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Opinión 17 08 2020

Las tres etapas de la coyuntura económica


Autor: Ricardo H. Arriazu









Nuestro país debe enfrentar simultáneamente una grave crisis sanitaria y una difícil situación económica. Mientras no exista una vacuna, el distanciamiento social es el único mecanismo eficaz para detener, o quizá solo demorar, la expansión de la pandemia.

Sin embargo, el distanciamiento destruye las bases de la economía moderna -la especialización y el intercambio-, lo que se refleja en una inmediata paralización de la actividad y la consecuente implosión económica. En el caso particular argentino, esa implosión agrega dificultades a las ya existentes.

Al evaluar la evolución futura de la economía argentina es necesario distinguir claramente tres instancias: lo inmediato, el corto plazo y el mediano plazo.

En lo inmediato los objetivos de la política económica deberían ser los mismos que los de la mayoría de los países: evitar el colapso social y la quiebra masiva de empresas. La prohibición de realizar determinadas actividades económicas dejó sin ingresos a un gran número de personas; en ese contexto el principal objetivo de la política económica debería ser la satisfacción de las necesidades esenciales de esas personas y evitar el colapso institucional del país.

Al mismo tiempo, la pérdida de ingresos de muchas empresas les impide cumplir con sus obligaciones, lo que las arrastra a una situación de insolvencia. Si estas empresas quiebran será difícil reestablecer la producción cuando se solucionen los problemas asociados a la pandemia.

En el caso particular de la Argentina el cumplimiento de estos objetivos se ve dificultado por la falta de reservas y de acceso al crédito, lo que nos obliga a recurrir a la emisión monetaria para financiar el creciente gasto público. Ahora bien, toda esta emisión enfrenta una baja demanda debido a la desconfianza que genera el temor de una pérdida en el valor de la moneda nacional, lo que termina afectando al mercado cambiario y el nivel de precios de la economía.

En este contexto, nuestro país debe agregar un tercer objetivo de cortísimo plazo relacionado con el control de la inflación.

Con una cantidad creciente de casos comprobados de contagios, en parte por menor restricciones o acatamiento al aislamiento, los indicadores económicos comenzaron a mostrar algunas mejoras mes a mes desde el mes de mayo, aunque en niveles claramente inferiores a los del año anterior.

No obstante, no se registraron saqueos ni disturbios

(aunque aumentó el delito) y la inflación se mantuvo relativamente controlada, en niveles muy elevados para los estándares mundiales pero moderados para los niveles argentinos. El crecimiento de los pasivos del BCRA fue cercano al 50 %, siendo esta una importante expansión, aunque inferior a la de Estados Unidos o Europa.

En este sentido, puede decirse que se cumplieron parte de los objetivos de cortísimo plazo, aunque se incrementaron los cierres de empresa y subió la cotización del dólar en los mercados marginales.

Los objetivos de la segunda etapa deberían centrarse en consolidar el rebote de la economía basada en la capacidad ociosa, en reducir el desequilibrio fiscal registrado en la primera etapa, en evitar que la expansión monetaria se traslade a precios y en controlar las presiones sobre las cuentas externas.

Lo esencial en esta etapa es que la recuperación se origine en la reapertura actividades hoy prohibidas y en el incremento del gasto privado (por la suba de los ingresos y por mayor confianza), evitando la tentación de “acelerar” la recuperación mediante el incremento del gasto público.

Esta última receta solo funciona cuando el gasto público reemplaza al gasto privado que disminuyó por desconfianza. Mantener un elevado desequilibrio fiscal asociado a la expansión del gasto público afectará la confianza y disminuirá el gasto privado.

La mejora en la confianza siempre se basa en el convencimiento de los inversores de que no van a ser “estafados” por la acción del gobierno. El acuerdo sobre la reestructuración de la deuda pública con legislación extranjera fue una medida importante en esta dirección, pero

no resultará suficiente si no queda claro cómo hará el Gobierno para cumplir con el resto de sus obligaciones.

La exteriorización del plan financiero del Gobierno con claras señales de las medidas que contribuirán a la restauración de los equilibrios macroeconómicos, es un paso esencial en el proceso de restauración de la confianza. En este contexto, un acuerdo con el FMI podría contribuir, a la vez de lograr financiamiento para los desequilibrios residuales.

Si bien estas medidas son importantes para el “rebote” de la economía, no son suficientes para revertir la decadencia relativa argentina y para reducir la pobreza. De acuerdo a nuestras estimaciones, para reducir la pobreza al 10% en 20 años nuestro país debe duplicar la tasa de crecimiento de los últimos 40 años. Para lograrlo es necesario incrementar la inversión sin deteriorar las cuentas externas y mejorar la productividad.

Para alcanzar este objetivo se necesitan profundas reformas estructurales que mejoren la productividad, que bajen la carga tributaria (sin deteriorar la situación fiscal), que reduzcan el costo financiero (bajando el riesgo país)

y que mejoren la competitividad externa, atacando las causas verdaderas de nuestra falta de competitividad, el llamado “costo argentino”.

La primera etapa ya está terminando, la segunda etapa está en sus inicios pero debemos asegurarnos que se consolide. Sobre la tercera etapa se discute muy poco, y es la que realmente importa.

Publicado en Clarín el 16 de agosto de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/etapas-coyuntura-economica_0_ix5GoQIvw.html