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Opinión 21 05 2022

Coaliciones que sepan gobernar


Autor: Vicente Palermo









Comencemos por lo obvio: si estamos delante de una coalición opositora con pretensiones de gobernar, esa aspiración exige un grado de consistencia política mucho más alto que aquel que pueden tener unas fuerzas que se unen meramente para derrotar al gobierno.

Si es este el caso de Juntos por el Cambio, el agrupamiento no está en situación para tomarse el problema a la ligera. Ponerse en condiciones de gobernar exige un esfuerzo que apenas, por lo que parece, ha comenzado, y en algunos aspectos no muy bien.

En cualquier caso, un gobierno exitoso de una coalición tiene requisitos ineludibles y, tomando en cuenta la situación económica y política crítica en la que eventualmente se recibiría el gobierno, más aún. Destinemos este artículo apenas a abordar uno de ellos.

La coalición tiene que ir camino del gobierno – lo que significa exponerse a los avatares de la campaña electoral – portando orientaciones básicas, propuestas, suficientemente potentes, abarcadoras, precisas y concretas. Esto significa que debe ir más allá de vaguedades o de consignas difusas o vacías.

Por ejemplo, sirve de muy poco quedarse en “crecimiento económico”, “generación de empleo”, y hay que ir a una economía abierta, a la prosperidad capitalista, a la generación de empleo privado, y es luego necesario problematizar el actual marasmo del Mercosur, el carácter absurdamente cerrado de la economía argentina, la necesidad de multiplicar los tratados comerciales internacionales, etc.

Sin pretender ocultar que estos cambios supondrán costos en el corto plazo y riesgos en el camino. Pero por otro lado, las formulaciones no deben pretender eliminar todas las diferencias entre los miembros de la coalición. En lo posible, estas tendrán que ser marginales.

Pero el punto central es, de ningún modo el “consenso”, y sí los compromisos y los acuerdos entre las partes para dar lugar a líneas de política. Estamos, los argentinos, en una situación política en la que la propaganda partidaria y las propuestas de acción de gobierno se tienen que acercar mucho más entre sí que en tiempos más “normales”.

Porque de lo que se trata es de exponerse lo necesario en la campaña electoral, para crear las mejores condiciones de gobierno.

Hay que hablar de cosas concretas que, en tiempos normales, se puede entender que un candidato las evite.

No son tiempos normales y, por ejemplo, si se dice que habrá que bajar el gasto público, habrá que hacer explícito, como mínimo, que la propuesta incluye reducir drásticamente el gasto improductivo del Estado.

Gobernar en coalición en la Argentina de hoy, y hacerlo con eficacia, requiere de candidatos que sean sinceros, aun en el caso de que no lo digan todo. En Juntos por el Cambio, salta a la vista que el capital político que hoy por hoy tienen los distintos precandidatos es escaso. La franqueza, la determinación a costos y riesgos, permitirán la acumulación de un capital político que el macaneo no hará posible.

Todo ello es elemental, pero es preocupante que las tensiones internas en JxC no dediquen ninguna atención a estos requerimientos. Como no hay liderazgos abarcadores en la coalición, y ni en las dos principales fuerzas en particular, quienes aspiran a ser candidatos tratan de afirmarse según aristas que remiten a las orientaciones de la fuerza propia, no la de la coalición, intentando “diferenciarse” de las otras fuerzas.

Dos ejemplos: Macri y Morales. Lo de Macri parece sencillo: promesa retórica, de un segundo tiempo implacable, en el que el PRO gobernaría otra vez en solitario. Para esto, quiere cerrar filas y luego aplastar a sus adversarios internos en las PASO. Macri parece querer la cuadratura del círculo: someter al radicalismo, haciendo que contribuya con sus votos, y después gobernar solo con un programa inasimilable por el radicalismo.

Debería hacerse cargo de que ya no es el líder conspicuo de su primer tiempo, que no tiene activos políticos para eso y que no puede gobernar la coalición a su arbitrio. Que un energúmeno populista esté mordiendo severamente en el electorado afín al PRO, es en parte responsabilidad del propio PRO, pero detener esta sangría requiere es un esfuerzo por poner de manifiesto sus inconsistencias, en lugar de elegir a la UCR como chivo expiatorio.

Pero Macri declara que el PRO debe evitar caer en las trampas del radicalismo, y hace todo lo que puede por identificar a este con el peronismo.

No parece una posición muy prometedora, pero del otro lado Gerardo Morales, nada menos que el presidente de la Unión Cívica Radical, muestra una visión arcaica del mundo al descalificar a la Ciudad de Buenos Aires por “no producir nada” (disparate que desconoce que la economía contemporánea es una economía de servicios) y se entiende demasiado bien con Sergio Massa - epítome del fisiologismo peronista - como para convencernos que el radicalismo se integra sin fisuras en una coalición que anhela prosperidad capitalista y equidad para la Argentina.

Etiquetar al PRO cómo neoliberal y a la UCR como socialdemócrata es tonto. Entorpece la articulación de acuerdos en las orientaciones y en los contenidos de la obra de gobierno, tarea a la que, sabemos, están abocados equipos profesionales de excelente preparación de las distintas fuerzas.

No sé precisa ser neoliberal para poner un punto final al infame régimen promocional localizado en Tierra de Fuego; pero tampoco se precisa ser socialdemócrata para bregar por que los recursos fiscales liberados de ese modo se destinen a la generación de empleo privado genuino. Hay que decirlo, y convertirlo en una promesa.

Publicado en Clarín el 20 de mayo de 2022.

Link https://www.clarin.com/opinion/coaliciones-sepan-gobernar_0_ljuZRPT53r.html