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19 02 2020

La supremacía tecnológica, en juego


Autor: Alejandro Garvie









La Conferencia de Seguridad Mundial de Múnich fue escenario de la pugna entre EE.UU. y China por la carrera del 5G que tiene a Europa como botín.

El “emancipado” Reino Unido anunció la semana pasada que permitiría la entrada de la empresa de telefonía china Huawei, a pesar de la resistencia de Washington. Alemania también está debatiendo si abrir sus puertas al gigante de las telecomunicaciones. La pelea por el control de la tecnología 5G es crucial para las comunicaciones y la información en el futuro próximo.

La conferencia de seguridad mundial llevada a cabo en Múnich entre el 14 y 16 de este mes, fue el escenario de la más cruda pelea entre China y los EE.UU. para imponer sus tecnologías. Unos 400 políticos y activistas discutieron en Alemania los problemas de seguridad. Aunque es un evento mundial, América Latina y África estuvieron ausentes, siendo los invitados, principalmente de Europa y Estados Unidos.

El desacuerdo entre los EE.UU. y los europeos, en el marco de extrema debilidad de su alianza estratégica, señala el tamaño de la brecha que logró abrir el gobierno de Beijing. Washington lo ha planteado como un asunto de seguridad al argumentar a los europeos que comprar equipos 5G a Huawei es el equivalente a recibir un caballo de Troya.

Pero Europa hace tiempo que tiene una creciente dependencia comercial con China y el flujo normal de los negocios –incluida la oferta y la demanda de tecnología– hace difícil rechazar la posibilidad de adoptar la tecnología china de 5G. "Sigo enfatizando a mis amigos en Europa (...) que las preocupaciones de Estados Unidos sobre la expansión comercial y militar de Beijing también deberían ser sus preocupaciones", dijo el secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, en ese encuentro, advirtiendo que, si Europa ignoraba el llamado estadounidense, se arriesgaba a socavar la alianza de la OTAN.

"No se puede simplemente decir 'no compre Huawei' sin ofrecer algo en su lugar", dijo Toomas Ilves, el ex presidente de Estonia, al margen de la conferencia y sugirió que los Estados Unidos subsidien a Nokia y Ericsson, los competidores europeos de Huawei en 5G.

Esper dijo que Occidente necesita "despertar a los desafíos presentados por la manipulación de China del antiguo orden internacional basado en reglas". Antiguo orden que la administración de Donald Trump se ha cansado de denostar y a los que ha dedicado grandes esfuerzos en destruir, como, por ejemplo, patrocinando el Brexit, asfixiando el Tribunal Arbitral de la OMC, o iniciando una guerra comercial con China.

Muchos funcionarios europeos, especialmente aquellos ansiosos por atraer la inversión china, no están de acuerdo. Quieren que Europa corteje a China y persiga lazos más estrechos, una sugerencia recibida con alarma en el establishment de la política exterior de Washington.

La conferencia culminó sin que los EE.UU., además de discursos, pueda presentar a Europa una alternativa viable a Huawei, por lo que el desafío subsiste.

Otro aspecto relacionado es el del desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a la seguridad. A finales de la presidencia de Barack Obama, en octubre de 2016, la Casa Blanca publicó un informe que señalaba la importancia de la IA para la economía y la seguridad estadounidenses. Con el ascenso de Trump, el interés de la nueva administración se redujo, hasta que el año pasado el Pentágono inauguró el programa AI Next con una inversión cercana a los 2.000 millones de dólares. Todo ello en el contexto de la guerra comercial con China, en la que las rivalidades tecnológicas juegan, obviamente, un papel fundamental.

Para algunos analistas, China tiene ventajas comparativas y competitivas por sobre los EE.UU. en la carrera por el dominio de la IA, porque es un país con un territorio más grande y más diverso en climas y paisajes, que el de sus competidores. Además, su población es mucho mayor y la privacidad es casi inexistente. Más población con casi nula privacidad significa más datos con los que alimentar a los algoritmos, mientras que la diversidad geográfica supone variedad de escenarios en los que entrenarlos.

El desarrollo de estas tecnologías de comunicación e información –y sus aplicaciones- están reservado a los países ricos que pueden hacer grandes inversiones en I+D, siendo así los primeros en beneficiarse económica y militarmente.

En esta batalla por la supremacía, los países periféricos quedarían a merced de un “colonialismo de datos”, como lo ha llamado el intelectual israelí Yuval Noah Harari: una nueva y desigual manera de interactuar entre Estados en la que las empresas recolectarían datos de países con legislaciones de privacidad menos desarrolladas para procesarlos en los países donde se dispone de IA y aplicar ahí los beneficios. Una realidad que sólo se podrá morigerar si las instituciones globales tienen la suficiente fuerza para encauzar esta dinámica y evitar los grandes desequilibrios de un orden mundial aún incierto.