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01 01 2021

El metodo Obama


Autor: Luis Quevedo









Una tierra prometida, primera parte de las memorias de Barak Obama (Debate) , son un fascinante itinerario no sólo por la historia reciente de los Estados Unidos y del Mundo, sino también por la política misma. La cálida, cercana y exquisita narración del ex presidente permite descifrar las claves del “método Obama”. O algunas de ellas que, a no dudar, han constituido el epicentro de su vida política. Entre muchos, rescato lo que a mi juicio son cinco aspectos centrales de su método.

Las palabras

La prosa de Obama va de la mano con su manera de entender y hacer política, son inescindibles:  prolija, argumentativa, cuidadosamente precisa, casi natural, simple y florida, muy florida, tan florida que cuenta que “me costó mucho ganarse la confianza de Ángela Merkel, porque son célebres sus suspicacias ante los arrebatos emocionales y la retórica florida”.

Se detiene en su relación con el lenguaje en forma constante. Lo analiza, vuelve una y otra vez sobre cada vocablo. Cumplir la palabra es cumplir los compromisos. 

En plena campaña  cavila: ¿Porqué lo dije de esta manera? Pudiera haberlo hecho mejor. Hace un minucioso control de daños. “Tu problema es que sigues intentando responder a la pregunta”, insistían sus colaboradores. Apréndelo Barak, “la respuesta más efectiva es la que provoca una emoción o produce la identificación del votante”. “Bobby Kennedy no era tanto lo que hacía, sino lo que te hacía sentir”.

Para él las palabras son señales y el diálogo es construcción. Como contra  ejemplo   allí está Sarah Palin: “una artista innata, una obra maestra del populismo simplón con acertadas ocurrencias, que cuando la dejaban hablar no tenía ninguna idea respecto de la complejidad democrática, era una niña que trata de salir del paso en un examen para el que no había estudiado”. Pero generaba emociones.

La construcción del discurso político (los discursos políticos) es una referencia constante a lo largo del texto. “¿Más prosa que poesía? ¿Crítica contundente a las políticas republicanas y recuento de pasos específicos para dar? Todo sin que suene demasiado largo, seco o partidista”. “¿Un discurso de transpiración o de inspiración?” Respecto a su discurso de investidura: “intenté trazar una imagen franca de nuestras circunstancias, despojándola un poco de la retórica idealista para favorecer una llamada a la responsabilidad y al esfuerzo común frente  a los enormes desafíos que nos aguardaban”.

Miradas múltiples

Por lo general cualquier problema tiene dos posiciones, Obama vislumbra al menos cuatro. Nada es tan blanco ni tan negro como para rechazar otros tonos. Un inconveniente para las campañas, “te vas por las ramas Barak”; pero una ventaja a la hora de alcanzar consensos, acercar posiciones diferentes, articular puntos medios comunes. Los matices son muy útiles para explorar semejanzas y superar diferencias.

“Para ayudarme a escribir discursos recluté al enorme talento de Ben Rhoden, de 31 años, me conectaba con mi lado más juvenil e idealista”. Experiencia y juventud, lo pasado y lo por venir. Condición para cualquier equipo.

La conformación de elencos de trabajo, de campañas o de gobierno, ocupa un espacio importante en el libro. Agudo observador de las formas y las formaciones intelectuales, el Presidente se revela como un gran seleccionador. Explica la búsqueda de equilibrios como si se tratara del armado de una orquesta sinfónica. Es que “la Democracia demuestra ser más un coro que una actuación en solitario”.

Al paso, nos obsequia un sinnúmero de retratos y descripciones de sus propios colaboradores, de opositores y también, por supuesto, de los líderes del mundo (las descripciones políticas con que Obama ilustra sus recuerdos están cargadas de indagación y literatura). Los plasma física, intelectual y temperamentalmente, analiza sus lenguajes corporales y sus énfasis semánticos.  

Voces discrepantes

Se rodeó de inteligencia, talento y entusiasmo. Es que “el entusiasmo suele suplir muchas carencias”. Naturalmente uno tiende a rodearse de quienes piensan igual, comparten los mismos ideales e, incluso, provienen de los mismos ámbitos. Pero para Obama resulta muy importante tener al menos una voz discrepante en la sala, “nos hacía reflexionar más a todos sobre los problemas,  y me percaté de que se sentían más libres expresando sus opiniones cuando esa voz discrepante no era la mía”. Fue Joe Biden quien a menudo cumplía el rol de la voz discordante, especialmente en temas internacionales.

