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Opinión 06 12 2021

¿Hacia el “bicoalicionismo”? El futuro del sistema de partidos argentino


Autor: Fiona Wiefling









Las coaliciones se definen por ser acuerdos partidarios entre dos o más partidos para formar parte del Poder Ejecutivo y contar con apoyo legislativo en el Congreso. Facundo Cruz notó que, desde la década de 1990 y 2000, los países latinoamericanos se acostumbraron a construir coaliciones políticas, dado que había presidentes minoritarios que buscaban como solución a sus problemas ganar más apoyo legislativo para garantizarse gobernabilidad, poder implementar su agenda y evitar destituciones (como por ejemplo, por medio del juicio político).

Si bien la formación de coaliciones no es una novedad en la región, notamos que en Argentina en los últimos años –más bien, desde 2015 hacia la actualidad- esta tendencia se ha consolidado: pasamos de una alternancia entre partidos tradicionales (Partido Justicialista y Unión Cívica Radical) hacia una entre coaliciones de gobierno.

Un poco de historia

Abal Medina y Suárez Cao, al igual que Torre, nos sitúan cronológicamente en el año 2001, cuando el rechazo a los partidos tradicionales, que se manifestó en altas tasas de abstención y de votos nulos y en blanco, contribuyó a que el sistema de partidos se configure de forma más plural y orientada hacia los extremos. El sistema se fragmentó y polarizó, apareciendo nuevas fuerzas políticas que interactúan de maneras distintas a las que habíamos conocido hasta el momento.

La novedad para Clerici, Escolar y Cruz en este escenario fue la creciente territorialización y desnacionalización del sistema partidario dentro de una Argentina federal. Es decir, si la nacionalización implica que la competencia en el sistema de partidos es similar en distintos niveles del sistema político –tanto en sus distritos como a nivel subnacional y nacional-, la desnacionalización o territorialización hace que existan mayores divergencias entre los distritos, diferenciándose más los niveles subnacionales de los nacionales. En resumen, hay más partidos y menos nacionalizados, con gran fragmentación y dispersión partidaria –tanto en el Congreso como en la presidencia-. Es esta desnacionalización la que incentiva a los partidos a formar coaliciones.

Como argumentan De Luca y Malamud en La Nación, las coaliciones argentinas están conformadas por partidos que son en sí coaliciones. Consideraron que el partido nacional es el del presidente, y el resto son confederaciones de partidos provinciales. De hecho, los gobernadores o jefes partidarios no oficialistas pueden optar por desacatar a los líderes nacionales. Para ellos, es meritorio que, a pesar de tal fragmentación, se pueda construir un liderazgo a nivel país.

Cambiemos: la novedad de las presidenciales de 2015

De Luca y Malamud expresaron que, desde 1983, la mayoría de las elecciones presidenciales fueron ganadas por el PJ y, desde 2001, fue el partido que ha tenido mayor capacidad de recuperación ante la derrota. El radicalismo, por su parte, ha perdido base de apoyo. Hasta el año 2015, el PJ tenía más estabilidad electoral que la UCR.

A fines de 2015 nos encontramos ante el fin de los doce años de gobierno kirchnerista y el triunfo de una coalición de gobierno no peronista. El PRO, nacido en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y liderado por Macri, junto con la UCR y la Coalición Cívica formaron Cambiemos. Los cargos de presidente y vice fueron tomados por líderes del PRO, Mauricio Macri y Gabriela Michetti; la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, también pertenecía al PRO, al igual que el Jefe de Gobierno Porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Dada esta preponderancia en cargos ejecutivos, podríamos argumentar que el PRO se convierte en la cara de la coalición. La alternancia bipartidista tradicional se rompe con el advenimiento de una tercera fuerza de aparente anclaje local pero que, para De Luca y Malamud, logró extender su liderazgo hasta llegar a la nación. El PRO vino a romper con la histórica diarquía del sistema partidario argentino.

