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04 08 2020

El amigo Rubio


Autor: Alejandro Garvie









El senador republicano por el estado de Florida, Marco Rubio y su influencia en nuestra región como delfín de Donald Trump.

Cuando Trump y la derecha Alt right irrumpieron en la política norteamericana, tomando por asalto el Grand Old Party, buscó aliados en todos los estados. En Florida, relucía como un diamante Marco Rubio, politólogo y abogado, hijo de inmigrantes cubanos que construyó su carrera política como anti castro-chavista y –básicamente– un anti inmigración.

En la práctica, y ya hacia el casi seguro final del único mandato de Trump, Rubio extendió su influencia en Washington convirtiéndose en un referente obligado a la hora de hacer negocios y política con América Latina. El New York Times lo bautizó, en 2019, como "secretario virtual de Estado para América Latina".

Por ejemplo, Rubio fustiga hoy a la representante Karen Bass –una de las probables vice de Joe Biden– por haber hecho comentarios pro castristas en 2016. Rubio, al que su ambición lo llevó a ir por la presidencia por el GOP, en 2016,  ha sesgado la política hacia la región centrada en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, en este último caso, junto a Bob Menédez y Ted Cruz, fue de los primeros en hostigar a Evo Morales luego de las elecciones de 2019 y propiciar el golpe de estado por parte de bandas opositoras.

El “filtro Rubio” actúa como un sensor de todo lo que debe o puede decirse al sur del Río Bravo y en ausencia –por renuncia o ninguneo– de los funcionarios del Departamento de Estado, su papel es superlativo y carente de toda habilidad diplomática.

En febrero de 2017 –dice Sabrina Rodríguez de Político– “organizó una reunión entre Trump y Lilian Tintori, esposa del político opositor venezolano y entonces prisionero político Leopoldo López, en la Casa Blanca. El presidente no informó a los asistentes del Consejo de Seguridad Nacional de la reunión y no se enteraron hasta después de que tuvo lugar, según dos ex funcionarios de la administración. Trump tuiteó una foto del encuentro, marcando a Rubio como una voz que no podía ser ignorada”.

El secretario de Estado Mike Pompeo tiene diálogo fluido con el senador de Florida y su relación ha sido fundamental para deshacer la política de acercamiento de Barak Obama para con Cuba y retornar a la dureza del eterno bloqueo. Pompeo, –un “diplomático” que fue Director de la CIA-, respaldó a Rubio durante su postulación a la presidencia en 2016, en la que Trump calificó a Rubio de “Marquitos” y éste lo trató, a su vez, de estafador, durante el debate televisado de las primarias.

La escalada política del ultraconservador lo llevó a presidir el subcomité de Relaciones Exteriores del Senado sobre el Hemisferio Occidental, aunque mantiene una exclusiva visión “floridista” de tal política, ya que rara vez habla de países latinoamericanos, fuera de los mencionados.

Cuando López Obrador ganó las elecciones en 2018, declaró que tenía "serias diferencias filosóficas" con el mexicano, aunque agregó que "México es un socio importante de los Estados Unidos".

En 2018, Rubio colocó con éxito a su viejo amigo Mauricio Claver-Carone en la Casa Blanca como jefe de Asuntos del Hemisferio Occidental. Hoy, es candidato firme a presidir el BID, postulación que sorprendió porque es la primera vez que los Estados Unidos pretenden presidir el banco de desarrollo más grande del mundo, rompiendo una tradición que se mantiene desde su fundación en 1959. Los países que manifestaron su pleno apoyo a la decisión norteamericana son, hasta el momento: Ecuador, Colombia, Brasil, Paraguay, Honduras, Haití, Uruguay, El Salvador, Jamaica, Panamá y Bolivia. También lo apoya el inefable Guaidó en calidad de “encargado” de Venezuela.

Con respecto a nuestro país, Claver-Carone, declaró en una entrevista realizada por Natasha Niebieskikwiat para Clarín: “Me siento orgulloso de mi trayectoria a favor de la Argentina. En el FMI, abogué para que Argentina consiguiera el préstamo más grande en la historia de la institución. Más grande que Grecia y que Ucrania (nota: se refiere a los 56.000 millones de dólares que pidió Mauricio Macri)”

Tanto los esfuerzos de Rubio como de varios funcionarios a los que ha colocado en cargos estratégicos no lograron, hasta aquí, cambios sustanciales en la situación de Cuba o Venezuela, tan sólo aumentar el nivel de tensión con y en esos países. En Bolivia apoyó el actual régimen de facto que no llegó para solucionar los problemas de los ciudadanos, aunque sí de varias empresas interesadas en eliminar regulaciones y frenos a sus actividades.