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Opinión 30 08 2020

El trigo, la paja y la pandemia


Autor: Yanina Welp









Como anillo al dedo. Así le calza la pandemia a la permanente e insomne carrera de titulares alimentados por likes y retuits. La covid-19 genera miedo a la enfermedad y preocupa y ocupa porque las medidas tomadas para suprimir el virus afectan la economía, la educación y el trabajo, también la democracia, la política, la convivencia y la salud mental.

Desde marzo hasta hoy, unos números no exentos de controversias (¿cómo y quién cuenta qué y para qué?) avalan la identificación de casos de éxito y fracaso. Por pereza intelectual o porque vende mejor, predomina la explicación por una causa única: sea lo buena que es Jacinda Arden, la primera ministra de Nueva Zelanda, o lo malo que es Donald Trump; el papel otorgado a los expertos (esa entelequia) o a la “unidad nacional” (otra entelequia). El análisis comparado permite extraer lecciones de corto y medio plazo.

Primera, el liderazgo es clave, pero no alcanza. Dramática lección que deja Perú. El presidente Martín Vizcarra se rodeó de expertos, se ocupó de comunicar con claridad y empatía, destinó fondos a ayudas sociales para la población desfavorecida, se compraron tests, se invirtió en salud. Pero los contagios y muertes están disparados. Perú registra más muertos por cien mil habitantes que Brasil.

Segunda: sin capacidades estatales poco se puede hacer. Un sistema de salud y un aparato burocrático con despliegue en el territorio no se crean de un día para el otro y sin ellos no se puede atender a la población.

Tercera, una comunicación clara y coordinada es clave. Bolsonaro y Trump lo ejemplifican en negativo: donde hay líderes negacionistas el cumplimiento de las recomendaciones es menor. Peor, cuando usar o no tapabocas se vuelve una cuestión de ser de derechas o de izquierdas estamos perdidos. La confusión es mayúscula si el ministro de Salud dice una cosa y el Presidente la contraria.

Cuarta, no era la salud vs la economía. El distanciamiento social previene el contagio pero tiene grados (en un extremo cerrarlo todo, en el otro sólo prohibir eventos públicos masivos, como ocurre en este momento en Uruguay). En el medio plazo sólo puede funcionar asociado a otras políticas: preparar el sistema de salud y generar un sistema de testeo y rastreo de contagios. La economía se ha visto afectada en todas partes y lo que al final del día ha diferenciado entre casos como Reino Unido, Suecia o Brasil, que originalmente se negaron al lockdown ha sido la comunicación: si en lugar de mirar la fecha en que se toman decisiones se la confronta con el número de contagios y muertes que había al momento de establecer el confinamiento, Reino Unido no se diferencia mucho de España.

Por eso, quinta lección, cuidado con los datos. Ya es parte del refranero de las ciencias sociales esto de que si torturas a los datos suficientemente al final confiesan... Nadie quiere salir mal parado, ni los gobiernos ni las oposiciones ni mucho menos la ciudadanía. Pero qué significa salir bien parado varía para unos y otros.

Menos en Nueva Zelanda y algunos países asiáticos, esto va de mal a peor en todas partes. Y el bombardeo de datos se tira desde las trincheras de la polarización. Las estadísticas deben alimentar las políticas públicas, no el odio, para eso conviene separar la paja del trigo. Última, la vacuna no acaba con el problema, sólo lo cambia de nivel, y hay elementos para pensar que dará otra estocada al multilateralismo y tendrá consecuencias geopolíticas de calado. 

Publicado en Clarín el 29 de agosto de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/trigo-paja-pandemia_0_8gwhvQwI6.html