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Opinión 16 06 2020

La sociedad se debate entre dos estrategias que representan extremos ineficientes ante la pandemia del COVID-19


Autor: Néstor A. Pérez Baliño









Tomás Pueyo, señala: “No tiene lógica aplicar una cuarentena durante meses porque cuesta demasiado”. No es epidemiólogo ni virólogo. Es ingeniero y trabaja en Silicon Valley, pero se convirtió en una referencia global sobre el Covid-19 tras la publicación de su artículo “El martillo y la danza” que en pocos días fue leído por millones de personas y resultó de bibliografía a varios gobiernos.



Sin embargo, las opciones parecieran ser no hacer nada o cuarentena prolongada. Esto no solo prendió en las autoridades, sino también en algunos infectologos y en el periodismo, generando los grupos anti o pro cuarentena.

Llegamos hoy a tener dos posiciones extremas y nada eficientes. Un extremo donde las cabezas visibles son Trump y Bolsonaro, posición irresponsable que se paga con muchas vidas. En el otro extremo se encuentra en el gobierno argentino, con una cuarentena medieval, haciendo gala de un paternalismo autoritario, tomando la Curva de Contagio como único dato.

Entre estos dos extremos hay un camino ancho que utiliza conceptos provenientes de la ciencia, la experiencia, el estudio de esta pandemia, la comparación epidemiologica con otras pandemias, la segmentación geográfica y la segmentación poblacional en base al riesgo de mortalidad, la utilización de la curva de mortalidad construida con los datos diarios y las camas de terapia ocupadas, analizando altas y bajas diarias como la información del crecimiento vegetativo, en la utilización de estas.

La estrategia exclusiva de contención de la pandemia se mantuvo, cuando desde hace dos meses que son necesarias medidas de mitigación enfocadas a disminuir número de muertes y no solo de contagios.

Cuando se toman medidas adecuadas la mortalidad crece en forma lineal y se despega de la curva de contagio que lo hace en crecimiento exponencial. De esto hay evidencias claras en la Tasa de Letalidad del virus que se observa disminuyendo en la Ciudad de Buenos Aires.

La medicina ha podido definir, a esta altura de los acontecimientos, que la población que tiene riesgo de mortalidad es aquella con enfermedades crónicas prrexistentes o factores de riesgo severo, que las personas de grupos etarios mayores tienen mayor mortalidad justamente porque tienen mayor prevalencia de enfermedades crónicas y factores de riesgo y que los jóvenes que fallecen tienen ese común denominador, contar con patologías previas concomitantes.

Esta situación se da en los geriátricos y muy especialmente en los barrios vulnerables, donde no hay condiciones para el aislamiento y conviven enfermos crónicos con población sin riesgo y el virus circula entre todos ellos. El operativo casa x casa es un imperativo, no solo testeando sino ofreciendo el traslado de quienes tienen mayor riesgo de mortalidad y a infectados, en hoteles o dispositivos con camas para aislamiento.

Según las estadísticas publicadas por los Ministerios de Salud de Nacion y CABA la edad promedio de la población contagiada es de 38 años y la de los fallecidos 77. Esta es otra evidencia  que la población activa sin enfermedades preexistentes se contagia pero tiene mínimo riesgos de mortalidad.

El aislamiento global de toda la población no es necesario, y lo indicado sería la segmentación entre los que tienen mayor riesgo de morir por el virus y la población activa de escaso riesgo, que podría retornar a sus actividades con los cuidados necesarios.

Esta Información es más específica para tomar decisiones de abrir o cerrar el aislamiento y es importante considerar la mitigación también de las muertes por enfermedades crónicas prevalentes, donde hoy se evidencia un aumento mayor de muertes que las producidas hasta el momento por el COVID19.

El programa internacional Stent for Life, informa a través de sus publicaciones y de la filial argentina, una duplicación de la mortalidad intrahospitalaria del infarto agudo de miocardio. Las personas con síntomas cardiovasculares llegan tarde a la consulta. Se  redujo también 46% la internación por ACV. Todo producto del temor generado por la información oficial.

Las autoridades analizan la pandemia solo desde el punto de vista infectológico. La salud es un tema global de la Medicina Interna, Salud Mental, Sociología y la Economía. Hay más muertes por enfermedades crónicas por déficit de atención, que se produce por el temor de la población al contagio y posterga la consulta por síntomas y  los controles programados.

El epidemiologo de Stanford, John P. A. Ioannidis, dice: “Sin embargo, si el sistema de salud se ve abrumado, la mayoría de las muertes adicionales pueden no deberse al coronavirus, sino a otras enfermedades y afecciones comunes como ataques cardíacos, derrames cerebrales, traumatismos, hemorragias y similares que no se tratan adecuadamente”.

En conclusión, la estrategia del aislamiento temprano ya cumplió su objetivo, prolongar esta estrategia neutralizará el beneficio sanitario, por el aumento de mortalidad de otras patologías.

Es el momento de proteger y aislar a  los vulnerables, salir del aislamiento global para enfrentar la enfermedad y acelerar la inmunización poblacional para generar una disminución de la circulación del virus, con campañas que disminuyan el temor y la  incertidumbre.

Informando cómo protegerse, devolviendo la responsabilidad individual, nadie puede cuidarse de lo que desconoce.