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20 06 2021

Eduardo Levy Yeyati: “Hay que reemplazar el cheque del Estado por un trabajo genuino”


Autor: Luis Quevedo









Eduardo Levy Yeyati, ingeniero (UBA) y doctor en economía de la Universidad de Pensilvania,  acaba de publicar un nuevo libro, “Dinosaurios y marmotas, en busca del desarrollo perdido” (Capital Intelectual). Una excelente reflexión sobre el no desarrollo de la Argentina y la complejidad que debemos encarar para retomar el crecimiento y el progreso. Conversamos con él acerca de las múltiples líneas de acción que propone en el texto.


Parafraseando a Borges: ¿Podría decirse que a la Argentina le agradan las repeticiones?

Borges escribe ficción y es un poeta, pero cuando uno piensa en políticas públicas y en política en general la poesía y la estética son importantes pero es preferible hablar con argumentos. Las repeticiones que nosotros tenemos nos están hundiendo, no hay nada más interesante para un historiador o para un politólogo que la historia de un fracaso, pero para la gente es exactamente al revés, para los hogares excluidos del conurbano, para las provincias empobrecidas, para los desocupados, las repeticiones son el fracaso, hay que salir del día de la marmota, prefiero un país con una aburrida historia feliz y no con una apasionante historia de fracasos.

El país está cada vez más pobre, más cansado, más subdesarrollado, más dividido y culturalmente acostumbrado a la declinación ¿Por dónde comenzar? Imaginemos que tenés el poder político, cuáles son tus cuatro o cinco medidas para generar un shock de confianza que cambie las expectativas, que modifique el humor o el clima político del momento, como en su momento generó el Plan Austral o la Convertibilidad. 

La Convertibilidad tuvo éxito relativo porque creó algunas fragilidades pero tuvo éxito en el sentido de cambiar las expectativas de la gente, el Plan Austral fue efímero, y esto hace a uno de los puntos que trato en el libro y que es que el plan económico no te es suficiente. ¿Qué significa en la práctica tener el poder político?, ganar una elección no te da el poder político porque los inversores, empleadores y trabajadores pueden pensar que dentro de cuatro años perdés y viene otra persona, otro partido y hace todo al revés, que es lo que está pasando ahora y ha pasado más de una vez, pero sobre todo está pasando ahora. Si gano el ballotage pero no tengo con quien dialogar no tengo el poder político en el sentido de hacer cosas, y no vamos a lograr que el sector privado que somos todos los votantes, reaccione y si el sector privado no reacciona no hay posibilidades. Entones lo primero es generar credibilidad política, que es algo que teníamos en el Plan Austral, menguada, con una oposición muy agresiva, pero estaba, y hoy está muy erosionada.  Con credibilidad podés pensar en un plan económico que tiene que atacar muchos frentes simultáneamente. El libro parece muy diverso porque es básicamente un alegato contra la teoría de Scalabrini Ortiz que decía que la economía era tan fácil que si no la entendías era porque te estaban engañando. Los problemas argentinos, que no son sólo económicos, son tan complejos que si alguien viene y te da una solución sencilla y le creés, seguro que te está engañando.

Tenés el poder político, ganaste la elección y tenés con quien dialogar y acordar…

