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07 04 2021

Bidenomics


Autor: Alejandro Garvie









La crisis de 2008 ya señalaba el fin de las estiradas y agotadas Reaganomics, recién ahora el gobierno de Joe Biden se apresta a inaugurar una nueva época en su país, con consecuencias para el mundo.


Algo está cambiando en la política económica de los EE.UU. con las reformas que Biden está introduciendo con escasa oposición ideológica. Al igual que Franklin D. Roosevelt en 1933 o Ronald Reagan en 1981, es posible que estemos a las puertas de un cambio paradigmático.

El proyecto de ley de alivio de COVID de 1,9 billones de dólares se aprobó con relativamente poca resistencia y en realidad fue solo el calentamiento para un proyecto de ley de infraestructura aún mayor. Otras medidas como la cancelación de la enorme deuda estudiantil y la “AUH” norteamericana moldean una nueva época económica que tiene sus razones y sus pilares.

El paradigma que se agotó con Trump, basado en la continua reducción de impuestos, la desregulación, los recortes de bienes públicos y una política monetaria estricta, ha terminado. A fines de los 80 y los 90 fueron buenos años para los ingresos estadounidenses, pero está claro que en las décadas de 2000 y 2010, las Reaganomics ya no funcionaban y, para peor, habían sentado las bases de la futura crisis: la desigualdad, tal como ocurrió en el crack del 29, según John Galbraith.

Los recortes de George Bush para alentar las inversiones, no la impulsaron en absoluto y tampoco lograron detener la caída generalizada de la inversión empresarial privada durante 1980-2020.

Por lo tanto, quedó claro que el programa de política de Reagan de recortes de impuestos, desregulación y recortes de asistencia social no estaba funcionando. Pero a la salida de la crisis de  2008 –Barak Obama tampoco logró cambiar el rumbo - ese cambio no ocurrió y se estiró hasta la irrupción de la pandemia.

Las Bidenomics están asentadas en tres pilares: Poner efectivo en el bolsillo de los ciudadanos: Los beneficios en efectivo estan en el centro del proyecto de ley de alivio de COVID que ya se aprobó, con pagos cuasi universales de 1400 dólares; beneficios especiales de desempleo, vivienda y asistencia médica, etc. Este programa que arrancó como temporario será permanente con una asignación de 3000 a 3600 dólares por hijo por año, sin límite de tiempo ni contraprestación laboral. Es básicamente un programa piloto de salario básico universal para las familias.

El segundo pilar es la promoción de los trabajos de cuidado personal. El nuevo proyecto de ley de "infraestructura" incluye decenas de miles de millones de dólares al año para la atención domiciliaria a largo plazo para personas discapacitadas y ancianas. Biden ha dejado explícito desde el principio que tiene la intención de hacer de los trabajos de cuidado un punto central de su estrategia para el empleo masivo.

Y el tercer pilar es la inversión: inversión gubernamental y las medidas para fomentar la inversión privada. El primero incluye decenas de miles de millones al año en nuevos gastos de investigación, construcción masiva de nueva infraestructura de energía verde como redes eléctricas y estaciones de carga, modernizaciones de la infraestructura existente (redes eléctricas y de servicios públicos “verdes”) y reparación de caminos, rutas y puentes. Esto ayudará a restaurar la inversión gubernamental como una fracción del PIB, que ha estado descendiendo durante décadas. La administración Biden cree en el efecto multiplicador de la inversión pública. Por eso la investigación del gobierno también es complementaria a la inversión privada: hay un flujo claro desde los laboratorios financiados por el gobierno hasta la innovación de productos con financiación privada y la inversión que la acompaña.

Finalmente, el proyecto de electricidad limpia de Biden obligará a que toda la electricidad de EE.UU. esté libre de carbono para 2035, lo que estimulará la inversión privada en ese programa transformador.

Las Bidenomics asumen el hecho de que los EE.UU. tendrán una economía dual: Por un lado, un sector de innovación dinámico y competitivo a nivel internacional para lo cual cuenta con ventajas competitivas claras y, por el otro, un motor de empleo masivo (servicios personales, comercio minorista, finanzas, agricultura, servicios públicos y algunas industrias manufactureras no competitivas) que reforzará su mercado interno para distribuir el ingreso en la población, reducir la desigualdad y estimular el consumo.

Hay peligros en este camino audaz que el gobierno norteamericano emprende: posibilidad de inflación, ineficiencia y altos costos en los trabajos de infraestructura, aumento del déficit fiscal para sostener el empleo, etc. Lo que es seguro es que si se continúan las mismas políticas se conseguirán los mismos resultados. El capitalismo necesita como en 1930 reinventarse, salvarse de sus propias contradicciones y no hay razón para pensar que no lo haga de nuevo.

Si, además, las Bidenomics acompañan esa transformación en América Latina se abrirán oportunidades de inversión para la región sobre la cual China ya ha ofrecido oportunidades de negocio.

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