Ahora bien, los mismos autores en su nota para La Nación se encargan de hablar de la complejidad del funcionamiento de las coaliciones; no solo importan las negociaciones, concesiones y demás complicaciones, sino además el hecho de que Argentina es un país federal compuesto por 24 distritos, y eso hace que la marcha de Cambiemos se defina en base a tres modelos: primero, el cordobés, en que los radicales y el PRO presentaron listas que competían entre sí. Segundo, Mendoza y CABA: en el primer caso, gobernaban los radicales, mientras que en el último lo hacía el PRO. Tercero, el modelo bonaerense, al cual clasifican como el más exitoso. Vidal y Salvador compartieron la misma fórmula, pero dividieron sus funciones.

De 2019 en adelante, la fórmula Fernández-Fernández

El 10 de diciembre de 2019 asume la presidencia Alberto Fernández, con Cristina Fernández de Kirchner (CFK) (presidenta del país en dos ocasiones) de vice, conformando el Frente de Todos. María Esperanza Casullo y Andrés Malamud en El Diario AR consideran que el FdT es algo distinto a lo que usualmente se esperaba del peronismo. El peronismo tuvo un liderazgo que siempre fue verticalista, con figuras fuertes como la de Menem, Néstor Kirchner y CFK. Alberto rompe con esta regla, siendo el primer presidente peronista que no es un referente claro del peronismo; es más, no lidera ninguna de las tres patas que conforman a la coalición: ni la del kirchnerismo encarnado en CFK, ni la del massismo, ni la de los gobernadores.

Malamud y De Luca diferencian a Cambiemos de las coaliciones tradicionales –por ello optan por llamarla “frente electoral” antes que coalición de gobierno- ya que los candidatos se intercalan en las listas pero no en los gabinetes. El FdT, en cambio, sí se divide los gabinetes, en pos de mostrar un peronismo que se unió luego de años de estar dividido.

En efecto, ambas fórmulas triunfaron en su momento en tanto la territorialización y desnacionalización de la política fueron llevando progresivamente a las fuerzas partidarias argentinas a alinearse de otra manera, formando coaliciones de gobierno.

¿Existe un paralelismo entre la debacle electoral del peronismo en las elecciones legislativas de 2013 y 2021? Si bien tanto Cristina en 2013, como Alberto y el resto del FdT en 2021 sufrieron las consecuencias de perder gran parte del apoyo legislativo, el caso del 12 de septiembre de este año es distinto. Por más que el kirchnerismo en 2013 tuvo la peor derrota luego de 10 años en el gobierno, la preocupación de la presidenta de turno CFK no fue la misma que hoy en día como vice del FdT, y la razón de esto es que el peronismo en aquel entonces se mantuvo como la fuerza principal argentina frente a una oposición fragmentada. Hoy no pasa lo mismo, puesto que la oposición se halla unida en la figura de la coalición Juntos por el Cambio (que obtuvo un 40% de los votos), mientras que el oficialismo obtuvo un 31%.

Las generales del 14 de noviembre arrojaron un resultado un poco más favorable para el oficialismo, pero que no dejó de ser una pérdida: en cantidad de diputados se hallan parejos con la coalición opositora, y perdieron quórum en el Senado. JxC triunfó en trece provincias, frente a nueve del FdT. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se disminuyó la diferencia entre ambas fuerzas, por más que la lista no peronista haya superado ampliamente a la peronista (debemos destacar, además, una buena performance de terceras fuerzas como “La Libertad Avanza” de Javier Milei, y el “Frente de Izquierda” de Myriam Bregman). FdT logró asimismo dar vuelta los resultados en Chaco y Tierra del Fuego, y en Neuquén y Río Negro ambas coaliciones nacionales fueron desplazadas por fuerzas locales (el histórico “Movimiento Popular Neuquino” y “Juntos Somos Río Negro”, respectivamente).

Ahora bien, lo que empezó a verse con el Frente de Todos luego de los resultados devastadores de las PASO y generales (en las cuales perdieron el quórum en la Cámara de Senadore) fue un quiebre en el funcionamiento y estabilidad de la coalición. La coalición comienza a enfrentarse en su interior, llevando no solo a una redistribución de los cargos del Ejecutivo, sino a políticas de gobierno contradictorias con el rumbo que venían teniendo. La verdadera grieta se está dando entre albertismo y cristinismo, y aún no sabemos cómo (y si) esto va a revertirse en algún momento.

