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Opinión 12 11 2020

La verdadera grieta en las elecciones en Estados Unidos


Autor: Francisco Berzal









Estas elecciones de EE.UU. han mantenido en vilo al mundo entero ya que hay muchas más cosas en juego que sólo quien presidirá la Casa Blanca los próximos cuatro años. El principal candidato, tanto para demócratas como para republicanos, ha sido el Presidente Donald Trump ya que en torno a su controvertida figura se han potenciado las ofertas electorales, ya sea en su apoyo o en su rechazo.

El camino a la reelección parecía allanado, pero como suele decirse: pasaron cosas. Primero y principal, la llegada de la pandemia de Covid-19 cambió el escenario por dos factores fundamentales: la abrupta caída de la economía –una de las fortalezas de la gestión Trump- y la controvertida gestión sanitaria. En segundo lugar, la muerte de George Floyd, allá por mayo en la ciudad de Mineápolis, generó una oleada de indignación y protestas a lo largo de todo Estados Unidos en contra del racismo, la xenofobia y los abusos policiales. Estos factores generaron las condiciones para llegar a este escenario de casi empate técnico en una de las elecciones más reñidas de la historia de EE.UU.

Más allá de estos factores de coyuntura que han influido en la elección, también es cierto que el voto se define en gran parte por la pertenencia a determinados grupos sociales. Mucho se ha estudiado sobre cómo votan, desde las poblaciones blancas, afroamericanas o latinas, varones o mujeres y hasta los colectivos LGTBIQ o los trabajadores.  Lo cierto es que en estas elecciones el factor determinante transversal a todo el país ha sido el siguiente clivaje: población urbana vs. población rural. En la primera, se ha impuesto con contundencia el candidato demócrata Joe Biden y en la segunda el republicano Donald Trump.

Hemos visto como las ciudades grandes y medias de cada estado se han pintado de azul (demócratas) y el resto se ha pintado de rojo (republicanos). Este factor ha atravesado a todo el país sin distinciones más allá de la gran diversidad de idiosincrasias que tiene EE.UU. a lo largo y ancho de su territorio.

En Texas, en el centro-sur del país, Joe Biden logró ganar en las ciudades más pobladas: Houston, Dallas, Austin, San Antonio y El Paso. Estos triunfos no alcanzaron para torcer el enorme apoyo que logró Trump en las zonas rurales, permitiéndole quedarse con los electores del Estado. El mismo fenómeno se vio en estados donde se impusieron los demócratas, como en California, en la costa oeste, donde Biden se impuso en San Francisco, Los Ángeles, San Diego y Sacramento, alternando triunfos y derrotas en el resto del Estado.

Incluso el mismo fenómeno se da en aquellos Estados donde la elección fue más reñida y se está contando hasta el último voto para definir quién se queda con el triunfo. En Georgia, los demócratas se impusieron en Atlanta, Savannah, Augusta y Columbus, las urbes más pobladas, y los republicanos en el resto del Estado. O también es el caso de Pensilvania, donde los demócratas remontaron la diferencia principalmente en Filadelfia y Pittsburgh.

Podríamos ahondar en las razones sociológicas y culturales que llevan a este comportamiento pero daría más bien para elaborar un tratado sobre el tema. A pesar de esto, podemos si intentar ensayar algunas explicaciones. La población urbana es en general más cosmopolita, abierta, progresista y con una relación más amigable hacia la globalización. Además, en general está compuesta en gran parte por dos colectivos que apoyan fuertemente al Partido Demócrata: los trabajadores sindicalizados y la población afroamericana. En cambio, la población rural es más bien tradicionalista, conservadora, con fuerte influencia de la religión y que muchas veces ve “amenazado” su modo de vida. Estos segmentos, donde en general se impone el Partido Republicano, están compuestos mayoritariamente por población blanca. Son dos cosmovisiones diametralmente diferentes que conviven y se tensionan de manera permanente. Es la verdadera grieta de estas elecciones en EEUU.

Podríamos decir entonces que no vota el territorio, sino que votan las personas. Eso explicaría en gran parte que, a pesar de que Trump se está imponiendo en la mayor parte del territorio estadounidense, sea Joe Biden, con mayor apoyo en las grandes urbes, quien obtenga mayoría de votos totales, convirtiéndose además en el candidato a Presidente más votado de la historia en términos absolutos. Parecería a esta hora que esa mayoría también le estaría permitiendo imponerse en el Colegio Electoral y llegar a la Casa Blanca. En este gran factor se asienta, en parte, la base de apoyo electoral de cada uno de los partidos. Veremos cuál de estas dos cosmovisiones termina por imponerse en esta elección.