menu
24 04 2020

La lucha de los armenios por su reconocimiento y la crueldad del siglo XX


Autor: Daniel Muchnik









Los genocidios en el siglo pasado han destrozado los principios humanistas y morales que deberían estar presentes en la humanidad.

Entre los más destacados sobresalen el armenio (con un millón y medio de víctimas), el judío (seis millones de víctimas) y la montaña de muertos por del Terror Ruso, incluyendo la guerra civil después de la revolución de 1917 y sus asesinatos masivos (más las purgas de Stalin, las víctimas del Gulag y las hambrunas en Ucrania, el Holidomor con 5 millones de desaparecidos).

En la lista no pueden faltar el Holocausto del pueblo español en una guerra civil aniquiladora, los muertos que generó la Guerra de Vietnam, los dos millones aplastados por el Khmer Rouge (apegados en un momento al comunismo chino) en Camboya, el millón de comunistas asesinados en Indonesia por un grupo de militares, la masacre tribal en Ruanda, que se llevó más de un millón, y los exterminados en la guerra civil en la ex Yugoslavia, en la década del 90. Los jefes serbios fueron juzgados por el Tribunal Internacional de La Haya.

Todos estos acontecimientos motorizaron la culminación de los acendrados y fundamentales principios humanistas que rigieron a lo largo del siglo XIX.

Historiadores ingleses y norteamericanos advierten que durante el siglo XX los asesinos no tuvieron ni sensibilidad ni contemplaciones. Hubo carnicerías humanas, tortura, crueldad física, maldad manifiesta. Fue el “festival de la crueldad”.

El término “genocidio” fue definido por su creador, Raphael Lemkin, abogado polaco residente en Estados Unidos en los años 40, con los siguientes términos: “Es la aniquilación o eliminación total o parcial de un grupo nacional, étnico, racial o religioso, incluyendo como genocidas a quienes la ejecuten, incitando odio contra los grupos perseguidos”.

Era la expresión precisa porque los líderes del mundo en la Segunda Guerra Mundial solo se aferraban a los términos “crímenes de guerra” o “crímenes contra la humanidad”, que se usaron en el Tribunal de Núremberg. “Genocidio” fue utilizado recién dos décadas después.

Los armenios, que buscaban la independencia desde hacía tiempo, eran hostigados y asesinados constantemente por los turcos antes de la Primera Guerra Mundial. Habían tenido un renacimiento cultural importante, miles de jóvenes se inscribieron en institutos establecidos por misioneros estadounidenses y europeos.

El Otomano ya no era en 1914 el Imperio que mandaba en los Balcanes, en Europa, en Medio Oriente profundo y en el norte del África. Desde hacía más de 200 años venía perdiendo territorios, de fracaso en fracaso, derrotados en varias guerras. El Imperio estaba en bancarrota desde 1870. Solo los financistas externos lograron reflotarlo.

Cuando se desataron las hostilidades en 1914 los turcos prometieron a Alemania, un aliado permanente, que conseguirían que los pueblos nómades árabes de su amplísimo territorio prepararían una “yidad”, una guerra santa, en contra de los intereses de Francia e Inglaterra en su amplia zona de influencia.

Inglaterra tenía su asentamiento en Egipto y uno de los subordinados del Comando General fue el que sería glorificado como Lawrence de Arabia que llegó a unificar a las tribus árabes del desierto y atacar al Ejército turco.

Desde fines del siglo XIX, los otomanos emprendían ataques esporádicos a las aldeas armenias. Estos conformaban una minoría rechazada y marginal. Era un pueblo organizado con antiguas tradiciones y una cultura afianzada.

Se fueron sumando en los turcos odios personales, animadversión por cuestiones religiosas (los armenios tenían su propia religión desde el siglo I después de Cristo y los turcos se definían musulmanes). Agregaban envidia por la valorada capacidad comercial e intelectual de esa minoría y sus contactos con todas las regiones del Cáucaso y también con la Rusia zarista.

En junio de 1890 los estudiantes armenios de la región oriental crearon la Federación Revolucionaria Armenia, que reclamaba autonomía, emancipación política y económica. Se los llamó “dashnak”, que resistían como podían ante las provocaciones y agresiones de los turcos.