Una mirada hacia el futuro

Para Torre, en Argentina existe la peculiaridad de que las dos principales fuerzas políticas –PJ y UCR, antes de 2015- tienen escasa distancia ideológica entre sí, y en sí mismos contienen una variedad de colores políticos que van desde la izquierda hacia la derecha. Teniendo en cuenta esta diversidad al interior de ambas fuerzas, que constituyeron un bipartidismo sobre todo desde la vuelta de la democracia en 1983, sumada a la territorialización del sistema de partidos, vemos que hay una amplia variedad de tendencias ideológicas que se acentúa luego de la crisis del 2001.

Como ya vimos, la desnacionalización funciona como incentivo para la formación de coaliciones de gobierno ante un escenario de fragmentación del sistema partidario. La clave del liderazgo en coalición, visto en las últimas dos elecciones presidenciales argentinas, es unir fuerzas. Esta unión permite no solo ganar elecciones buscando aglutinar a distintos sectores sociales identificados con los partidos por separado, sino además sostenerse en el gobierno.

Las coaliciones sirvieron en un principio al radicalismo para continuar su relevancia a nivel subnacional y nacional, y luego al peronismo dividido para derrocar a la oposición e instaurar su gobierno en 2019. Más allá de las dificultades que acarrea acordar para conformar una coalición de gobierno, la ventaja fundamental que estas tienen es unir a distintos liderazgos para, en un principio, ganar elecciones, y luego, mantenerse en el poder. Queda por verse si el futuro del sistema de partidos argentino continúa con esta tendencia.


Bibliografía

Abal Medina, J.M. y Suárez Cao, J. (2003). “Análisis crítico del sistema electoral argentino. Evolución histórica y desempeño efectivo”. Revista de Ciencias Sociales N°14. Universidad Nacional de Quilmes. 121-150.

Casullo, M. E. y Malamud, A. (19 de septiembre de 2021). ¿Cómo queda parado el Frente de Todos como coalición tras la crisis interna?. El Diario AR. https://www.eldiarioar.com/opinion/queda-parado-frente-coalicion-crisis-interna_129_8314234.html

Clerici, P.(2015) “La creciente importancia de las alianzas electorales en un escenario de competencia territorializada. El caso argentino” Revista SAAP. Vol. 9, Nº 2, noviembre, 313-341.

Cruz, F. (2019). Construcción de coaliciones electorales en escenarios desnacionalizados: Un aporte teórico. Revista de estudios políticos, (184), 161-194.



Cruz, F. (2019). Dime qué armas y te diré qué eres:: construcción de coaliciones en Argentina, 1995-2015. Revista SAAP: Sociedad Argentina de Análisis Político, 13(2), 283-311.

Escolar, M. (2013) La ilusión unitaria. Política territorial y nacionalización política en Argentina. Revista SAAP Vol. 7, Nº 2, noviembre, 441-451.


Malamud, A. y De Luca, M. (2016). “¿Todo sigue igual que ayer? Continuidad y ruptura en el sistema de partidos argentino (1983-2015)”. En Freidenberg, F. (Editora), Los Sistemas de Partidos en América Latina, 1978-2015. Cono Sur y países andinos. Tomo 2, INE-UNAM, México.


Malamud, A. y De Luca, M. (30 de mayo de 2019). Una difícil conversión: de alianza electoral a coalición de gobierno. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/opinion/una-dificil-conversion-de-alianza-electoral-a-coalicion-de-gobierno-nid2252914/



Torre, J. C. (2003). Los huérfanos de la política de partidos Sobre los alcances y la naturaleza de la crisis de representación partidaria. Desarrollo económico, 647-665.

Torre, J. C. (2017). Los huérfanos de la política de partidos revisited. Revista SAAP: Sociedad Argentina de Análisis Político, 11(2), 241-249.