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Opinión 18 06 2020

La FUA y la construcción política: cuando La Cámpora es derrotada


Autor: Emilio Cornaglia









El resultado de la elección presidencial de 2011 consolidó a La Cámpora dentro del esquema de poder del kirchnerismo, y el 54% les hizo creer que podían “ir por todo”. Desde ese lugar entraron al debate por la conducción del movimiento estudiantil, intentando llevarse puesto a todo el peronismo universitario para llegar a la presidencia del máximo órgano gremial del estudiantado en la Argentina. Si bien su fortaleza política era innegable, se encontraron con la reticencia de sus propios compañeros quienes señalaron que, al menos en el ámbito universitario, las agrupaciones peronistas tradicionales tenían más representatividad que La Cámpora, y por ende, derecho a encabezar la lista del PJ para la FUA. Pero eso no les gustó, y como no pudieron conducir, intentaron quebrar: así como antes lo habían hecho con la CGT, con la CTA, incluso con organismos de derechos humanos, ahora apelaban a toda la fuerza del aparato estatal para la creación de una “FUA de los estudiantes”, mientras el resto del movimiento estudiantil participaba del XXVII Congreso Ordinario de la Federación Universitaria Argentina en el estadio General Paz Juniors, en la ciudad de Córdoba, cuna de la Reforma Universitaria.

El arrebato de La Cámpora estudiantil por conducir la FUA reflejaba su desconocimiento del escenario político a la vez que su debilidad relativa en cuestiones universitarias. La interna del PJ Universitario se resolvió en favor de la histórica JUP, que mantuvo su representatividad en el Congreso de la FUA ocupando el segundo lugar en la votación y conquistando la Secretaría General del organismo. La complejidad de actores del movimiento estudiantil se cristalizó en varias listas presentadas, con un amplio espectro que iba desde el socialismo (MNR), Libres del Sur, el maoísmo (CEPA), el PO, PTS y la Izquierda Socialista y hasta expresiones de la Izquierda autónoma o independiente. Por supuesto también quedó claro que la Franja Morada era la agrupación estudiantil mayoritaria, y como resultado, tuve el orgullo de ser electo Presidente de la Federación Universitaria Argentina para el período 2012-2014.

Se cumplen ocho años de aquel Congreso de la FUA y de esta maniobra del Gobierno y La Cámpora, que marcó a fuego la historia reciente del movimiento estudiantil, y significó un punto de inflexión tanto para la Franja Morada como para el conjunto de las agrupaciones estudiantiles nucleadas en la FUA. Este proceso dejó varias conclusiones que toman mayor dimensión con el paso del tiempo, vamos a señalarlas procurando se conviertan en el aprendizaje que da la experiencia vivida.

Desde el punto de vista de la FUA, en primer lugar, se puso en evidencia la importancia de la construcción colectiva: poder realizar diagnósticos comunes, que sinteticen una agenda de reivindicaciones y se transformen en un plan de accion consensuado por todo el movimiento estudiantil, se convirtió en una herramienta poderosa para fortalecer la unidad del gremio (evitando la ruptura con la que buscaban deblitarnos desde el Gobierno) y para instalar demandas concretas que fueron tenidas en cuenta justamente por ser banderas de todo el movimiento estudiantil. Como muestra de ello podemos mencionar el proyecto de Boleto Educativo Gratuito y Universal: de marchas esporádicas en rechazo a los aumentos de Boleto en algunas Provincias, pasamos a la redacción de un anteproyecto de Ley que fue presentado conjuntamente ante todos los Bloques de la Cámara de Diputados. El reclamo por el BEGU se presentaba en actos, festivales, congresos. Se juntaron firmas, se pintaron murales y se cantaron canciones por esta lucha que fue apropiada por todas las agrupaciones que componen la FUA. Con aquel proyecto inicial se logró instalar la reivindicación a nivel nacional y conseguir su aprobación concreta en Provincias como Jujuy y Buenos Aires, beneficiando a miles de estudiantes.

Por otro lado se puso de relieve el valor de la FUA como actor político dentro del concierto de organizaciones, colectivos y movimientos nacionales. La especificidad en la representación del sector estudiantil se combinó con la transversalidad de las demandas impulsadas desde la juventud, mezclando reivindicaciones universitarias con otras que afectan universalmente a los jóvenes: género y diversidad, medio ambiente, derechos humanos, trabajo y salud. Insertar la voz de los estudiantes en el concierto de reclamos llevados adelante por centrales obreras, movimientos sociales y de derechos humanos, permitió hacer conocer ante otros actores las demandas específicas vinculadas a la Educación, consiguiendo su solidaridad y acompañamiento, a la vez que involucró al estudiantado en general en preocupaciones que excedían lo puramente educativo.

En tercer lugar, la dinámica de la política tradicional, pacata y aburrida, fue desafiada bajo la premisa de “hacer alegremente cosas terriblemente serias”, convirtiendo reclamos que antes morían en un papel o propuestas que dormían en un cajón, en iniciativas abiertas y participativas, en las que el arte y la cultura cumplían un importante papel a la hora de transmitir, problematizar o reclamar. La Caravana Educativa, con la que recorrimos puntos turísticos difundiendo la propuesta de la FUA por medio del deporte y la cultura, o el Festival Despiertate Nene, con el que llamamos la atención a un Ministro Sileoni dormido frente a la crisis del sistema educativo, fueron experiencias que dejaron su huella rompiendo el molde tradicional.

Por último, hay que recordar que no fue la primera vez que un Gobierno peronista intentó avanzar sobre el gremio estudiantil nacional o avasallar la autonomía universitaria. Desde los tiempos del primer Gobierno de Perón, con la creación de la CGU, la designación de interventores del PEN como Rectores y la disolución de los órganos de cogobierno, el peronismo en el poder ha tenido estrategias más o menos directas para avanzar sobre un espacio en donde la libertad y la conciencia crítica son peligrosos frente a gobiernos con ínfulas autoritarias y pretensiones de pensamiento único. Así como nos tocó resistir los embates del kirchnerismo en 2012 para defender la unidad del movimiento estudiantil y la autonomía de las Universidades, tenemos que estar alerta en los tiempos que vivimos, atravesados por la excepcionalidad que trajo al mundo esta pandemia del COVID-19, para defender la Democracia y las libertades individuales, como base necesaria para el pleno desarrollo de la ciencia y la tecnología en Universidades Públicas, Cogobernadas y Autónomas.