A un año del comienzo de la Primera Guerra, entre el 23 y 24 de abril de 1915, el gobierno turco convocó a una reyerta armada contra los armenios. Los militares estaban decididos a frustran los intentos independentistas de la minoría.

A partir de entonces apelaron a las ejecuciones públicas y, para “dar el ejemplo”, arrastraron a los armenios en largas caravanas, sin alimentos ni agua, hasta el desierto en el sureste de la región de Anatolia. También crearon campos de concentración y los mataron de hambre. A los armenios que prestaban servicios en el Ejército Otomano se los asesinó sin contemplaciones.

En torno de esta tragedia sobran testimonios personales de misioneros norteamericanos, de ciudadanos sirios, de fuentes de información rusas. La embajada norteamericana estaba en manos de Henry Morgenthau, quien acumuló información, juntó recuerdos, recogió testimonios y publicó un famoso libro titulado Relato del embajador Morgenthau.

Quienes dieron la orden de caer a sangre y fuego sobre los armenios, convocando a una guerra total fueron quienes dirigían el gobierno del país llamados “los Jóvenes Turcos”. Los comandaban los líderes Talat, Enver y Jemal.

Los armenios practicaron su propia venganza. En Berlín, donde se había refugiado, asesinaron a tiros el 15 de marzo de marzo de 1922 a Talat Pachá. Luego encontraron a Jamal Pachá en la ciudad de Tiflis (Georgia) y lo masacraron.

La suma de testimonios e informes diplomáticos confirmaron que, apenas terminada la guerra, los aliados victoriosos condenaron a los turcos por las masacres de armenios.

A pesar de la negación de Turquía los hechos, testimonios demostraron que la eliminación del pueblo armenio fue un hecho premeditado para acabar con su cultura. Es decir, un “genocidio”.

Pero costó mucho tiempo que el mundo reconociera esa hecatombe que se llevó a un millón y medio de víctimas. Hasta hoy solo 29 países sobre 193 que integran el mundo, más algunos Estados que forman parte de Norteamérica, reconocieron el genocidio. El primer país entre todos en hacerlo fue Uruguay. Aunque en el grupo de los 29 está Argentina.

La Resolución del Congreso de los Estados Unidos, el 11 de octubre de 2007, consagrando el término “genocidio de los armenios” fue aprobada por 27 votos a favor y 21 en contra.

Varios se opusieron a esta definición. Entre ellos el presidente George W. Bush y el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack.

Doce años después, en diciembre de 2019, el Congreso de los Estados Unidos reconoció institucional y formalmente el genocidio cometido entre 1915 y 1917. El senador por el Partido Demócrata Bob Menéndez declaró en el recinto: “Es apropiado y justo que el Senado se ponga del lado correcto de la historia”. Y agregó: “Estoy agradecido que esta resolución haya sido aprobada en un momento en que todavía hay sobrevivientes de aquella matanza”. Era esperable: el gobierno turco de Erdogan rechazó con muy precarios argumentos la decisión de los parlamentarios norteamericanos.

Su postura se basaba en que Turquía era aliada de Washington y había desempeñado un papel crucial con su arsenal de cohetería nuclear en la Guerra Fría en la frontera con la Unión Soviética. Paralelamente Israel, Inglaterra, Alemania y España no utilizaron el término “genocidio”.

El gobierno israelí, en su momento o por períodos socio de Turquía en la Guerra Fría y en su lucha contra Irán y los grupos terroristas, argumenta que el dilema si genocidio sí o genocidio no debería ser resuelto entre las partes en forma pacífica.

Por supuesto, Turquía argumenta que lo sucedido fueron desplazamientos de la minoría armenia en tiempos bélicos. Nada más.

Si bien el poder político en Israel guardó distancia, en su Parlamento, el Knesset, muchos legisladores votaron por subir el debate sobre aquella hecatombe más un proyecto por el reconocimiento del “genocidio”.

El presidente del Knesset se pronunció a favor de los legisladores. La acción fue promovida activamente por el partido de centro izquierda Meretz. Sus líderes declararon: “Hicimos lo correcto, lo justo”.

Publicado en Infobae el 24 de abril de 2020.

Link https://www.infobae.com/america/opinion/2020/04/24/la-lucha-de-los-armenios-por-su-reconocimiento-y-la-crueldad-del-siglo-xx/

Noticias Relacionadas