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Opinión 05 06 2022

La UCR recobra mística y apunta a liderar juntos por el cambio


Autor: Leandro Pablo Vivo









Una sensación de satisfacción recorre la silueta interna de la UCR. Su máxima dirigencia  está convencida que el partido recobró aquella histórica mística política de aquellos años de la epopeya de la recuperación de la democracia encarnada en Raúl Alfonsín; que ha saldado en buena medida una deuda al catalizar resquemores internos que existían en una cierta franja de su militancia y producir una reacción desde sus íntimas entrañas al ratificar su pertenencia y participación en Juntos por el Cambio pero también oficializar la decisión de jugar un rol protagónico en la coalición para con la prudencia que exigen los tiempo políticos pero con firmeza marcarle la cancha a algunos de los socios del espacio opositor que suelen caer en la tentación de erigirse en sus dueños. 

Un dato insoslayable del que los radicales se enorgullecen, y tienen razones para ello, se vincula con que en tiempos complejos para los partidos políticos, aguijoneados por un sinfín de sectores a los que los ‘boina blanca’ consideran la antipolítica -no sólo descreen sino que desprecian ámbitos de debate interno- el radicalismo mantiene incólume esos espacios de discusión que, en el caso de la convención reunió en la ciudad de La Plata a 299 representantes de todo el país que estuvieron rodeados por legisladores nacionales, provinciales, intendentes –la UCR gobierna algo más de 412 municipios en la Argentina- concejales y, desde ya, un número casi incalculable de dirigentes y militantes partidarios que conciben a ese cuerpo orgánico como la “cumbre máxima” del partido que camina a cumplir 131 años desde de su fundación.

No eran pocos los radicales que esperaban que el partido dejara en claro que no volverá a ser furgón de cola de Juntos por el Cambio como –creen- sucedió durante la gestión del gobierno de Cambiemos cuyo rumbo, juzgan, fue fijado de manera unilateral desde el PRO pero algunos de cuyos yerros en la gestión tuvieron costos políticos para la UCR que pese a haber sido el principal soporte para ganar la elecciones de 2015 quedó en ese entonces relegada tanto en la adopción de decisiones como al momento de la corrección del rumbo de ese gobierno que, cuatro años después, debió emprender la retirada del poder.

La UCR muestra que aprendió de sus propios errores y que sus socios en el espacio parece que también o, al menos, acreditan que deben hacerlo porque ya no podrán desdeñar el peso territorial del radicalismo que, por cierto, se patentizó en el significativo aporte, en votos, que el radicalismo hizo en las elecciones legislativas del 2021 para que Juntos por el Cambio demoliera al Frente de Todos en la casi todos los distritos del país con listas que en su mayoría estuvieron encabezadas como candidatos a diputados o a senador por hombres y mujeres radicales.

Ha transcurrido una semana de la convención nacional de la UCR que sesionó en el teatro Coliseo Podestá de la Ciudad de La Plata y designó por unanimidad la nueva cúpula de ese cuerpo –al frente de la cual quedó como presiente Gastón Manes- pero que, además, se convirtió en el escenario para que los máximos referentes partidarios se juramentaron avanzar en la ofensiva para disputarle el poder al populismo que encarna el gobierno de Alberto Fernández desde Juntos por el Cambio después de ratificar su pertenencia y participación en la coalición; propiciar su ampliación a otros sectores –aunque con límite ideológicos- y entrar en la disputa en su seno por las candidaturas a Presidente, a gobernador en la totalidad de provincias y a Jefe de Gobierno porteño y como un dato no menor, influir con fuerza en el perfil del plan de un eventual gobierno en el 2023.

En la caracterización de la actual situación que atraviesa el país, como consecuencia de la administración del Frente de Todos de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner, hubo sintonía entre los radicales con coincidentes diagnósticos que reflejaron en sus discursos Gastón Manes cuando ya había sido elegido presidente de la convención, los jefes parlamentarios, Mario Negri y Luis Naidenoff, del titular de la UCR de la provincia de Buenos Aires, Maximiliano Abad; de los senadores Martín Lousteau y Carolina Losada tanto como del gobernador jujeño y presidente del Comité Nacional de la UCR, Gerardo Morales y el mandatario provincial correntino, Gustavo Valdés, quienes también enlazaron sus intervenciones con los desafíos que se le presentan a la UCR y Juntos por el Cambio.