Lo primero es general inclusión social a través de la inclusión laboral porque este esquema en el cual hay cada vez más población dependiente del Estado y menos población contribuyendo, simplemente no cierra fiscalmente y es la semilla de la próxima crisis de deuda o cambiaria. Hay que generar condiciones para la inversión porque el Estado no tiene dinero para motorizar la economía, entonces hay que motorizar la inversión privada que hoy está en el piso. Hay que generar condiciones de institucionalidad para que el inversor esté seguro de que no le van a cambiar las reglas de juego en su contra en los próximos años. Hay que educar para generar el capital humano pensando en la competitividad económica laboral no sólo pensando “qué lindo que todos vayan a las aulas a socializar”, sino en capacitar para el trabajo. Especialmente atendiendo a ese 50 por ciento que está entrando y saliendo de la pobreza todo el tiempo para que tenga una puerta de ingreso al progreso social. Ya no se habla más de progreso social en la Argentina ahora se habla de derechos, derecho del hogar excluido a tener un cheque. Hay que hacer todas estas cosas, y probablemente si pensás desde el gobierno habría que secuenciarlas. Yo comenzaría por un programa de inclusión laboral por un lado y posiblemente por una reforma previsional que dé la señal a los inversores de que no vamos a tener un problema fiscal dentro de cuatro años, pero después hay una serie de reformas mucho más engorrosas que tenés que ir encarando rápidamente porque en la Argentina, como en muchos casos, lo que no hacés el primer año de gobierno no lo hacés nunca.

En tu libro sostenés que el cambio para el desarrollo se consigue luego de muchas pequeñas decisiones tomadas en forma consistente en un mismo sentido y durante mucho tiempo. Sin embargo, todas las pequeñas modificaciones del gobierno anterior no sólo fueron anuladas sino que se enfiló para el sentido contrario. 

Aquí vos tocás lo que yo llamo la temporalidad de nuestras políticas. Si hacés una reforma tributaria que reduce ingresos brutos y los inversores planean a futuro en relación a eso, y a los dos años volvió todo para atrás la próxima reducción de ingresos brutos no va a tener ningún impacto y eso es letal porque hacés una reforma esperando una respuesta y no hay respuesta, porque el tipo ahora espera. Eso pasó con muchas de las medidas que hizo Cambiemos. Cambiemos fue microreformista, te diría un poco tardíamente, pero lo fue y hubieron muchas reformas incluso de las que nadie habla como la ventanilla única de las exportaciones, una gran reforma, hizo varias de estas pequeñas cosas, algunas muy poco visibles.

Quedaron pendiente reformas estructurales.

Sí, no hizo las grandes reformas por temores políticos, yo creo que eso fue un gran error pensar que primero tenías que ganar las elecciones en 2017 para después implementar las reformas y es al revés, tenés que olvidarte de las elecciones de medio término y hacer las reformas de entrada y esperar que maduren y que te lleven a una buena situación después para la reelección y esas pequeñas reformas fueron revertidas lo que genera una situación nueva que es que vos apretás los botones y no hay ninguna reacción. ¿Cuánto va a durar la última reforma previsional? Ya te digo: hasta el próximo gobierno. Así no se puede gobernar.

Hay un capítulo muy interesante que habla del default de las elites.

Lo que veo en estos años no es tanto una banalización de la política sino una efimerización de la política, en donde cada uno de los políticos profesionales tiene su propia microempresa y busca promocionarse a sí mismo, alimentar sus propias redes, tener más tiempo de televisión y el partido político queda a la retaguardia. Así se ha generado políticos que entienden la política como la preservación del poder y que se olviden de la misión de la política para intervenir en la realidad. Los partidos tienen que recuperar el control de sus propios voceros.

Vos considerás el  default como la falta de liderazgos, y eso me da un poco de miedo, porque liderazgos en la argentina hay, siempre se está buscando a quien por sí solo realice el milagro de resolver los problemas. 

No hablo de un líder carismático estoy hablando de una persona que lidere y que en lugar de ir detrás de las encuestas y que piensen en transformar la realidad, que no subordinen su acción política sino a la búsqueda del bien común. Entonces que cambie su función de utilidad, si se quiere, y que en lugar de ser una micro sea un dirigente que lidere. El líder es líder en este sentido, si la gente piensa que la Argentina no da para más el líder tiene que inspirarlo para que se convenza de que da para más. Si la gente espera un Estado que le dé un cheque, que lo subsidie, el líder tiene que demostrar que es importante que se reemplace ese cheque por un trabajo genuino. Es decir, tiene que ir en contra, no es un liderazgo en el sentido de muchos liderazgos latinoamericanos que son autocráticos, líderes sin partidos, como vemos ahora en las elecciones de Chile o Perú.

