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Opinión 26 06 2021

La disyuntiva de hierro: Democracia o Autocracia


Autor: Leandro Pablo Vivo









“Somos la Unión Cívica Radical, la que alguna vez dijo Alem que era la causa de los desposeídos; la que Yrigoyen indicaba que debía luchar por la causa contra el régimen falaz y descreído; la Unión Cívica Radical también de Alvear que, en tiempos más fáciles, consolidó la democracia y en años duros, en 1936, incorporó a la plataforma la doctrina de la concepción social en el radicalismo. Somos también la Unión Cívica Radical que en tiempos más duros, cuando vivíamos en estado de sitio permanente, en tiempos de las negativas irreductibles, de las confrontaciones salvajes, cuando era imposible para un opositor acercarse a un micrófono, cuando había que afiliarse para tener un préstamo; somos la Unión Cívica Radical que salió con Ricardo Balbín, con Crisólogo Larralde, con Moisés Lebensohn, con Juan Carlos Pugliese, a defender las libertades públicas en la Argentina; somos la Unión Cívica Radical de Arturo Illia que trajo austeridad a la administración pública y terminó con la proscripción; somos la Unión Cívica Radical que el pueblo eligió en 1983 para encabezar la marcha de la consolidación de la democracia; somos la que envió a la Justicia a los militares que habían violado los derechos humanos; somos la que edificó de nuevo el Poder Judicial; la que reconstruyó el sistema educacional argentino; la que restableció la reforma universitaria; somos la Unión Cívica Radical que recuperó el prestigio internacional de la Nación porque, cuando iba el Presidente a cualquier foro internacional, no era aplaudido porque se llamara Raúl Alfonsín sino porque era el representante de la democracia recuperada de los argentinos; somos también la Unión Cívica Radical que, cuando creyó en peligro la posibilidad de consolidar para los tiempos la democracia, renunció a seis meses de gobierno para lograrla con certeza; siempre haciéndonos cargo de la Nación; siempre poniendo por delante la responsabilidad que tenemos con la Nación. Por eso, ahora, en tiempos duros de crisis, en tiempos difíciles, llamamos a todos para que no dejen su partido. Que  venga cada uno con su banderita partidaria pero, como en el ’83, les pedimos que la lleven un poquito más baja para que la enorme columna de la reparación nacional pueda ver a la celeste y blanca encabezando la marcha de los argentinos”, clamaba Raúl Alfonsín en aquel lejano 10 de mayo de 1995, al hablar en la Plaza de Mayo el acto de cierre de campaña del radicalismo de cara a las elecciones presidenciales de aquel año. Fueron algo más de tres minutos en los que el líder del radicalismo hizo una reivindicación de la Unión Cívica Radical, de cuyo nacimiento se cumplen hoy, 26 de junio, 130 años.

En ese repaso, Alfonsín aludía a las distintas circunstancias de la historia del país y a la actitud que había asumido su partido que, hoy defiende sus aciertos, asume sus errores y busca fortalecer su actuación en el seno de una coalición opositora que confronta con el gobierno del Presidente, Alberto Fernández, quien se exhibe refractario a corregir el rumbo de su gestión o bien carece de espacio para ello al compás del acoso político de su Vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner, cuya determinante influencia en el poder amplía las “negativas irreductibles” y las “confrontaciones salvajes”, de las que hablaba Alfonsín hace 26 años y que desde hace ya tiempo se resume en la “grieta” que el kirchnerismo no aparece inclinado a achicar sino a ensanchar como si ella fuese funcional a una política que podría quebrar el indiscutible origen democrático del gobierno y hacer que transite el camino hacia un régimen autocrático del que será víctima una sociedad que vive entre el dolor que provoca las muertes por el Covid-19 tanto como el terror a contraer el virus y, a la par, la preocupación por la pérdida de empleo, la inflación que corroe los bolsillos de los asalariados con el consecuente impacto en el plano social. La tentación del oficialismo por transformar al Congreso en una “escribanía” que convalide sus planes y ejercer un control de la Justicia coadyuva a exhibir una voluntad o la decisión de ir camino hacia una autocracia en la Argentina.