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Opinión 04 03 2020

La firma de Alfonsín


Autor: Hugo Domingo Bruera









En pocos días llegarán a este Congreso, los pliegos para ascensos de los recientemente designados jefes de las respectivas Fuerzas Armadas. Ellos, habrán alcanzado entonces el máximo peldaño en la escala de responsabilidades, que comenzara cuando hace más de treinta años, el presidente de la Nación los incorporara a nuestras fuerzas patrias, entregándoles el sable con su rúbrica en el acero.

Otrora arma letal y de comunicación en el combate; cuando el jefe indicaba momento y dirección de ataque, fue convirtiéndose en la más destacada representación del mando militar. Pero este año adquiere una sentido especial: aquel sable con que fueron armados estos jefes, al culminar la etapa fundamental de su formación y comenzar su vida profesional, lleva estampada la firma de quien es el símbolo de la restauración definitiva del sistema democrático en la Argentina: el presidente Raúl Alfonsín.

Ello tiene un enorme significado: por primera vez en nuestra patria todos los militares activos, tienen el honor, de transcurrir la totalidad de su carrera profesional bajo la supremacía de la conducción política.

Por eso celebro la delicadeza con que el presidente Alberto Fernández despidió a aquellos hombres y mujeres, que dejando por meses sus familias, fueron a exponerse a los peligros de un escenario bélico en Chipre, en apoyo de la política exterior de nuestro país. Para qué hurgar en la llaga abierta por una cruenta dictadura civil – militar, justamente delante de quienes no tuvieron contacto alguno con ella.

Es cierto que en el escenario político regional las Fuerzas Armadas han vuelto a tomar protagonismo: Brasil, Chile, Venezuela, Bolivia¸ valgan como ejemplos. Pero la democracia argentina ha tenido el éxito suficiente para asegurar con creces que la conducción política de las Fuerzas ya no es materia de discusión. Que los ámbitos de reclutamiento y de formación, están enmarcados en las directivas nacionales; que las instituciones castrenses actuales y de reciente pasado, han dado muestras sobradas de respeto a los derechos humanos, participando activamente en su protección, principalmente en el derecho a la solidaridad de la población.

Grande fue el empeño de los gobiernos democráticos para reconvertir las Fuerzas Armadas en instituciones fieles a los valores permanentes y verdades profundas que deben guiar la vida de nuestra Nación. Sublevaciones, vestigios del pasado, que no mancharon a las actuales camadas, fueron obstáculos superados por Alfonsín y Menem, esfuerzos que sirvieron, creo yo, para tener hoy las Fuerzas Armadas más disciplinadas de la región.

A estos militares, elegidos en su totalidad por la democracia, es tiempo de hacerles sentir la confianza de la ciudadanía, el reconocimiento a su labor, sacrificio y lealtad. En los sables de sus máximos jefes, Alfonsín lo certifica.

Publicado en Parlamentario 2 de marzo de 2020.

Link https://www.parlamentario.com/2020/03/02/la-firma-de-alfonsin/