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02 06 2020

Las consecuencias de una pantomima imperfecta


Autor: Martín Tetaz









Si un planificador central, con autoridad total estuviera al mando de la economía podría dar una orden muy simple: “que todo el mundo haga como si acá no hubiera pasado nada y repita todos los gastos del mes anterior”. Por supuesto la solución no puede hacer magia; si la gente no trabaja los bienes no se producen y en el ejercicio extremo que estoy proponiendo usted le transfiere al restaurante las cuatro cenas que disfruta en el mes, pero no recibe la comida, paga la nafta en la estación de servicio, pero no llena el tanque y le abona al peluquero, pero no recibe el corte.
La idea es que una vez que pase la pandemia se reestablezca la prestación de todos los servicios y se reanude la producción y entrega de bienes, evitando que se corte la cadena de actividades y se rompan sectores completos del entramado productivo que nunca mas puedan ponerse de pie.

Algo de eso, de hecho, está ocurriendo; a la chica que limpia en casa le sigo pagando el sueldo y hacemos como que ella sigue viniendo, a la compañía de seguro le pago por el riesgo que no corro con el auto en la cochera y lo mismo sucede con muchos empleados en relación de dependencia que hacen como que trabajan y continúan percibiendo sus haberes. En el medio hay un gris porque por ejemplo cubro la factura del colegio de los chicos, pero en vez de las 30 horas semanales de clases reciben 6 horas de Zoom, o me cobran el 50% de la cuota de los mas chiquitos, pero prácticamente no obtienen nada a cambio. La caída en la actividad de abril, que la gente de Orlando Ferreres y Asociados midió en 19,2% es en rigor mucho mas profunda, pero está maquillada por muchos sueldos que se siguen pagando, aún cuando no haya contrapartida real. 

La pantomima es no obstante incompleta, en parte porque no existe el planificador central de la teoría y en parte porque la gente sostiene algunas redes de gastos, pero incluso en el caso de los que perciben sus ingresos sin ir a trabajar, hay muchos servicios que dejaron de pagarse y el consumo de bienes durables se derrumbó. Una parte de esa caída es por el shock de demanda de sectores que dejaron de tener ingresos, pero otra parte es porque por decreto se bajó la palanca de todas las actividades no esenciales.

El economista clásico Jean Baptiste Say sostenía que en el proceso de producción se generaban los ingresos que hacían posible la demanda de todos los bienes que se fabricaban. Por supuesto no podía asegurarse que cada producto llevado al mercado se encontraría con un interesado, porque para ello tendría que satisfacer una necesidad concreta y contar con la preferencia de un consumidor, pero si un bien X cuesta $1000 pesos es porque del otro lado del mostrador ese dinero acabó en el bolsillo de los trabajadores, los terratenientes, los capitalistas o los empresarios. La fabricación del bien genera los ingresos para ser potencialmente demandado.

Pero lo que ocurre en esta crisis singular es mas bien lo opuesto; porque se genera la capacidad de demanda, sin que sea factible producir los bienes; hay un descalce entre los ingresos y la producción que presiona sobre las importaciones en la medida que hay voluntad de consumo, pero acaba en el dólar cuando la incertidumbre empuja a que se prefiera conservar la liquidez. En ambos casos el resultado es una mayor demanda de dólares y cuanto mas extensa sea la pandemia más fuerte será esta presión.

En cada uno de los sectores donde la parodia no funciona, se corta la circulación, pero como ocurre con el colesterol que tapa algunas arterias y otras no, algo de dinero proveniente de los ahorros fluye selectivamente hacia las relaciones que el empresario procura mantener. El dueño del factor fijo (el local) suele ser el primer afectado y el Estado que deja de percibir los impuestos, el segundo damnificado. Por eso no sorprendió esta semana el dato del IARAF que informó que la recaudación de mayo, contabiliza hasta el día 25 una caída del 39% en términos reales; 14 puntos porcentuales más profunda que la de abril.

Mas allá del hueco de ingresos fiscales durante la pandemia, que seguirá siendo cubierto con emisión, cada peso que sube el dólar es la demostración de la insuficiencia del plan que procura hacer de cuenta que acá no ha pasado nada y el dinero que presiona sobre las divisas es la otra cada de la moneda de los sectores productivos que se están cayendo y que ya no volverán incluso cuando un nuevo decreto se los permita. La preocupación es quedará un déficit fiscal estructural, más allá de la pandemia, en un país sin acceso al crédito y sin moneda, poniendo al gobierno en la encrucijada de ajustarse o de aceptar una inflación y un dólar mas altos.

Publicado en Clase Media, el newsletter de Martín Tetaz el 1 de junio de 2020.