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Opinión 11 04 2021

La otra ex presidenta


Autor: Fabián Bosoer









El documental de Julián Troksberg, Una casa sin cortinas, recientemente exhibido y premiado en el BAFICI, tiene el mérito de indagar sin preconceptos o juicios terminantes sobre el enigma que sigue rodeando la figura de Isabel Perón, y la estela que dejó, valga el juego de palabras con su nombre. Con una mirada joven que recoge numerosos testimonios e imágenes, nos permite reconocer que a veces es más importante hacernos buenas preguntas que encontrar las respuestas.

El 4 de febrero pasado, la ex presidenta y viuda de Perón cumplió 90 años. Hace 37 que desapareció de la escena pública, -vive aislada en su residencia de Madrid- y ya nadie la recuerda, en parte por mérito propio, un ostracismo que se impuso a sí misma, en parte porque el movimiento político que la llevó a la presidencia es implacable con las memorias y olvidos de sus glorias y horrores. Fue la primera vicepresidenta de nuestra historia, la primera mujer en llegar a la presidencia en América latina, presidió el Partido Justicialista desde 1974 a 1985, también fue la mandataria constitucional que más tiempo pasó detenida. Un personaje que llegó donde llegó sólo por ser la esposa del líder, y se convirtió en heredera inverosímil de su poder, con el siniestro José López Rega detrás, cuando el país ardía en llamas. Los militares que asaltaron el poder el 24 de marzo de 1976 la apresaron y recién fue liberada en 1981, año en el que partió a España, solo para volver de visita en un par de ocasiones.

Las primeras escenas de la película la muestran cuando regresa, tras la recuperación de la democracia, como ajena y extraña, rodeada de sindicalistas y dirigentes del peronismo que la seguían reivindicando como conductora. Curiosamente, fue Alfonsín quien rescató a Isabel en su condición de última presidente constitucional, gesto que ella agradeció y retribuyó, en un acercamiento que desactivó momentáneamente la grieta entre peronistas y radicales. En 2007 y 2008, volvió a ser noticia cuando el gobierno argentino exigió a España su extradición, en la causa por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la Triple A durante su mandato. España se negó: los casos se consideraron prescriptos. Su busto en la galería de ex presidentes en la Casa de Gobierno, donde fueron retirados los de los dictadores y ya están Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner, sigue guardado. Nadie reivindica su figura, el peronismo la ha invisibilizado o erradicado de su historia. Vaya a saber por qué.

Publicado en Clarín el 10 de abril de 2021.