menu
Opinión 10 05 2021

Cuba, con nuevos aires. Una oposición joven enfrenta al autoritarismo del régimen


Autor: Sabrina Ajmechet









“El Estado ve que se les acaba su dictadura, ellos saben que la realidad cubana está colapsada. La dictadura ya colapsó y, cada día, la gente, más allá del miedo, asume su responsabilidad cívica dedicándole tiempo y realizando acciones. Y eso hace que el Estado sea más represivo, porque tiene en realidad menos fuerza y cada día la sociedad civil se conecta más”. Así describe la actualidad de la isla Manuel Otero Alcántara, un artista cubano que está hospitalizado tras hacer una huelga de hambre y de sed. Activista opositor al régimen, hoy está detenido arbitrariamente.

Otero, de 33 años, ha sufrido varias veces la represión del gobierno. Pero ahora su vida corre peligro. Así lo dice la carta que, el lunes pasado, otros opositores le enviaron al papa Francisco y al secretario general de la ONU, entre otros líderes mundiales. En ella, denuncian su secuestro y exigen su liberación: “En la madrugada del 2 de mayo de 2021, en La Habana, fuerzas represivas del régimen de partido único imperante en Cuba secuestraron al joven artista disidente. Según fuentes oficiales, lo tienen en el Hospital Universitario General Calixto García y ‘no se constatan signos de desnutrición, con presencia de parámetros clínicos y bioquímicos normales’. El régimen castrocomunista y sus medios de comunicación mienten y difaman en cada pronunciamiento sobre la oposición pacífica cubana. ¿Cómo creerles esta vez?”.

En 1959, la Revolución Cubana prometió libertad y felicidad para los isleños. Posiblemente su mayor éxito es el de haber mantenido a gran parte del mundo –con la ayuda de la intelectualidad de izquierdas– dentro de esa ficción, mientras desde el gobierno montó un aparato represivo que limitó la libertad de expresión y de prensa, prohibió la posibilidad de asociación, violó libertades y le negó a los ciudadanos cubanos sus derechos civiles y políticos. Hace diez años, en su libro Silencio, Cuba, Claudia Hilb demostró estas realidades, tanto la del Estado autoritario como la de una intelectualidad cómplice que prefirió defender ideales a cuestionar las violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, algo está cambiando en Cuba. Castrismo y anticastrismo quedaron viejos, Fidel ya lleva cinco años muerto y en las últimas semanas, por primera vez desde la Revolución, no hay ningún Castro en la dirección del Partido Comunista. Pero la gran novedad es que, poco a poco pero cada vez de forma más visible, encontramos en la isla la existencia de una sociedad civil. Nos referimos a ciudadanos cubanos que se juntan con otros ciudadanos cubanos para, juntos y de forma organizada, expresar demandas concretas y defender sus derechos y libertades.

El gobierno ve este escenario y por eso afirma que existe una necesidad de renovación. Su intención es la de incorporar jóvenes comprometidos con el modelo cubano. Sin embargo, ¿qué es lo que quieren los jóvenes de ese país? ¿Qué futuro espera la generación que, aún con muchísimas dificultades y trabas, tiene acceso a internet y logra ver con sus propios ojos realidades extramuros?

El 27 de noviembre de 2020 fue un momento de quiebre en la política cubana. No fue la primera vez que la sociedad se movilizó. Ocurrió con el éxodo de Mariel en los años 80 y con el Maleconazo en los años 90. Pero este evento es diferente, ya que dio lugar a un movimiento inédito de organización en el contexto de la política cubana que se muestra vivo, unido y con proyectos futuros. La chispa fue ese 27N, cuando cientos de jóvenes se acercaron a la puerta del Ministerio de Cultura para reclamar por la libertad del rapero Denis Solis y para denunciar el acoso que sufría el Movimiento San Isidro.

El Movimiento San Isidro, del que Otero es uno de sus principales líderes, se creó en diciembre de 2018, como respuesta al decreto 349, una norma destinada a regular las actividades artísticas y culturales. Como buen totalitarismo, Cuba había organizado todo por dentro del Estado y nada por fuera. Esta impronta no aplicaba exclusivamente al mundo artístico, sino que era una forma de organización político-social que atravesaba todas las actividades. Sin embargo, a partir de 2010 se produjo un cambio con importantes consecuencias. Azotado por la crisis económica, el gobierno comenzó a permitir el cuentapropismo en algunas categorías. Su intención fue dinamizar una economía sumergida en una crisis estructural. La actividad cultural se benefició de ese cuentapropismo y comenzó lentamente a funcionar, por primera vez desde la revolución, por fuera de instituciones oficiales. Esto hizo que algunas expresiones artísticas escaparan del control del Estado y, para frenar esto, se sancionó el decreto 349, que le dio un marco legal a la censura.

Ese decreto hizo que algunos artistas comenzaran a juntarse para reclamar por su derecho de libertad de creación y protestar contra la institucionalización de la censura. Para presentarse en público eligieron el nombre de un barrio de La Habana, San Isidro, “un barrio pobre, un barrio desplazado de la historia del relato oficial que el totalitarismo se vende a sí mismo y vende como cara para el turismo en Cuba”, como lo describe uno de los miembros del grupo. Desde que crearon el movimiento, impulsaron protestas, performances y crearon el Museo de la Disidencia. Al mismo tiempo empezaron a ser hostigados por el régimen.Entre sus miembros se destacan, además de Otero, el rapero Denis Solís, el cineasta José Luis Aparicio, el poeta Amaury Pacheco, el periodista Carlos Manuel Álvarez, entre otros realizadores audiovisuales, escritores, intelectuales, artistas plásticos y de teatro.

