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28 10 2020

El aroma de la tierra purpúrea


Autor: Alejandro Garvie









Julio M. Sanguinetti y José Mujica, ambos adversarios políticos y ex presidentes del Uruguay renunciaron a sus bancas de senadores para dar un ejemplo de convivencia democrática en un mundo donde escasean los gestos de armonía política.

“No puedo creer que si este país hubiera sido conquistado y recolonizado por Inglaterra, y si cuanto en él está torcido hubiera sido enderezado de acuerdo a nuestras ideas, mi relación con la gente hubiera tenido el aroma silvestre y delicioso que encontré en ella. Y si ese aroma característico no pudiera poseerse al mismo tiempo que la prosperidad material resultante de la energía anglosajona, yo expresaría el deseo de que esta tierra nunca la conozca”. Este pasaje de “La tierra purpúrea”, una obra muy valorada en Uruguay, publicada en 1885 por nuestro Guillermo E. Hudson, parece una premonición y marca la percepción de una singularidad original de este tozudo país.

La renuncia a sus bancas de los senadores se inscribe en esta atmósfera de país bucólico, de escasa movilidad social, cuya población no crece –hace 30 años que los uruguayos detuvieron la cuenta en millones-, y que ha conocido la cohesión interna más por las múltiples amenazas externas que por el arreglo de sus asuntos fronteras adentro. Su estructura económica agroexportadora –hay 4 vacas por cada uruguayo– y los limitantes energéticos hacen de la ex provincia Cisplatina un país sin industrialización y muy caro que expulsa a muchos ciudadanos al exilio.  

En este marco, el funcionamiento de las instituciones democráticas –ejemplar hasta el golpe de estado de 1973– está consolidado bajo la premisa de no tocar esa estructura social y productiva. Quince años de gobierno del Frente Amplio así lo atestiguan. De modo que la despedida de Sanguinetti, del Partido Colorado y de gran trabajo en la recuperación de la democracia en 1985 con el apoyo de Raúl Alfonsín como faro en la región; y de José Mujica del Movimiento de Participación Popular –integrante del Frente Amplio-, un ex guerrillero convencido de la inutilidad de la violencia para establecer cambios políticos, debería verse en esta escenografía, titulada por los medios locales como “Gesto único”, “Reflejo de la democracia” o “día histórico”.

Luego de que los colegas hicieran alegatos elogiosos a ambos líderes políticos, Mujica tomó la palabra para despedirse: “Me voy porque me está echando la pandemia”, en referencia a que la política se hace en la calle, con la gente, y el distanciamiento social impuesto por su débil salud le impide ejercerla plenamente. Y se refirió al ex senador Alejandro Atchugarry del Partido Colorado –fallecido en 2017- como un epítome, un político que resumía todo lo bueno de sus colegas: “Lo quiero simbolizar en uno, que se sentaba en esta butaca: Atchugarry. Liberal de marca mayor. No un liberal en la economía. En la humanística supimos ser adversarios sin una ofensa. Cuando fui ministro me llamó y me dijo: Pepe ten cuidado con esto, esto y esto y cuando vayas a firmar un papel fijate que lo haya revisado un abogado de oficio. Cuando se enteró que teníamos contradicciones en nuestro gobierno me llamó. Un hombre de categoría superior que no está entre nosotros y lo quiero nombrar como un símbolo de la bonhomía”.

También se ocupó de reforzar el clima de unidad política, denostando al odio como motor político, basado en su experiencia: “Me ha pasado de todo en la vida, estar seis meses atado con alambre con las manos en la espalda, irme de cuerpo por estar en un camión, estar dos años sin que me llevaban a bañarme y tener que bañarme con una taza. He pasado de todo, pero no le tengo odio a nadie y le quiero transmitir a los jóvenes que triunfar en la vida no es ganar sino levantarse cada vez que uno cae”. Con la campechanía de siempre terminó de hablar para recibir un cálido aplauso.

Sanguinetti tomó la palabra para agradecer los términos elogiosos de sus colegas y, en una línea más institucional, rescató el rol central e irremplazable de los partidos políticos, lo efímero de la influencia de las redes sociales y la crisis de representatividad como amenazas de un mundo cada vez más intrincado: “Vivimos tiempos complejos. El ciudadano se siente representado por sí mismo. El concepto de representación política hoy está en crisis. El ciudadano hace un Facebook y con eso cree que es partícipe de un diálogo universal. Más que nunca debemos aferrarnos a las ideas. Si los sentimientos y pasiones articulan la lealtad a lo largo del tiempo, son las ideas que siguen moviendo”.

En coincidencia con Mujica afirmó que “la democracia se basa en una ética de la derrota”, “Caerse y levantarse, en términos del ‘Pepe’”, y en el respeto por la diferencia. “Habiendo estado tan enfrentados como pudimos estar en un momento con Mujica hoy podemos decir como Octavio Paz que 'la inteligencia al fin encarga, se reconcilian las dos mitades enemigas y la conciencia espejo se licúa, vuelve a ser fuente manantial de fábulas: hombre, árbol de imágenes, palabras que son flores, que son frutos, que son actos'", frase final de su discurso de dimisión, largamente aplaudido por todos. Finalmente, el acto se selló con un abrazo entre ambos.