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Opinión 31 03 2020

El mundo está en alerta


Autor: Jorge Augusto Cuello









La sociedad del post coronavirus.

La situación de emergencia que vive la humanidad en estos momentos está enmarcada en una pandemia que ha impactado drásticamente a nivel mundial por la cantidad de países y personas afectadas por este virus que tuvo su origen en China en el mes de diciembre de 2019 y que en solo tres meses se propago por casi todas partes del planeta poniendo en riesgo la salud y la vida de miles de personas. 

Frente a esta situación, los países adoptaron diferentes acciones no solo en las formas sino también en cuanto a la oportunidad de las respuestas. En China, donde se originó el virus que está poniendo en vilo a la sociedad planetaria, se tomaron rápidamente medidas drásticas de aislamiento y control de la ciudadanía y con la ayuda de las abultadas arcas estatales se financiaron las acciones necesarias para erradicar en menos de tres meses el peligro para su población. 

Mientras el gigante asiático se reponía de esta malaria el coronavirus viajaba por todas partes del mundo a través de los aviones y pasajeros que los llevaban de un lugar a otro y la falta de respuestas inmediatas de los estados genero estragos con su propagación en países europeos como Italia y España o bien en el propio Estados Unidos que junto a otros países del continente americano como México y Brasil se niegan a tomar medidas que impliquen ponerles freno a sus maquinarias económicas.  

En el caso de la Argentina, la decisión política de establecer primero un estado de cuarentena para ciertas personas sospechosas de tener el virus y para los sectores en riesgo por la edad o problemas de salud vino seguida luego del aislamiento social preventivo y obligatorio y el cierre de las fronteras nacionales junto a otras medidas sanitarias, sociales y económicas. Este fue el camino elegido en líneas generales por el gobierno nacional para afrontar esta crisis con el aval y compromiso de los gobernadores de diferentes extracciones partidarias y el jefe de gobierno porteño. 

Esta conmoción internacional, bien podría ser un claro ejemplo de aquel dicho que dice que el aleteo de una mariposa puede generar un tsunami en otra parte del planeta. Y en cierta forma, esto fue prácticamente así con la diferencia de que el tsunami provocado por esta pandemia no tuvo impactos focalizados en un país o región sino que se extendió por todas partes sin reconocer límites ni fronteras políticas. 

A las consecuencias aún del todo desconocidas en cuanto a la cantidad de personas afectadas con el virus y los impactos sociales y económicos inmediatos que traerá aparejado en líneas generales a nivel mundial el coronavirus debemos sumarle los grandes cambios que se avecinan en a mediano y largo plazo en el futuro cuando la aldea global se calme y logre superar al enemigo invisible. 

Se suele decir que las crisis son oportunidades y que cuando ellas afloran se deben tomar decisiones porque si no ellas se ocupan de decidir por nosotros.  Frente a este flagelo, sin dudas, muchas cosas no volverán a ser como antes y habrá que ver como la humanidad lo procesa. Un nuevo cambio de paradigma en la organización política, económica, social y ambiental en todas partes del mundo estará incubándose mientras el coronavirus avanza y habrá que pensar y analizar los destinos de una sociedad global que está mutando frente a esta crítica situación. 

Entre otras cosas, se deberá modificar y mejorar las formas de producción y comercialización de los alimentos que consumimos a diario empezando por China donde esta pandemia tuvo su origen según versiones oficiales en un mercado de Wuhan. Se tendrá que planificar un uso inteligente de los recursos naturales para disminuir los impactos negativos que la producción de alimentos y otros bienes y servicios provocan en el medio ambiente y la salud de las personas. Y en materia alimentaria, además, habrá que poner en marcha en forma urgente una cruzada mundial contra el hambre asegurando el acceso en cantidad y calidad a toda la población mundial. 

Sin dudas, existirá una revalorización por parte de las sociedades acerca de la importancia de contar con sistemas de salud adecuados. Y esto obligará a los estados a aumentar los recursos con este fin no solo para dotarlos de infraestructura sino fundamentalmente para diseñar estrategias nacionales de formación de profesionales y técnicos para la prevención y la gestión de los sistemas de la salud. Hay muchas enfermedades que pueden evitarse cambiando hábitos y destinando los recursos necesarios con los aportes que los ciudadanos hacen al estado y las empresas privadas prestadores de servicios públicos. 

Un aspecto fundamental socio-ambiental, está vinculado al gran desafío que tiene hoy la humanidad en relación al acceso al agua potable, un derecho humano reconocido por las Naciones Unidas en el año 2010. El cuerpo humano está compuesto en un 70% por agua y en consecuencia el agua que bebamos repercutirá sobre la salud de las personas. Además, es fundamental para la higiene personal, cocinar y el funcionamiento de los servicios sanitarios. En el mundo, mueren millones de personas por enfermedades causadas por consumo de agua no segura y o no tener acceso en cantidades suficientes siendo esta una tarea urgente que debemos encarar para erradicar este problema de la faz de la tierra. 

En materia energética, debemos transformar la matriz internacional basada en la producción, comercialización y consumo de combustibles fósiles y avanzar hacia una sociedad global de bajas emisiones en carbono para hacer frente al cambio climático que amenaza al planeta y lentamente o de golpe a nuestra propia especie humana. Y se deberá dar impulso a las fuentes limpias y renovables como el sol, el viento o el movimiento de las olas aprovechando para su desarrollo los recursos energéticos hoy disponibles.   

Será también, una oportunidad para replantear de que manera los viejos sistemas de enseñanza se adaptan a los cambios tecnológicos de la era digital y llevarlas a las aulas. Existen hoy en este campo, numerosos ejemplos y experiencias en todo el mundo sobre las soluciones que la informática provee para derribar fronteras educativas. Un estudiante puede hacer hoy sin moverse de su casa a través de la educación a distancia una materia en una escuela o universidad que a esta a cientos o miles de kilómetros. Al mismo tiempo, los docentes y profesionales pueden exportar conocimientos ofreciendo cursos en el exterior y generar divisas para sus respectivos países. 

Pero en materia educativa, no solo se trata de dotar de infraestructura, equipamiento y tecnologías sino también de educar en valores y formar a las personas con herramientas para relacionarse con el mundo exterior. La búsqueda de una sociedad más igualitaria, pacífica, empática, solidaria y amigable con la naturaleza debe estar al tope de las transformaciones educativas y la preparación de los jóvenes para los empleos del futuro deberá ser también prioritario. 

Sumando a ello, la importancia del desarrollo científico y tecnológico, la creación de mecanismos de libre acceso a determinadas patentes y el impulso a plataformas colaborativas entre empresas privadas, el estado, las universidades y los centros de investigación en áreas claves y críticos para la salud de la población mundial. 

En términos políticos, se deben establecer relaciones pacíficas entre las naciones para generar un cambio cultural a nivel global. Y poner en marcha mecanismos para la aplicación del principio del derecho internacional de responsabilidades comunes pero diferenciadas donde los que más tienen más paguen. Se deben tender puentes de solidaridad y no de competencia entre los países dejando atrás las épocas de las cuantiosas sumas destinadas a financiar la industria armamentística y orientarlas a enfrentar los desafíos más urgentes de nuestra casa común. 

Sin dudas, habrá que esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en esta era en donde la sociedad se encuentra más globalizada e intercontectada que nunca en la historia de la humanidad. En lo inmediato, se están tomando medidas para enfrentar la crisis y la emergencia. Pero mientras tanto, tenemos la obligación de ocuparnos y preocuparnos por el post-coronavirus imaginando escenarios, posibilidades y salidas para construir la sociedad del futuro.