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Opinión 17 11 2020

La pereza intelectual en el impuesto a las riquezas


Autor: Facundo Suárez Lastra









El proyecto de ley de contribución extraordinaria sobre las grandes fortunas es en realidad un impuesto a la riqueza, y uno muy malo. 

Es un ejemplo de pereza intelectual y política.

Frente a una situación extraordinaria se debió procurar un acuerdo que impulsara un impuesto de emergencia equitativo, proporcional a los ingresos riqueza y patrimonio, que no excluyera la participación en el esfuerzo del sector público. Desde hace ocho meses insistimos que no hay razón alguna para que el sector público de mayores ingresos no participe del esfuerzo que está haciendo la mayor parte de la población.

En cambio, se optó por un camino fácil, que la impericia hizo difícil, de ir a cazar al zoológico en vez de alcanzar con la norma al 40% de los que pudiendo y debiendo pagar impuestos no lo hacen.

Entre los defectos más importantes destaco que representa una doble imposición y en muchos casos absorberá gran parte o más renta que la que generan los activos gravados.

Considerando el impuesto a la riqueza y bienes personales, la alícuota efectiva total para los contribuyentes alcanzados va desde un 3 hasta más del 7%, un valor significativamente alto para un impuesto al patrimonio, más aún al aplicarse sobre los activos, lo que en la práctica implica que la tasa final sobre el patrimonio se ubicará muy por encima en el caso de aquellos contribuyentes que posean deudas contraídas para adquirir los bienes objeto de estos impuestos.

Por otra parte, existen otros errores severos en la forma en que está diseñado el impuesto. Entre ellos, que no considera exenciones y que, al no aplicarse un mínimo no imponible genera una gran inequidad tributaria entre contribuyentes de similar situación patrimonial, llevando a que con diferencias mínimas en el patrimonio se pase de no pagar nada a pagar cuatro millones de pesos.

Cuestiones como estas, sumadas a otras medidas tomadas mediante atropellos que atentan contra la seguridad jurídica, la propiedad privada y los avances sobre la justicia, llevan a que cada vez más contribuyentes estén considerando cambiar su residencia a países con reglas del juego claras y un tratamiento fiscal más razonable.

¿Cuál es el destino de los fondos que pretenden recaudar con este impuesto? El rubro que más recursos se lleva es YPF, con participación de IEASA, alcanzando un 25% del total recaudado. Es notable que esta afectación sea superior al 20% que se destina al sistema de salud nacional en medio de la Pandemia. Solo la palabra ridículo se me ocurre para esta asignación en este marco.

Este proyecto tiene tan mala factura que hasta genera controversias dentro de sectores del mismo gobierno. Esto queda de manifiesto con la demora de cinco meses desde que comenzaron a hablar sobre el tema hasta su tratamiento en comisión y que, una vez aprobado en comisión, pasarán tres sesiones y casi dos meses hasta que su tratamiento.

Desde los sectores más extremos del gobierno buscan instalar el relato de que se trata de una cruzada del gobierno a favor de los que menos tienen, y que quienes se oponen defienden los intereses de los más ricos.

Pero la realidad es que no ven o no quieren ver, que la aprobación de este proyecto generaría más problemas que beneficios para la sociedad en su conjunto. Aun quitando todas las fallas técnicas, el impacto global de este impuesto será negativo, y muestra una mirada cortoplacista y profundiza el sesgo anti empresa, anti ahorro y anti inversión de muchas medidas del gobierno.

Nuestro país no crece desde 2011, y un pilar para recuperar el sendero de crecimiento y el empleo es la inversión. Desde finales de 2007, cuando la tasa de inversión tenía guarismos superiores al 20% del PBI, se comenzó a evidenciar una tendencia decreciente, en la que se fue destruyendo capital hasta llegar a puntos que no alcanzan ni para cubrir el mantenimiento y reposición del stock de capital.

A mediados de este año, agravado por la pandemia, la inversión cayó fuertemente, encontrándose en valores mínimos históricos. Hoy más que nunca necesitamos de medidas que fomenten la inversión privada, que es un requisito esencial para lograr una recuperación y crecimiento sostenido de nuestra economía. Este proyecto claramente va en contra de esto.

A nivel mundial y mismo en América Latina, el impuesto que grava el patrimonio personal de las personas es raramente aplicado.

La justificación de que, por los efectos de la pandemia COVID-19 esto se torna necesario, choca con la falta de voluntad política de replicar algo que muchos países realizaron, y es el esfuerzo compartido de aquellas personas con sueldos más altos del estado, reduciendo en parte sus sueldos para morigerar la crisis económica actual y mostrar empatía con la grave problemática que enfrenta gran parte del sector privado por los efectos de la cuarentena.

Se han presentado proyectos en este sentido, incluyendo uno de mi autoría, pero no se han tratado, y el mismo presidente se ha manifestado en contra de estas medidas.

La elección del día de la militancia, para tratar este proyecto, del que los responsables de la principales áreas económicas del gobierno procuran quedar a la mayor distancia que puedan, ratifica un accionar que confunde y perturba a los contribuyentes en particular y a la sociedad en general.

Agitan un infundado “le saco a los ricos para darle a los pobres”, para tener algo que decir cuando el gobierno empieza a hacer recortes sobre el IFE, ATP y jubilaciones.

En vez de agitar contra los molinos de viento urge animarse a una reforma estructural que apunte a la supresión de inequidades y privilegios, amplíe la base tributaria y se inspire en las mejores prácticas de los países con sistemas tributarios más equitativos y eficientes.

La idea de que la heterogeneidad y diversidad de visiones en el gobierno es una fortaleza, es a mi juicio una señal de incomprensión hacia el conjunto de la sociedad que no forma parte del reducido grupo en pugna en la cúspide del poder.

Que en economía, política internacional, seguridad, reforma de la justicia, haya miradas y acciones contradictorias, no sé si es bueno para el frente interno del gobierno, pero si sé que es malo para la sociedad.

No superaremos la pobreza enfrentando artificialmente ricos contra pobres en batallas épicas que luego no se concretan más allá de en los relatos de un grupo pequeño que no encuentra la revolución que venían a buscar.

La falsa épica que se quiere construir alrededor de la aprobación de una ley tan ineficaz como la que se propone, nos aleja de la posibilidad de dar un verdadero debate, amplio, plural y democrático, acerca de cómo salir de la grave crisis que estamos atravesando. Cómo plantear un camino razonable, reglas claras que permitan ´poner a la Argentina en la senda del crecimiento.

Publicado en Clarín el 16 de noviembre de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/pereza-intelectual-impuesto-riquezas_0_fppvbyUYo.html