La perseverancia

Obama llevaba varios años como Senador en Springfield, la legislatura distrital lo aleja de la familia cuatro días por semana , descuida su Estudio, aumentan las deudas, se tornan habituales las discusiones con Michelle, no alcanza los fines que busca, las modificaciones que logra para mejorar la vida de las personas son módicas. Un día Michelle le propone cenar a solas, tenemos que hablar. Plantea el tema, las cosas van muy mal, “siento que estoy haciendo todo sola ¿Merece la pena? ¿No será suficiente ya?”.  “Tienes razón, Michelle, no es suficiente, tengo que ir por un cargo a nivel federal, sólo así podré conseguir cambios significativos”.

En 2000 pierde la elección para la Cámara de Representantes por 30 puntos de diferencia. Barak se lame las heridas e insiste. En 2004 se presenta para el Senado y gana por más de 45 puntos de diferencia, el mayor margen en una elección de senadores en el estado de Illinois.

La perseverancia suele confundirse con tosudez. No rendirse es la clave. En 2010 pierde las elecciones intermedias: “Tal como yo lo veía las elecciones no demostraban que nuestra agenda estuviese equivocada, sino simplemente que ya fuere por falta de talento, de astucia, de capacidad de seducción o de buena fortuna, había sido incapaz de aglutinar al país”. El trabajo más importante suele ser el que pasa desapercibido para la gente. Cuando las cosas van mal a nadie le importa que hubiesen podido ir peor.

El sentido de la política

Estas memorias son un diálogo introspectivo con los estímulos del pensamiento y la acción política. ¿Porqué hacer política? ¿Estoy consiguiendo los objetivos que me inspiraron? ¿Doy todo lo que puedo? ¿Estoy a la altura de mis propios ideales? ¿Cuánto de arrogancia hay en mis decisiones?

No sólo le preocupan los asuntos públicos, también lo inquieta el debilitamiento de las barreras de decoro que alguna vez habían regulado la política.  A su juicio en las elecciones de 2008 ya anidaba el germen populista, sabía muy poco de Trump en ese entonces pero “lo que sí sabía es que Trump era un espectáculo y en los Estados Unidos el espectáculo es una forma de poder”.

Se había metido en política para ayudar a que los niños recibieran mejor educación, para conseguir que las familias tuvieran asistencia médica, para que los países pobres cultivaran más alimentos, para reducir desigualdades, para dar seguridad ante el terrorismo internacional, para desarrollar fuentes energéticas no contaminantes, ésa era la clave de poder con la que medía sus logros. La política como una herramienta, “ser como un caballo de tiro, no de exhibición, ese es mi objetivo”.

Obama se revela afortunado, aunque tuvo que lidiar con la crisis económica de 2008, le resultaba difícil quejarse de una mala mano, “el pueblo estadounidense difícilmente se hubiera atrevido a elegirme si la situación no hubiera estado fuera de control”.

Su convicción y apasionada intensidad para generar proyectos y posibilidades chocaba a menudo con acusaciones por flaquezas a la hora de negociar:  “Yo era un reformista, conservador de temperamento, aunque mi visión política no lo fuera, corresponde a otros juzgar si estaba demostrando sabiduría o debilidad”.

El episodio conocido como “Capitán Phillips” en el que unos piratas somalíes secuestran un buque de carga produce una dolorosa y desangelada reflexión: “Esos jóvenes eran peligrosos, muchas veces intencionada y despreocupadamente crueles. En conjunto, al menos, quería salvarles de alguna manera, hacer que fueran a la escuela, darles un oficio, vaciarles del odio con el que les habían llenado la cabeza. Sin embargo, el mundo del que ellos formaban parte y la maquinaria que yo dirigía me llevaba, con más frecuencia a matarles”.

“El mundo es complicado, Bar, por eso es interesante”, escuchaba de su madre cuando era niño.

EL primer tomo de las memoria de Obama tiene 910 páginas. No hay una sola mención a la Argentina. Ni siquiera cuando narra su primer G20 en Londres, momento en el que repasa detalladamente a líderes y bloques regionales. Continuará.

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