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Opinión 06 03 2021

El kirchnerismo y su fijación contra la Justicia


Autor: Alejandra Lordén









Desde diciembre de 2019 venimos reclamándole al oficialismo un plan de gobierno. Finalmente el día llegó, aunque claro, no de la forma esperada. El discurso de Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa fue la confirmación categórica de que el control del Poder Judicial es la idea madre del Gobierno. Alrededor de ese único eje transversal orbitan todas sus acciones y movimientos.

El 1° de marzo era la oportunidad ideal para retomar la iniciativa y hacer un mea culpa sincero por el escándalo del vacunatorio vip, pero terminó siendo el entierro definitivo de la imagen por momentos conciliadora y moderada del presidente. Para ganar las elecciones buscaron ampliar el caudal de votos templando el mensaje; para cosechar impunidad y acumular poder optan por intensificar las tensiones y apoyarse en los sectores intransigentes del Frente de Todos.

Las consecuencias del contenido y del tono del mensaje del Presidente son muchas y muy diversas. Está claro que la sumisión a los deseos de Cristina no es gratuita. Habría que preguntarle al ministro Guzmán los costos de las acusaciones al FMI, justo cuando se encuentra preparando una misión a Washington para comenzar el proceso de renegociación de la deuda.

En todo caso se verifica una vez más el desinterés total por el futuro y el desarrollo sostenible del país, viejo axioma del populismo. Lo que importa es salvarse hoy.

Hay un aspecto muy importante de todo este lío que no quiero pasar por alto. En línea con las palabras del obediente Alberto F., un par de días después en la audiencia por la causa del dólar futuro, Cristina manifestó que fue el Poder Judicial quien permitió que Cambiemos ganara en 2015. También Kicillof argumentó en ese sentido. Hasta Boudou (pequeño recordatorio: primer vicepresidente condenado por corrupción de la historia) salió a apoyar la teoría del lawfare.

¿Qué hay detrás de estas afirmaciones? El rechazo del Gobierno a aceptar que hay millones de argentinos que no están dispuestos a tolerar que perviertan la división de poderes. Arrinconan a jueces y fiscales y atentan contra la democracia porque —víctimas de su propio relato— únicamente creen en ella cuando ganan y los números les cierran. Gestionan, declaran y actúan como si la Constitución fuera un manuscrito de museo y tuvieran la potestad divina de moldear la forma de gobierno a su antojo.

El pedido explícito de Alberto F. para que el Congreso controle a la Justicia, las amenazas a la Corte y el aviso de que el próximo objetivo es el Consejo de la Magistratura (además de los proyectos de reforma judicial y del Ministerio Público Fiscal que ya cuentan con media sanción) configuran una coyuntura compleja y desafiante para el radicalismo y sus aliados de Juntos por el Cambio.

La tarea imprescindible de contención frente a la pretensión totalizadora del Gobierno no puede implicar que resignemos nuestra voluntad de construir otra Argentina. Precisamente lo que buscan ellos es limitar a la oposición a un plano exclusivamente defensivo y así desdibujar nuestra propuesta de transformación y unión del país.

Muchos de los volantazos y las vacilaciones del oficialismo se explican porque tienen claro que cualquier debate sobre el futuro lo tienen perdido. Los cultores del despilfarro de recursos públicos y del facilismo económico no tienen nada nuevo para decirles a los jóvenes que quieren concretar sus proyectos fuera de la Argentina. Los desorienta mirar para adelante, así de simple.

No vamos a colgarnos del arco mientras nos pelotean los que quieren controlar todo para que nada cambie. Seguiremos jugando fuerte para representar a todos los ciudadanos que quieren un país con tribunales independientes y con funcionarios que rindan cuentas.

Publicado en Clarín el 6 de marzo de 2021.