La situación es alarmante. Por primera vez desde la independencia, estamos alejándonos peligrosamente de las ganas de hacer mejor y más grande a la Argentina. Hoy muchos, muchísimos, demasiados argentinos piensan que vivirían mejor si se fuesen a otro país, y que lo harían si tuviesen la oportunidad. La democracia inacabada nos frustra, nos rebela, y nos obliga a multiplicar nuestros esfuerzos para contribuir a poner fin a la decadencia de este período político y que Argentina impulse un crecimiento continuado y con estabilidad, se manifestó en la declaración política de la convención.

Desde el PRO y la Coalición Cívica saludaron la designación de Manes y la explicitación de la UCR en cuanto a su continuidad dentro de Juntos por el Cambio y de “ampliarnos a las sectores con los que nos unen valores y programas”. A esta última frase apeló la titular del PRO a nivel nacional, Patricia Bullrich, al celebrar ese espíritu expansionista. La ex ministra del gobierno de Mauricio Macri no puso demasiados reparos, en su momento, a la hipótesis de abrirle las puertas para que se incorpore a la coalición el libertario Javier Milei. No hubo mención alguna de los caciques radicales al diputado de Libertad Avanza. No hizo falta cuando se les escuchó decir: no hay espacio en el país para la exacerbación de los extremos en la discusión de cómo se resuelven los problemas del país; no habrá lugar para opciones de ultraderecha y antidemocráticas que trabajan la consigna de la antipolítica.

Y si se trata de graficar el protagonismo que el radicalismo se propone jugar dentro Juntos por el Cambio un par de frases que soltó la primera línea de la UCR fueron elocuentes: La UCR se erige en la brújula de la coalición; debe liderarla y en su seno hay tanto hombres como mujeres en condiciones de convertirse en presidente y ejercer el gobierno desde el 2023.

Los herederos en el 2022 del partido que hace largamente más de un siglo fundó Leandro N. Alem presienten que la unidad interna –que tuvo en la convención como señal más que contundente la designación por unanimidad de su nueva mesa directiva encabezada por Manes- la musculatura política que le otorga la gestión, asentada en la administración de tres provincias – Jujuy, Corrientes y Mendoza- tanto como el cúmulo de municipios en los que gobiernan constituyen un activo político que no pueden desperdiciar en este tiempo político de cara las definiciones dentro de Juntos por el Cambio para alzarse con ese rol protagónico que apuran ejercer en el seno interno de la coalición opositora.

Y por eso, incluyeron en la exhibición de fortaleza política muestras de férrea unidad para marcar diferencias con otros espacios políticos. Los radicales sacaron a relucir ese otro crédito. Dos de los presidenciables, Gerardo Morales y Facundo Manes compartieron escenario y el jujeño enfatizó al hablar ante sus correligionarios reunidos en la asamblea: “Nosotros somos el presente pero también somos el futuro” y proclamó que en el teatro Coliseo Podestá de La Plata estaba “el Presidente de los argentinos que se va a ser cargo en el 2023. O va a ser Facundo o voy a hacer yo, o como decía Gustavo Valdés se suma otro, son tres, cuatro ¡Aleluya!”. 

Los radicales se proponen traducir en hechos los pronunciamientos de La Plata. “¡Adelante radicales!, ¡adelante hay que marchar porque el pueblo pide a gritos un gran triunfo radical!”, coreaban entusiasmados los boina blanca cuando al final de la convención tronó la legendaria marcha radical. La apuesta de la UCR será en el 2023 desde Juntos por el Cambio y concretar los objetivos que se autoimpusieron los obligará a dar nuevos pasos con firmeza y sin pisar en falso.