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Opinión 01 09 2020

Desafíos para la pospandemia


Autor: Carlos Malamud









Cuando concluya lo peor de la pandemia y se pueda tomar distancia de lo ocurrido será tiempo de balance. Entonces, el paisaje se asemejará a un campo de batalla, con su tendal de víctimas y destrucción. Y mientras se controlan los daños, se podría pensar en el día después. Si hoy somos incapaces de prever escenarios futuros, mañana no habrá tiempo para implementar las medidas adecuadas.

América Latina es el epicentro del COVID19. Brasil, Perú, México, Colombia, Chile y Argentina entre los 12 países más afectados. Algunas causas, como la informalidad y la debilidad de los sistemas sanitarios y de las administraciones públicas, han sido analizadas, mientras otras esperan respuesta.

Pero, los males no vienen solos. El virus condiciona la pugna entre China y EE.UU., que aumentarán sus presiones buscando el respaldo internacional. La UE, mientras sea posible, ha decidido mantenerse equidistante entre Washington y Beijing. ¿Podrá hacerlo una América Latina desunida? No. Por eso, sus gobiernos deben dialogar primando los intereses nacionales sobre sus prejuicios ideológicos. Solo así responderán a los crecientes desafíos de la reconstrucción.

Las previsiones económicas, sociales y sanitarias son catastróficas, tanto por el nulo crecimiento como por la mayor desigualdad y pobreza, o las privaciones alimentarias de los menos favorecidos. O por la escasa capacidad de respuesta para enfrentar la pandemia y la recuperación. Además, salvo escasas excepciones, la elevada polarización impide alcanzar los consensos necesarios para impulsar nuevas reformas.

Al mismo tiempo, la búsqueda de la vacuna contra el SARS-CoV-2 desnuda los escasos recursos disponibles en América Latina para luchar contra el virus, junto con la falta de respuestas regionales. Lo mismo se observa en la elección del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El páramo en que se ha convertido la integración regional y la mínima coordinación y cooperación interestatales han aumentado las heterogéneas acciones nacionales.

Ante la ausencia de suficiente masa crítica científica y tecnológica para desarrollar la vacuna, al menos queda el tan publicitado consuelo de que esta podrá elaborarse in situ ya precio razonable. Primero, Brasil dijo que produciría la vacuna rusa, bautizada con el propagandístico nombre de Sputnik, y poco después Argentina y México anunciaron lo mismo respecto a la de la Universidad de Oxford, gracias al apoyo financiero de la Fundación Slim (no de fondos públicos).

Con estos proyectos, y otros asociados a la vacuna china, los latinoamericanos podrán garantizarse un abastecimiento relativamente rápido y barato. Ahora bien, contar con abundantes vacunas y a buen precio, para satisfacer la demanda local, es solo el primer paso de una tarea ciclópea. A fines de 2019, muchos países de la región sufrieron movilizaciones populares, una pequeña muestra de la potente desafección con la democracia y sus instituciones, y de un fuerte sentimiento anti elitista. Por eso, un renovado contrato social sería la mejor palanca para salir del atolladero.

Entre los problemas más urgentes está garantizar las pensiones, especialmente allí donde la edad media sigue creciendo, prorrogar planes asistenciales, como la renta básica, impulsar programas de cuidados que reduzcan las tareas no remuneradas de las mujeres, garantizar una educación acorde con la transformación digital y redefinir la relación entre lo público y lo privado.

Ni el populismo ni las recetas tradicionales (estatismo, proteccionismo, nacionalismo) han dado soluciones adecuadas. Pese a ello, se vuelve a lo trillado y se recuerda al plan “Marshall”, como en Colombia. De ahí la insistencia en propuestas poco innovadoras: subsidiar a los más pobres, reducir impuestos, invertir en infraestructuras o ayudar a empresas en apuros. Pero, con eso no basta. Y para tener nuevas respuestas urgen nuevas preguntas, como el papel de la empresa privada en la reconstrucción o la forma de eliminar lo que la CEPAL llama los “nudos estructurales de la desigualdad”. La pandemia dejará millones de

desempleados, siendo las mujeres, los jóvenes y los informales los grupos más golpeados. ¿Cómo recomponer el tejido laboral y crear millones de puestos de trabajo estables y de calidad? ¿Reprimarizando o diversificando la economía? ¿Protegiendo a la “industria nacional” o haciéndola más competitiva?

La alta informalidad indica que es difícil hacerlo con las herramientas tradicionales y sin cambiar las reglas de juego. Por eso hay que apostar por una mayor vinculación con la revolución digital y tecnológica y por las energías renovables, en estrecha relación con la lucha contra el cambio climático (Pacto Verde). Y al mismo tiempo incrementando, no abandonando, las ventajas competitivas de nuestros países.

La agricultura es una actividad esencial a mantener, incluso en los momentos más urgentes, junto al comercio y la sanidad. El sector agrícola, en sentido amplio, eficazmente gestionado es vital para abastecer a la población y garantizar un entorno sostenible. Para eso hay que expandir la digitalización en todas sus actividades, como ya se ha hecho en algunas.

Cuando estalló la pandemia se especulaba con un fuerte hundimiento económico y una rápida recuperación en V. Sin embargo, a medida que se extendieron la emergencia sanitaria y las medidas de excepción, resulta cada vez más difícil hacer predicciones. Para colmo, el calendario electoral ya está afectando a muchos países y condiciona a oficialistas y opositores, muchos de los cuales han reforzado sus enfoques populistas.

Para no retroceder en los avances democráticos, la política debe ser central en el futuro inmediato. De ahí la urgencia de concentrar la mayor cantidad de recursos humanos en diseñar la reconstrucción post-pandemia. De cómo esta se encare dependerá el porvenir de las sociedades latinoamericanas. Hasta ahora han primado la improvisación y el COVID-egoísmo, en un camino sin salida, como se está viendo en casi toda la región. Por eso ha llegado el momento de cambiar de rumbo.

Publicado en Clarín el 30 de agosto de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/desafios-pos-pandemia_0_V5xOTabqt.html