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23 07 2021

Impostura


Autor: Eduardo A. Moro









La historia de la humanidad muestra que el miedo y la esperanza generan algunas creencias que han sido causa de crueldades y falsos honores, sirviéndose deliberadamente de ficciones que se reconocen como tales.   

La impostura, que consiste en engañar con apariencia de verdad -al igual que el fraude- tienen siempre como autor a un gran impostor, un santón o una santona. La amenaza es el mal y la forma de escapar de él es la promesa salvadora.  

En política, voces  de líderes que envejecen en el poder, entusiasman con promesas bondadosas que –obviamente- distraen sus maniobras. Convencen que, ante desafíos complejos, el camino más rápido es la solución simplona. Su instrumento es el decisionismo del iluminado,  que produce sobre los demás la impresión de un dulce sueño regalado, fundado en la “justa  venganza” contra algún culpable. El círculo de la hechicería se cierra merced a la extendida aceptación de esa magia milagrera y su obediencia a ella.  

Contrariamente, la visión de índole social demócrata –no personalista ni salvífica- atiende al problema de la decisión, pero cree en llegar a ella a través de un sendero previo de colaboración crítica plural. Intenta establecer consensos graduales. Acepta que toda decisión es susceptible de modificarse- cuando las evidencias así lo aconsejan- según sus resultados. Su instrumental son los partidos políticos y otras formas de representación, con reglas de juego participativas. Enseña a cumplir con la ley para ser libres. Con frecuencia, la verdad duele y la mentira genera afectos. 

El fenómeno de la impostura para sensibilizar multitudes, ha sido irónicamente expuesto desde hace siglos, y de modo especial a partir de  un anónimo clandestino del siglo XVIII, llamado “El tratado de los tres impostores” (Ed. El cuenco de plata”, 2007). Sostiene el origen puramente humano y político de las grandes religiones creadas por obra de  lo que el tratado considera impostores. Se lo ha vinculado con el sentido libertario y rebelde de las disidencias de Baruch Spinoza y el precio feroz que debió pagar por ellas. Su pensamiento libre, independiente y natural, desconoció la autoridad de los custodios clericales de dogmas triunfantes.   

La impostura es cosa distinta a “La disimulación honesta” explicada por Torquato Accetto (1590-1640). Esta conducta refiere a  el discreto encanto de ocultar algunas cosas que no vale la pena traslucir, para evitar males mayores. No es lo mismo disimular gentilmente  algún asunto -cuyo conocimiento puede perjudicar a otros sin utilidad alguna para nadie- que simular tramposamente como verdad lo que se sabe falso, con fines deshonestos.   

El simulador avieso se justifica –patológicamente-,  dando por hecha la superioridad de sí mismo, de todo lo que piensa, de todo lo que dice y  de todo lo que hace.   

Por estos tiempos, atravesamos un desafío sanitario extraordinario que conmueve al mundo. Crecientes incertidumbres, violencias,  recomposiciones geopolíticas y estremecimientos ambientales universales. 

En la Argentina, sin olvidar las vacunas, cuarentenas, educación, economía y pobreza  creciente, hay una enorme fractura socio-política, que amenaza agravarse. Muchos creemos que –entre todos- debemos trabajar para la pacificación, el entendimiento y la articulación consensuada de un destino nacional compartido. Sin ello el futuro será aciago. Es “El nudo argentino” que nos paraliza, según Gerchunoff.  

Hasta el instinto de sobrevivencia, nos debe comprometer en la búsqueda de obrar con sinergia político-social, fenómeno estudiado en la teoría de sistemas. En su virtud, la acción positiva y conjunta de los varios factores de un medio complejo puede conseguir  resultados adicionales a los que se obtienen actuando separados o independientes. Su aforismo podría ejemplificarse de este modo:  articulados en conjunción de objetivos  y sentidos, uno más uno rinde más que dos.   

Preferimos no detallar la cadena de absurdos, contradicciones, silencios cómplices y falencias dañinas. Pero es necesario decir que quienes nos deberían guiar hacia el encuentro de los argentinos, por el contrario nos someten a vanaglorias grandilocuentes, gritos, amenazas, dudas o  teatralizaciones televisivas sobre la AMIA, Nisman, Irán, Cuba, Venezuela y Nicaragua.  Actualizan de manera subliminal la terrible acusación del viejo complot entre sionismo y capitalismo.  

Se alaba sin metáforas el padrinazgo  chino/ruso y se guarda lealtad  hacia las teocracias de los ayatollahs amigos. Antiguo recurso de los embaucadores: no existe nada que haga actuar a la multitud con mayor eficacia que la superstición.  

Analistas internacionales destacan las falencias de las democracias liberales occidentales. Se interrogan con relativismo si  los DDHH y  el ejercicio de libertades al modo en ellas vividas,  pueden -o no- seguir siendo considerados como aspiraciones universales. Tal como han sido entendidos desde  la creación y primeros pasos de la ONU. Recuerdan que autoritarismos políticos confesos, obtienen mejoras económicas y, pese a serlo, reciben la complacencia de sus pueblos. 

En esa línea, alguna vez citamos a Thomas Scanlon, especialista en “moralidad política” comparada entre los países. Scanlon  piensa que el sentido de legitimidad varía de una sociedad a otra, porque son sus pueblos los únicos legitimados para apreciar diferentes valores, y aceptar o no a sus gobiernos. El criterio sería entonces que no existen límites universales para el modo de ejercer el poder de cada gobierno, por cruel que pudiera ser. 

No lo dice Scanlon, pero siguiendo la línea del relativismo moral, y dada  la supuesta autorización  que sus pueblos brindan a los autoritarismos extremos,  habría entonces que disolver ACNUR, que es la Agencia de las Naciones Unidas para proteger a los refugiados de todo el mundo. 

A esta altura, vale la pena preguntarnos: ¿alguien recuerda a científicos, artistas, intelectuales, políticos, luchadores sociales, perseguidos, rebeldes o sobrevivientes de todo tipo, que -obligados a dejar sus patrias durante los últimos dos siglos- haya buscado o busque ahora refugio de sus desgracias en alguno de los oscuros imperios antes mencionados?  

¿Hacia dónde se dirigen en busca de auxilio y bienestar los millones de migrantes que muestran las pantallas del mundo? ¿Qué modo de relación  social desean para sus vidas? ¿Hacia dónde se encamina la Argentina?