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Opinión 21 04 2021

Gobernar en gerundio: “vamos viendo”


Autor: Liliana De Riz









Si tuviera que definir en una sola frase el proceder de este administración bicéfala, diría que su modus operandi consiste en postergar problemas, dilatar soluciones, aplicar parches para evitar los desbordes de los que cayeron en la pobreza extrema y hoy están contenidos por los caudillos de la desesperación. Sabido es que esos intermediarios son piezas clave de esta ingeniería política.

Imprimir dinero en un estado en bancarrota es sostener la estrategia del “Vamos viendo sobre la marcha”. Si la tasa de inflación crece de manera exponencial, ya veremos; si se posterga sine die la negociación de la deuda, ya veremos; si se postergan las elecciones, iremos viendo, y si no hay vacunas, pues a quedarse en casa que ya veremos cuándo les dejaremos salir en nombre de la sacra cofradía de los infectólogos.

Por cierto, algunos de ellos muy preocupados por proveernos de los elementos necesarios para la sanitización de empresas, negocios, hogares. En este país nuestro, detrás de una necesidad, antes que un derecho ,se ha mostrado que las más de las veces, suele haber un hay un negocio.

¿Y las clases medias? Con esos sectores tan heterogéneos, la estrategia política se bifurca. Los que no dependen de este Estado y ven destruidas sus fuentes de trabajo, son sin duda el blanco predilecto de las medidas amenazantes: toque de queda, intervención de las FFAA y de las Fuerzas de seguridad en el AMBA.

Los otros, suponen que con ingresos provistos por el Estado aunque corroídos por la inflación, seguirán obedeciendo. No es seguro, pero es una apuesta más para convencerlos que si dependieran de una economía de mercado , ya estarían a la intemperie. Agitan el fantasma de un Macri que laboriosamente construyen cada día a su medida.

La amenaza de represión es el recurso último para atacar a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bastión de la resistencia a un peronismo que en sus diferentes ropajes siempre se mostró hostil a quienes pudieron mejorar sus niveles de vida sin someterse a la dádiva cuya contraparte es la obediencia debida.

Un territorio cosmopolita con una ciudadanía inquieta, siempre dispuesta a las novedades, más integrada al mundo mucho antes de que existieran las redes; más crítica y menos domesticable; más consciente de los cambios que trajo aparejado este siglo XXI como lo fue en siglos previos..un territorio de avanzada en el mundo cultural, moderno en una sociedad arcaica.

¿Será por eso que la ex presidente admira y castiga a los helechos que florecen en sus barrios? ¿Será por eso que se invade la autonomía de una jurisdicción con un decreto de necesidad y urgencia cuando hay un Congreso abierto inconsulto?

¿Cómo es que hemos llegado a esta situación de convertir en regla la arbitrariedad? Los argentinos solemos tener frágil memoria de las desgracias. Olvidamos que Menem se construyó un poder judicial adicto y en abril de 1990 aumentó por ley de cinco a nueve a los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Olvidamos que en agosto de 1989 fue removido el Procurador la Nación por presiones del gobierno y que fueron removidos por decretos presidenciales los miembros del Tribunal Nacional de Cuentas de la Nación y de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas. Menem revolucionó la vida de los argentinos, pudimos tener teléfono, un lujo antes inalcanzable para las clases medias, pero el precio pagado fue muy alto. Nada nuevo nos pasa en esta asonada contra el poder judicial independiente ni en el ninguneo del poder legislativo.

Tampoco en la larga década kirchnerista que convirtió al Congreso nacional en una escribanía y no dudó en avanzar todo lo que pudo contra la justicia independiente. Sin embargo, cuatro décadas no pasan en vano pese a nuestra testadura resistencia a aprender de los errores. Hoy la vocación hegemónica de los que mandan choca contra una oposición competitiva que resiste a fragmentarse y ser destruida. Resentimientos de larga data nutren a un oficialismo que no vacila en avanzar sin transar , pero que encuentra a una sociedad mucha más cohesionada alrededor de la defensa de sus derechos y, sobre todo, del derecho a tener derechos que no sean conculcados por la voracidad de quienes ocasionalmente ocupan el poder.

Un presidente que duda, dice y se contradice, contagiado pese a la doble vacunación para espanto de Putin, proveedor de escasos contingentes de vacunas; un presidente furioso y frágil a la vez. Un presidente al que sólo caben los gerundios, ese tiempo verbal que puede ser adjetivo también, pero que da idea de simultaneidad allí donde no la hay. Estamos viendo, estarán llegando las vacunas, estamos cuidando, protegiendo, esperando esperar, prometiendo prometer, He vivido en México, país al que agradezco su hospitalidad y del que he aprendido mucho . Allí, el presente continuo es la norma. “Nos estamos viendo” eterniza el tiempo del encuentro.

Siempre “nos vemos” con los cariños aunque estén lejos. Aquí se eterniza el tiempo de la dilación, el tiempo que nos hunde en un presente sin futuro, el tiempo que nos condena a que el único futuro esté en un pasado que ya no volverá porque no podremos encontrarnos con nuestros muertos.

Publicado en Clarín el 20 de abril de 2021.

Link https://www.clarin.com/opinion/gobernar-gerundio-vamos-viendo-_0_1PJlXl8hz.html