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Opinión 21 08 2020

Cómo los virus dan forma al mundo


Autor: Redacción The Economist









No solo causan pandemias.

(Traducción Alejandro Garvie)

Los humanos piensan en sí mismos como los principales depredadores del mundo. De ahí el silencio de los tigres dientes de sable, la ausencia de moas de Nueva Zelanda y la larga lista de mega fauna en peligro de extinción. Pero el Sars - cov-2 muestra cómo las personas también pueden terminar como presas. Los virus han causado una letanía de pandemias modernas, desde el covid-19 hasta el vih/sida y el brote de influenza en 1918-20, que mató a muchas más personas que la primera guerra mundial. Antes de eso, la colonización de las Américas por los europeos fue instigada, y quizás posible, por epidemias de viruela, sarampión e influenza traídas involuntariamente por los invasores, que aniquilaron a muchos de los habitantes originales.

Sin embargo, la influencia de los virus en la vida en la Tierra va mucho más allá de las tragedias pasadas y presentes de una sola especie, por apremiantes que parezcan. Aunque el estudio de los virus comenzó como una investigación sobre lo que parecía ser un subconjunto extraño de patógenos, investigaciones recientes los ubican en el centro de una explicación de las estrategias de los genes, tanto egoístas como de otro tipo.

Los virus son inimaginablemente variados y ubicuos. Y está quedando claro cuánto han dado forma a la evolución de todos los organismos desde los inicios de la vida. En esto, demuestran el poder ciego y despiadado de la selección natural en su forma más dramática. Y, para un grupo de mamíferos bípedos inteligentes que los virus ayudaron a crear, también presentan una mezcla embriagadora de amenaza y oportunidad.

Como explica nuestro ensayo en la edición de esta semana, es mejor pensar en los virus como paquetes de material genético que explotan el metabolismo de otro organismo para reproducirse. Son parásitos del tipo más puro: toman prestado todo del anfitrión, excepto el código genético que los convierte en lo que son. Reducen la vida misma a lo esencial de la información y su reproducción. Si se tiene en cuenta la abundancia de virus, es una estrategia muy exitosa.

El mundo está repleto de ellos. Un análisis del agua de mar encontró 200.000 especies virales diferentes y no pretendía ser exhaustivo. Otra investigación sugiere que un solo litro de agua de mar puede contener más de 100 mil millones de partículas de virus, y un kilo de suelo seco diez veces más. En total, según cálculos en un trozo de papel, el mundo podría contener 10 a la 31 cosas, es decir, uno seguido de 31 ceros, superando con creces a todas las demás formas de vida del planeta.

Por lo que cualquiera puede decir, los virus, a menudo de muchos tipos diferentes, se han adaptado para atacar a todos los organismos que existen. Una de las razones por las que son potencias de la evolución es que supervisan una matanza implacable y prodigiosa, que muta mientras lo hacen. Esto es particularmente claro en los océanos, donde una quinta parte del plancton unicelular muere a diario por virus. Ecológicamente, esto promueve la diversidad cortando especies abundantes, dejando espacio para las más raras. Cuanto más común sea un organismo, más probable es que se desarrolle una plaga local de virus especializados para atacarlo, y así mantenerlo bajo control.


Esta propensión a causar plagas es también un poderoso estímulo evolutivo para que la presa desarrolle defensas, y estas defensas a veces tienen consecuencias más amplias. Por ejemplo, una explicación de por qué una célula puede autodestruirse deliberadamente es si su sacrificio reduce la carga viral en células cercanas. De esa forma, sus genes, copiados en células vecinas, tienen más probabilidades de sobrevivir. Sucede que ese suicidio altruista es un requisito previo para que las células se unan y formen organismos complejos, como plantas de porotos, hongos y seres humanos.

La otra razón por la que los virus son motores de evolución es que son mecanismos de transporte de información genética. Algunos genomas virales terminan integrados en las células de sus huéspedes, donde pueden transmitirse a los descendientes de esos organismos. Entre el 8 y el 25 por ciento del genoma humano parece tener este origen viral. Pero los virus mismos pueden, a su vez, ser secuestrados y sus genes pueden convertirse en nuevos usos. Por ejemplo, la capacidad de los mamíferos para tener crías vivas es una consecuencia de la modificación de un gen viral para permitir la formación de placentas. E incluso los cerebros humanos pueden deber su desarrollo en parte al movimiento dentro de ellos de elementos similares a virus que crean diferencias genéticas entre las neuronas dentro de un solo organismo.

La idea más fascinante de la evolución es que la asombrosa complejidad puede surgir de la competencia sostenida, implacable y nihilista dentro y entre organismos. El hecho de que el relojero ciego lo haya equipado con la capacidad de leer y comprender estas palabras es en parte una respuesta a las acciones de enjambres de diminutos replicadores atacantes que han estado sucediendo, probablemente, desde que surgió la vida en la Tierra alrededor de 40 mil millones de años atrás. Es un ejemplo sorprendente de ese principio en acción, y los virus aún no han terminado.

La conciencia única de la humanidad, cincelada por los virus, abre nuevas vías para hacer frente a la amenaza viral y explotarla. Esto comienza con el milagro de la vacunación, que defiende contra un ataque patógeno antes de que se lance. Gracias a las vacunas, la viruela ya no existe, habiendo cobrado unas 300 millones de vidas en el siglo XX. Seguro que algún día seguirá la poliomielitis. Una nueva investigación impulsada por la pandemia de covid-19 mejorará el poder para examinar el reino viral y las mejores respuestas que los cuerpos pueden reunir, llevando la defensa contra los virus a un nuevo nivel.

Otra vía de progreso radica en las herramientas para manipular organismos que surgirán de la comprensión de los virus y las defensas contra ellos. Las primeras versiones de la ingeniería genética se basaban en enzimas de restricción: tijeras moleculares con las que las bacterias cortan los genes virales y que los biotecnólogos emplean para mover los genes. La última versión de la biotecnología, la edición de genes letra por letra, que se conoce como CRISPR, hace uso de un mecanismo antiviral más preciso.

Desde los más pequeños comienzos

El mundo natural no es amable. Una existencia libre de virus es una imposibilidad tan profundamente inalcanzable que su deseabilidad no tiene sentido. En cualquier caso, la maravillosa diversidad de la vida se basa en virus que, si bien son fuente de muerte, son también fuente de riqueza y de cambio. También es maravillosa la perspectiva de un mundo en el que los virus se conviertan en una fuente de nuevos conocimientos para los humanos y sean menos mortales que nunca antes.

Publiado en The Economist el 22 de agosto de 2020.

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