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09 05 2020

El Día de la Victoria


Autor: Alejandro Garvie









El Día de la Victoria

Los 9 de mayo de cada año se celebra en Rusia y en los expaíses de la Unión Soviética el Día de la Victoria, la jornada de 1945 en la que los nazis alemanes pusieron en rigor su capitulación firmada el día anterior ante el Mariscal del Ejército Rojo Gueorgui Zhúkov. ¿Qué significa hoy?

En esta fecha, los rusos guardan un minuto de silencio en honor a los caídos en las batallas de lo que ellos denominan la Gran Guerra Patria. En ella se recuerda la muerte de más de 20 millones de víctimas entre militares y la población civil. A las siete de la noche la televisión y la radio públicas comienzan la transmisión simultánea. Se ven imágenes del Fuego Eterno y se escucha el carillón del Kremlin. El presentador dice unas palabras en recuerdo de los mártires. La voz y la música se interrumpen y el país queda cubierto por un manto de silencio.

Un enorme desfile militar en Moscú y otras grandes ciudades sirve para mostrar a propios y ajenos su poderío militar, manifestaciones que son acompañadas por 1 de cada 6 ciudadanos de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de diferentes ideas políticas y religiosas.

Pero esto no siempre fue así. A Ioshef Stalin no le gustaban las conmemoraciones que pudieran poner en cabeza de algunos de sus generales, honores y loas que los enaltecieran demasiado como para que se animaran a hacerle algún planteo. El temible georgiano, mantuvo las celebraciones discretas. El primer gobernante soviético con el que se comenzó a celebrar el Día de la Victoria, tal como describimos al inicio, a nivel estatal y en todo el país fue Leonid Brézhnev, en 1965, y el último desfile soviético se celebró en 1990. Luego de la implosión de la URSS, durante los primeros años, no hubo ninguno.

La tradición se retomó en 1995 y adquirió la importancia litúrgica actual durante la primera década de este siglo, impulsada por la centralidad que Vladimir Putin dio a este evento como forma de cimentar el culto a su liderazgo y a la construcción mitológica de una Gran Rusia que abreva en la tradición zarista, la revolución soviética y la Iglesia Ortodoxa rusa.

La crisis pandémica actual obligó a reemplazarlo por un modesto desfile aéreo. El aplazo fue una dura decisión porque el 75 aniversario iba a ser más imponente que nunca. El acto central estuvo protagonizado por un sombrío Putin que dejó un ramo de rosas rojas en el monumento de la Llama Eterna, al otro lado del muro del Kremlin, en una plaza casi vacía.

Desde sus hogares los rusos siguieron las imágenes y realizaron la reunión anual del llamado Regimiento Inmortal, en forma virtual. Normalmente, millones de personas en Rusia desfilan con retratos de familiares que lucharon en la Segunda Guerra Mundial, esta vez fue una “Marcha en línea” transmitida de oeste a este de Rusia, en forma gradual.

Sólo en Bielorrusia, donde el presidente Alexander Lukashenko continúa negando que el coronavirus sea una amenaza nacional, se habilitó el desfile en Minsk, al Lukashenko asistió con uniforme militar, diciendo que era inaceptable que el país pensara en cancelar el evento. Rusia está en el quinto lugar de países más infectados por la pandemia.

El historiador Dmitri Andréyev, señala que el Día de la Victoria es importante porque es uno de los pocos elementos realmente cohesionadores de una sociedad que ha sufrido muchos cambios y que alberga una inmensa diversidad.

Es evidente que para Breshnev la celebración significó – tanto como para la China comunista – una forma de mostrar el poderío misilístico y convencional en tiempos de la Guerra Fría. Otro tanto ha hecho Putin, cuando en el desfile del año pasado mostró tecnología militar de última generación, originando con esto algunas dudas sobre su real existencia.

¿Podría el próximo desfile cambiar las armas de destrucción masiva, o selectiva, por otros elementos que apelen a la unidad rusa sin referirla a la amenaza hacia los otros? Si la pandemia lo permite y si el dolor que deje a su paso, como la Segunda Guerra Mundial, no llama a la reflexión a líderes mundiales como Putin, poco habremos aprendido de tanto sufrimiento.