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16 07 2020

Cambio climático y riesgo financiero


Autor: Alejandro Garvie









Las visibles consecuencias de un fenómeno negado por conveniencia o negligencia están alertando a los propios operadores del sistema financiero a optar por soluciones desde la perspectiva de los actores que intervienen y una nueva regulación.

El COVID-19 ha agregado a la lista del riesgo sistémico de la economía global las catástrofes naturales. A su vez, ese fenómeno está estrechamente vinculado con la explotación intensiva y no sustentable del medio ambiente que patrocina el mismo sistema económico. Frente a esta paradoja que tiene al cambio climático en el centro y augura nuevas calamidades, los bancos y aseguradoras se verán enfrentadas a asumir costos impagables cuando, por ejemplo, los huracanes azoten los pozos petroleros o las sequías e inundaciones marchiten o ahoguen las cosechas.

¿Podrán los bancos seguir dando préstamos a estas actividades? ¿Podrán asegurarse tamaños riesgos? Ante estas preguntas los especialistas están pensando en que los Estados deberían condicionar los préstamos de los bancos a actividades hostiles al medio ambiente y canalizarlos hacia un modelo más sustentable. La “descarbonización” de la economía para reducir el riesgo sistémico es una salida que plantean, por ejemplo, los equipos técnicos del candidato demócrata Joe Biden.

También lo están pensando los propios banqueros mundiales reunidos en el Central Bank and Supervisors for Greening the Financial System, y una coalición cada vez más influyente de Wall Street y los defensores del medio ambiente que se están ganando la confianza de un creciente número de legisladores estadounidenses. Una alianza impensada para resolver la paradoja.

La idea predominante es exigir una mayor divulgación corporativa de los riesgos del cambio climático. Otros ven la necesidad de una intervención reguladora más estricta, como una revisión de las reglas de capital bancario, para impulsar a las instituciones financieras hacia una economía más verde.

Esta perspectiva innovadora que reúne a actores tan opuestos, no es idílica. “No estoy viendo esto como una política social”, dijo Sarah Bloom Raskin, ex gobernadora de la Reserva Federal y subsecretaria del Tesoro que es número puesto para presidir la Fed en caso de que gane Biden, “estoy viendo esto como la capacidad de recuperación económica y de las instituciones financieras. Lo veo como parte integral de cómo manejamos el riesgo.”

Los riesgos financieros del cambio climático tienen dos segmentos potenciales según un documento del FMI. El primero es el compuesto por los llamados riesgos físicos, es decir, el peligro de que la garantía “material” que respalda los préstamos bancarios, sean arrasados por las inclemencias climáticas. El segundo es menos extremo y dramático, pero puede tener mayores consecuencias a largo plazo, y son los riesgos de la transición: los costos de cambiar la matriz energética hacia energías limpias. El costo de reducir la huella de carbono para mitigar el calentamiento global.

Muchos economistas reconocen hoy que los riesgos climáticos son una amenaza infravalorada y subestimada para la economía mundial, pero la suerte del futuro dependerá de las decisiones que se tomen hoy.

Los legisladores y activistas demócratas enrolados en este asunto quieren que la Fed incluya formalmente el clima en sus cálculos de pruebas de resistencia bancarias, lo que obliga a los prestamistas a ser transparentes sobre sus activos en riesgo. En el extremo más ambicioso, algunos funcionarios europeos y del Reino Unido han discutido el ajuste de las reglas que rigen el capital bancario, el amortiguador financiero para proteger contra pérdidas, para incentivar las inversiones "verdes" y penalizar las actividades "marrones" más perjudiciales para el medio ambiente. Los defensores en los Estados Unidos han dicho que también es una idea que vale la pena explorar.

Con los reguladores estadounidenses centrados en la respuesta de emergencia a la pandemia, no es probable que suceda nada importante en el futuro cercano, y los funcionarios nombrados por Trump no han señalado que sea una prioridad. Por lo tanto, el riesgo financiero relacionado con el cambio climático será un tema de campaña, aunque alejado de las preocupaciones diarias de los ciudadanos.

En América Latina esta preocupación debería ser mayor debido a que muchas de las exportaciones vitales para el desarrollo de nuestros países están vinculados a productos altamente sensibles al clima.