Una jornada inédita

El 27 de noviembre de 2020, el mundo comenzó a conocer al Movimiento San Isidro. Ese día hubo una juntada frente al Ministerio de Cultura para pedir revisión y transparencia del proceso judicial de Solís –condenado a prisión por desacato– y la libertad de Otero Alcántara, entonces también detenido. Fue una jornada inédita. El hecho mismo de una sentada, ese uso democrático del espacio público, no es algo habitual en el país y, sin dudas, genera terror en el gobierno. Pero no solo eso: los artistas lograron ser recibidos por el viceministro de Cultura, Fernando Rojas, para exponer sus demandas e iniciar una negociación. Esta reunión, que en cualquier país democrático no llamaría la atención, fue un hecho impensable en el contexto político cubano. Sobre la experiencia de ser escuchados oficialmente, Amaury Pacheco señala: “El gobierno se abrió y legitimó a este grupo con ese diálogo. Con ese acto se volvió transparente que somos parte de la nación y no, como suelen etiquetarnos desde el régimen, ‘contrarrevolucionaros’ o ‘terroristas’ o todas esas maneras que tienen para nombrar a todo aquel que se pronuncia por sus derechos. Aquella tarde se abrió la caja de Pandora, se abrió la legitimidad de este grupo.”

Los miembros del Movimiento San Isidro se unieron en su reclamo con el grupo del Instituto Internacional de Activismo Hannah Arendt y con el colectivo creado al calor de los acontecimientos denominado 27N, cuya cara más conocida es la artista multipremiada internacionalmente Tania Brugera. Los medios independientes y los corresponsales extranjeros difundieron los eventos. Las imágenes tomadas por los protagonistas y enviadas a través de redes sociales se viralizaron.

“El castrismo se convirtió en un gesto, en un hábito. Estamos asistiendo un poco al desmoronamiento de una ideología y de un régimen. En un momento como este, las figuras que heredan el reino del tirano son figuras de segundo y tercer orden, burócratas. Esos son básicamente los que hoy dirigen Cuba. En medio de un contexto como el actual, con crisis económica, falta de liderazgo y crisis política, emerge la inconformidad de las nuevas generaciones, en las cuales la doctrina y la pedagogía oficial tiene cada vez menos impacto”, describe Carlos Manuel Álvarez, un periodista independiente que ha fundado El estornudo, uno de los medios opositores más importantes, y que ha sido publicado por The New York Times y BBC World.

La poeta Katherine Bisquet comparte esta idea de tiempos que están cambiando: “Los términos ‘disidencia política’ y ‘oposición’ tenían una carga peyorativa muy grande y ahora se están replanteando. A lo largo del tiempo ha habido una historia de sometimiento, de censura, de represión de violencia tan grande. Una historia de exilio también. Ahora las personas estamos contando bien la historia, una historia justa, que está despertando a la sociedad civil”.

Este fenómeno ha sido posible gracias al acceso a internet y a las redes sociales, ya que, como explica Bisquet, “los medios de prensa en Cuba están totalmente manipulados por el gobierno. Entonces, lo que está sucediendo ahora es que las redes sociales permiten un espacio democrático, se convierten en una plaza pública, un lugar en el que las personas pueden disentir, tener una opinión crítica, expresarse.”

El Estado cubano hoy se muestra débil en muchos frentes. Su capital simbólico parece agotado y es evidente su temor al cruce de ideas, al uso del espacio público –real y virtual– y al surgimiento de nuevas caras que cuestionen su legitimidad. Esto hace que lleve adelante una política represiva y de hostigamiento hacia los artistas independientes. Los meten presos, les ponen un cerco policial, los interrogan: “Todo el tiempo tenemos el peso del poder de la seguridad del Estado sobre nosotros porque ya realmente somos una amenaza para ellos, porque hemos activado un gran grupo, una masa crítica en la sociedad civil cubana”, sintetiza Bisquet.

¿Cómo seguirá el Movimiento San Isidro? ¿Cómo seguirá Cuba? Pacheco entiende que, mediante las diversas acciones, están promoviendo instituciones que responden al diálogo: “Estamos haciendo un país prácticamente paralelo, paralelo y dialogante. Es importante el paralelismo, ya que nuestro sistema autoritario no permite el espacio de disenso, el espacio de construir democracia. Nosotros lo vamos construyendo y lo vamos tejiendo entre el espacio virtual y el espacio real”.

La cuestión tiempo

Álvarez ensaya una respuesta en la misma línea: “El totalitarismo siempre ha jugado con el tiempo, ha jugado al desgaste, al saber que el tiempo del individuo no es el mismo tiempo que el de la historia. Pero, cuando te encuentras con el fin de un relato político como ha sido el castrismo, es probable que a un régimen de esa naturaleza le quede menos tiempo del que nos queda a nosotros como individuos. Al menos así lo creemos ahora mismo. Y eso es lo que hace que, en un sentido, aunque estemos reprimidos, interrogados, algunos desterrados, nosotros sintamos que, de algún modo, no nos están derrotando, no nos están diluyendo. Porque las fronteras entre el adentro y el afuera empiezan a desdibujarse. Estamos construyendo un país que, de muchas maneras, es otro. No es el país oficial”.

Lo que sucede en Cuba está cambiando una larga historia en el país y, si bien todavía es demasiado pronto como para asegurar que alcanzará para acabar con el autoritarismo y establecer un gobierno democrático, pluralista y respetuoso de las libertades, lo que es claro es que hay un antes y un después del Movimiento San Isidro. Ha nacido en Cuba la sociedad civil y los ojos del mundo se interesan en este proceso.

Al cierre de esta edición, Otero Alcántara seguía detenido por el gobierno. Y sus compañeros del movimiento opositor seguían reclamándole al régimen su liberación.

Publicado en La Nación el 8 de mayo de 2021.