Los sectores dinámicos de nuestra sociedad en una época fueron los sectores más desfavorecidos y la movilidad social y el progreso estaban garantizados por el estudio. Hoy parecería que esos sectores aceptan mansamente que no haya clases presenciales que en muchos casos quiere decir que no hay clases ¿Desapareció la Argentina aspiracional? 

Siempre me llamó la atención cierta pasividad de nuestros ciudadanos frente al deterioro de la educación. Hay un estudio en el que le preguntaban a los padres qué opinaban de la educación de sus hijos, del desempeño escolar, decían que la educación en general estaba muy mal pero que su hijo estaba bien, y cuando le demostrabas que la escuela a la que iba su hijo estaba mal, entonces respondían, “bueno pero tiene un muy buen campo de deportes, o los tratan bien”. En el fondo hay una racionalización de las respuestas. Yo en el lugar de esos padres diría “hagan algo”. Lo cierto es que esos padres no terminan de convencerse que una peor educación significa un peor ingreso, si hablamos aunque sea en términos utilitaristas, porque está bien que la escuela socializa y contiene y forma ciudadanos pero también, para la inmensa mayoría de la gente, la escuela te forma para el campo laboral, para conseguir un ingreso y salir de la dependencia económica. Me parece que la comunidad educativa en general tiende a ser más sarmientina que alberdiana,  prioriza el costado de socialización de la educación, de inclusión cultural a expensas de lo que proponía Alberdi que era generar trabajadores mejor calificados, que ganaran más dinero, que trabajaran menos horas, que vivieran mejor, esas son las cosas que un líder debería explicar a la sociedad que piensa distinto. Hay un prejuicio cultural respecto de los valores que orientan la educación que hay que revertir.

Argentina y el mundo ¿Por qué siempre estamos con los peores del barrio?

No siempre, con Cambiemos habíamos revertido eso, yo tengo mi posición al respecto, obviamente, pero dejame ser neutral por un momento: hay gente que piensa distinto que cree que el mundo de hoy es una evolución parcial de la guerra fría con el imperialismo americano de un lado y los países no alineados o en desarrollo tratando de salir del yugo de los países desarrollados, es decir piensan en una geopolítica bastante simplificada, defiende los regímenes autoritarios, no democráticos de Cuba, de Venezuela, y piensan que el sistema mundial se va a mover a favor de China, cosa que no sucede ni tiene porqué suceder. El kirchnerismo piensa así. Eso es un… error, casi digo una zoncera. Pero terminamos alineados con ese grupo de países cuando gobiernan ellos. Cuando gobernó Cambiemos la Argentina se abrió al mundo y lo hizo de una manera muy neutral, porque continuamos con las relaciones con China, teniendo un equilibrio que creo que es lo mejor para nuestro país.

La última pregunta es del año electoral ¿Pensás que va a haber un voto COVID?

Yo creo que sí, paradójicamente la deficiente campaña de vacunación que tiene la Argentina, aclaro: en relación a lo que podría haber sido, ya que pudimos tener muchas vacunas antes y no las tuvimos, si hubiésemos seguido la regla numero uno en estos casos que es comprar todas las vacunas que sean posibles. Esta negligencia va a hacer que el timing de la vacunación caiga en el momento electoral y eso va a favorecer a los incumbentes, al gobernador de la provincia de Buenos Aires, va a favorecer al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que igual habría ganado de todas formas, pero creo que esto lo va a fortalecer porque la gente cuando se vacuna genera esto, cierto reconocimiento al poder, esto no es científico es lo que siento, lo que me cuentan los funcionarios y lo que veo entre los que se vacunaron. Mi impresión es que esto va a mejorar las chances de la elección del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires.