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Opinión 30 06 2020

El Acuerdo MERCOSUR-Unión Europea y las economías regionales: una oportunidad para el desarrollo


Autor: Daniel Raimondi y Mario Verón Guerra










El Acuerdo MS-UE se puede caracterizar con tres adjetivos:

  • Estratégico
  • Equilibrado
  • Amplio

En sentido general, estas características nos orientan a evolucionar hacia una economía más competitiva y dinámica con el objetivo de ampliar los horizontes comerciales, atraer inversiones, mejorar la cadena de proveedores y, de esta manera, generar empleo de calidad.

La inserción de la Argentina en el ámbito internacional tiene sentido en tanto que podamos desarrollar nuestra economía, aumentar nuestras exportaciones, en especial las de las economías regionales que, salvo excepciones, históricamente muestran un muy escaso nivel de internacionalización.

En particular, el Acuerdo al tener efectos directos hacia el interior del MERCOSUR, nos ordenará y nos obligará a modernizarnos a través de las diferentes disciplinas que contiene y que el MERCOSUR y en especial las economías regionales necesitan incorporar para acomodarse a los requerimientos que ordenan el comercio mundial en la actualidad.

Como ejemplo se puede citar que, para poder exportar más y mejor y no solamente a la UE, las economías regionales deben adaptarse a los estándares sanitarios y de calidad contenidos en el Acuerdo. Al levantar la vara de calidad para usar el Acuerdo MS UE, de lo cual no nos separa una gran distancia, las economías regionales quedarán en una posición de privilegio para que el Mercosur pueda continuar con su agenda de negociaciones sin quedar sectores con retrasos con relación a sus competidores en esos mercados.

El objetivo de los negociadores del Acuerdo fue brindarle equilibrio hacia dentro del bloque y favorecer a las economías regionales en forma más explícita. Esta situación, al ser común a los cuatro países, conducirá a las economías regionales a ampliar también su participación en el comercio intra MERCOSUR.

Hacia el exterior, coloca al país y en especial a las economías regionales en un mercado asociativo de 900 millones de personas, con las diferentes implicancias que esto tiene, no solo sobre el comercio sino sobre las inversiones y en nuevas formas de participación económica, como son los servicios.

Esto pone de relieve la necesidad de resolver problemas estructurales que enfrenta el país y, en particular, las economías regionales, que derivan de la falta de una infraestructura adecuada para resolver las diferencias de competitividad que afectan el desarrollo de su potencial exportador. La posibilidad de generar sociedades con contrapartes europeas para ofertar en licitaciones destinadas a mejorar y desarrollar la infraestructura orientada a la exportación será de beneficio absoluto para las provincias y sus sectores productivos.

También decimos que el Acuerdo es equilibrado porque introduce protecciones temporales de adecuación con densidad para sectores con debilidades estructurales. Tiene en cuenta las Pymes de modo moderno e inclusivo para su participación en los beneficios del Acuerdo, lo que favorece a las economías regionales cuya tejido productivo está conformado básicamente por este tipo de empresas.

Los negociadores del Acuerdo previeron en forma adecuada las líneas rojas de los cuatro sectores productivos nacionales del MERCOSUR, por lo que los eventuales efectos nocivos sobre los intereses defensivos de cada uno se encuentran resguardados. Un ejemplo de ello es la protección de datos de prueba en materia patentes farmacéuticas, que quedó excluida de los compromisos que asume el MERCOSUR en el Acuerdo.

Al contemplar especialmente las oportunidades que tienen nuestras economías regionales dentro del Acuerdo, al darle acceso inmediato al mercado europeo, impulsará cualitativamente y cuantitativamente tanto la producción como el empleo y, por sobre todas las cosas, una mejora sustancial sobre el ámbito institucional y las condiciones homogéneas de calidad en que deben desarrollarse las distintas producciones en la de las economías regionales.

Un Acuerdo amplio, tanto desde el punto de vista cuantitativo (nos pone dentro de un mercado de 900 millones de consumidores) como el cualitativo ya que incluye diversas disciplinas que van desde intercambio de bienes hasta materias de protección sectorial de salvaguardia.

Es parte de la inserción de Argentina y del MERCOSUR en el mundo, porque crecimiento y desarrollo inclusivo, en especial para aquellas empresas radicadas en zonas de escaso desarrollo, no se puede lograr en soledad. La política exterior y la diplomacia cobran sentido en este caso porque mejor diplomacia equivale a mejor comercio internacional. La desconexión de nuestro país con el mundo solo significó retraso y achicamiento de la economía. Esta lógica debe ser erradicada definitivamente lo antes posible.

El Acuerdo fortalecerá nuestros vínculos políticos, culturales y económicos al institucionalizar una relación política y estratégica de manera permanente, otorgándole un fuerte contenido económico y comercial.

De esta manera, nuestras economías regionales tendrán acceso prácticamente en forma inmediata a la exportación de sus productos conforme a la normativa técnica y sanitaria de rigor, de la cual como se dijo no estamos alejados.

Según lo expresado, la intención del MERCOSUR siempre fue que el Acuerdo sea pródigo en los beneficios en las economías hacia el interior del bloque. De allí muchos de los productos de las economías regionales argentinas tendrán un beneficio de 100 % en la reducción arancelaria para acceder al mercado europeo desde el inicio de la vigencia del Acuerdo, tales como productos de la pesca (merluza, vieiras y calamares) de interés de las provincias pesqueras del sur; frutas de pepita y de carozo (peras, duraznos, cerezas y uvas de mesa) de interés de las provincias de Cuyo, Río Negro y Neuquén y otras; legumbres (Salta, Tucumán, Jujuy, Córdoba, Catamarca, Buenos Aires y Santa Fe); frutos secos y pasas de frutas, especias (Salta, Jujuy, La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza); infusiones, café, mate y te (Misiones, Corrientes, Entre Ríos).

Asimismo y en la canasta de desgravación total a los cuatro años de la vigencia del acuerdo figuran otros productos de la pesca (langostinos, conservas de pescado); hortalizas, plantas y tubérculos; cítricos (limones, naranjas, mandarinas y pomelos); frutas finas (berries, frutillas, etc.); arroz partido (Corrientes y Entre Ríos); mermeladas, jaleas y otras preparaciones a base de frutas; vinos.

Como puede observarse en los ejemplos señalados, en un plazo de entre 0 y 4 años las economías regionales tendrán la mayoría de sus productos en arancel 0% para acceder a la Unión Europea.

Por otra parte, en la misma canasta se encuentran incluidos productos procesados como preparaciones alimenticias, pastas, conservas y productos congelados. Cabe señalar que este grupo de productos no solo representa una oportunidad de exportación, sino también de asociación y recepción de inversiones europeas directas para el desarrollo de sus producciones en el MERCOSUR pensadas específicamente para ser destinadas a los mercados europeos.

Lo mismo vale que las economías regionales puedan proyectarse hacia el exterior e internacionalizar su estructura productiva. Exportar es parte de la internacionalización pero no todo: en el medio queda el desarrollo de proveedores, alianzas, innovación para productos “bio” u orgánicos, con la ventaja de suelos relativamente nuevos comparados a los europeos.

Aquí juega una cuestión fundamental, una ventaja comparativa absoluta en favor del MERCOSUR, que es la disponibilidad de tierras tanto en términos de superficie como en lo que se refiere a la intensidad de su uso y su relativa poca degradación.

La tarea que nos queda por delante, con el aporte de Gobernadores y Legisladores interesados, es impulsar decididamente la aprobación y pronta puesta en vigencia de este Acuerdo, lo que requiere superar prejuicios muy arraigados en cuanto a la naturaleza del comercio exterior y los riesgos intrínsecos de los acuerdos comerciales.

El Acuerdo MERCOSUR-Unión Europea brinda oportunidades especialmente a un sector cuya potencialidad no fue reconocida en el pasado y que es muy concreta. La lógica del Acuerdo fue salir de la endogamia de las commodities que siempre han predominado en nuestras exportaciones y que tienen una dinámica propia, con operadores multinacionales.

Durante todo el trayecto de la negociación del acuerdo, que hoy se encuentra en revisión del formato legal, y que luego de la traducción a todos los idiomas oficiales de los países involucrados deberá ser sometido a los congresos de los cuatro paises del Mercosur y a la eurocámara (para e pilar comercial) se adoptaron muchísimos cambios en materia de comercio internacional y eliminado regímenes cuestionados por nuestros socios comerciales y que en definitiva también afectaban nuestro desarrollo de los intercambios.

El Acuerdo revitaliza al MERCOSUR e impulsa una ambiciosa agenda de negociaciones comerciales, incluyendo a Canadá, Japón y la EFTA, mercados a los que las económias regionales también podrán acceder sobre la base de la enseñanza y práctica del acuerdo con la UE, porque no son diferentes esencialmente.

La Argentina no debe experimentar de nuevo la reacción basada en el miedo y en la vuelta al pasado solo puede traer un alivio pasajero a costa de sacrificar el futuro. Las soluciones que el populismo impuso en la Argentina sólo provocaron un espejismo insustentable en el tiempo. Los efectos negativos de la globalización sólo pueden ser enfrentados liberando sus fuerzas positivas. Nuestras economías regionales deben liberar la energía y la creatividad.

Parte esencial del nuevo esquema que es de una transición hacia una economía baja en emisiones contaminantes y basada en la innovación y la responsabilidad social, las economías regionales pueden hacerlo, el interior tiene capacidades ocultas para desarrollar una política energética poniendo el acento especial en las energías renovables lo que les dará un activo para el acceso a mercados regulados con estas condiciones.

Por último, el Acuerdo no elimina el rol del Estado sino que lo redefine para que las políticas públicas efectivamente contribuyan al crecimiento y a la eliminación de la desigualdad.