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Opinión 23 07 2021

La necesidad es más fuerte que el patrioterismo kirchnerista


Autor: Leandro Pablo Vivo









Una gran jugada geopolítica de EE.UU. a través del FMI desarma el “relato” K.

El kirchnerismo se ha vanagloriado, desde su surgimiento como facción dentro del peronismo, de su postura refractaria al FMI al considerarlo responsable de todos y cada uno de los males que ha tenido que padecer la Argentina. Pero la realidad del país lo obligaría a desandar su discurso pseudo-combativo contra ese organismo tras haber convalidado la iniciativa de esa institución crediticia que distribuirá, entre los países que la integran, 650 mil millones en Derechos Especiales de Giro (DEG), lo que significa para la Argentina recibir, probablemente en agosto próximo, algo más de 4.300 millones, con los que podría pagar los vencimientos de deuda de este año por 4.100 millones.

El ministro Martín Guzmán votó, en el seno del FMI, a favor de esa asignación con lo cual el gobierno de Alberto Fernández imprimió un viraje en la negociación por pago de las acreencias de la Argentina con el organismo que conduce Kristalina Georgieva  

En la negociación con el FMI por el stand by de 44 mil millones de dólares, que el país recibió durante la gestión de Mauricio Macri, Guzmán pretende llevarla hacia otra vertiente con la que cuenta el organismo que es la línea de crédito de Facilidades Extendidas que obliga no solo a que el plazo de pago sea como máximo de diez años sino que requiere otra exigencia insoslayable que es garantizar su cumplimiento, lo que implica que el gobierno kirchnerista debería exhibir un plan económico de significativa sustentabilidad como para dar certezas de que hará frente a los compromisos contraídos ya no sólo con el FMI sino con otras instituciones el sistema financiero internacional de la que la Argentina es deudora.

Guzmán no desconoce que esas exigencias, que impone el FMI, encuentran en la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, jefa política de la coalición que sirve de soporte al gobierno del presidente, Alberto Fernández, una encolerizada opositora que, habitualmente, exige que un plazo mayor para el pago de la deuda, con tasas más bajas y sin ningún otro condicionamiento. Pero sucede que, hasta ahora, el gobierno del presidente, Alberto Fernández, no ha exhibido plan alguno.

Al menos, a partir de los algo más de 4.300 millones que recibirá del FMI, el gobierno de Alberto Fernández estaría en condiciones de utilizarlos para el pago de los vencimientos correspondientes al 2021 y esquivar caer en default con el FMI.

En tanto, el ministro Guzmán comenzó a entusiasmarse con la idea analizada en la última reunión del G-20, celebrada en Venecia, de generar un Fondo de Resiliencia y Sustentabilidad, con un capital de 100.000 millones de DEG, ya que el FMI intercedería ante los países más poderosos para que cedan parte de los  DEG que les corresponde y sean prestados a los países pobres.

El ministro de Economía de la administración de Alberto Fernández alienta que de ese reparto se beneficien también otras naciones consideradas de ingresos medios y, entre ellos, el jefe del Palacio de Hacienda ubica a la Argentina y, en ese camino, busca que su propuesta esté acompañada por México e, incluso por Rusia que, por cierto, está en condiciones de hacer un aporte significativo a ese fondo que, claro está, estaría indirectamente bajo la capacidad de veto de Estados Unidos.

En los últimos días había surgido una versión que daba cuenta de la existencia de negociaciones entre los gobiernos de la Argentina y de Rusia en torno a un posible acuerdo bilateral sobre la cuestión de la deuda de nuestro país. Desde la cartera a cargo de Guzmán salieron a restarle verosimilitud a esa tratativa y se apuraron a aclarar que las conversaciones que había mantenido del jefe de Hacienda con el ministro de Finanzas del gobierno de Putin, Anton Silanov, habían girado alrededor de la posible creación de ese Fondo de Resiliencia.

Pero lo cierto es que, si la iniciativa surgida de la reunión del G-20, alcanzara una definitiva concreción y, además, la iniciativa de Guzmán para que nuestro país se vea beneficiado, la misma se constituiría, según algunos analistas, en una audaz maniobra de la administración norteamericana, vehiculizada y controlada a través del FMI, que bloquearía la posibilidad de que algunos países necesitados de ese financiamiento, como la Argentina, entren en negociaciones para forjar acuerdos bilaterales por la deuda con otras naciones a cambio de algunas concesiones.

Guzmán sabe que materializar su aspiración de que nuestro país reciba un hipotético mayor aporte proveniente de ese Fondo de Resiliencia no será una cuestión de generosidad del FMI. El organismo impondrá condiciones y éstas, en ese caso, debieran ser aceptadas por Cristina Fernández de Kirchner, quien se vería obligada a retroceder, al menos varios pasos, en su ya conocida prédica contra el Fondo Monetario Internacional al que responsabiliza de las desventuras de la Argentina que podría ser beneficiada por ese organismo al que la Vice de Alberto Fernández detesta. La realidad haría trizas el “patrioterismo K”.