis para pedirle la renuncia del primer ministro italiano Giuseppe Conte. Al permitir el ingreso de un barco con refugiados africanos, el gobierno italiano habría demostrado, según Salvini, que ya no defiende a “Italia y los italianos”. Si este tipo de discurso termina ganando fuerza, podría producirse un rechazo a lo extranjero, a todo aquello que atenta contra la “pureza nacional”.

Según el profesor de Oxford Ian Goldin, si bien la globalización ha ayudado a disminuir la pobreza también ha facilitado la expansión de las pandemias. Y esto se debe a que el rápido crecimiento de las ciudades chinas y la concentración de la industria financiera en unas pocas ciudades, debido a la desregulación del sector, habrían generado las condiciones de hacinamiento y cercanía necesarias para que el coronavirus se propague. Este tipo de argumentos podría brindarle munición a los políticos que se oponen a la versión más ambiciosa de la globalización. En el plano de la política internacional, los prejuicios nacionalistas también podrían alimentar la rivalidad entre Estados Unidos y China.

En definitiva, mientras que la primera de las narrativas promovería una vuelta a posturas liberales progresistas, la segunda consolidaría el crecimiento del conservadurismo popular en el mundo. Pero más allá de estas visiones, lo que ha quedado claro es que los países necesitan contar con capacidades para enfrentar un escenario de crisis (sanitarias, pero también económicas y de seguridad). Quizás esta sea la lección más importante que nos dejará el coronavirus.

Publicado en Infobae el 14 de marzo de 2020.

Link https://www.infobae.com/opinion/2020/03/14/los-efectos-politicos-de-coronavirus/