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Opinión 26 01 2021

Biden: ventanas de oportunidad para América latina


Autor: Michael Shifter









Inmediatamente después de asumir, el presidente Joe Biden fijó una ambiciosa agenda y envió un mensaje claro al pueblo de los Estados Unidos y al mundo: en su gobierno, EE.UU. adoptaría un tono y un estilo muy distintos –y seguiría un rumbo político notablemente diferente- de los de Donald Trump.

Entre sus primeras prioridades para desarticular el legado de su antecesor y proyectar un enfoque más humano figura una reforma migratoria amplia que incluye un camino hacia la ciudadanía para los aproximadamente 11 millones de migrantes indocumentados en los Estados Unidos.

La cuestión de la inmigración durante décadas ha sido una fuente importante de irritación entre los Estados Unidos y América Latina. De ser adoptada –y su aprobación dista de estar asegurada-, esta iniciativa legislativa contribuiría a mejorar las relaciones interamericanas. Sin embargo, Biden avanzará con cautela y evitará alentar un ingreso masivo de migrantes que pueda crearle problemas políticos a un gobierno que acaba de empezar.

Por cierto, Biden ha heredado un conjunto de crisis nacionales sin precedentes que exigen atención urgente, comenzando por la pandemia y la pésima situación económica, pero también un alto nivel de polarización política y tensiones sociales y raciales. Pese a que a Biden le importa mucho América Latina y conoce esta región mejor que sus antecesores, tendrá que centrarse como en estas crisis.

Los desafíos de política exterior en lo que hace a China, Rusia, Irán, Corea del Norte y otros países también tendrán precedencia. Las limitaciones en cuanto al diseño de políticas hacia América Latina serán significativas.

Por otra parte, Biden tiene la firme convicción de que, para atacar las “causas estructurales” de la migración de Centroamérica a los EE.UU., es crucial un apoyo sustancial y sostenido. Su gobierno ha propuesto destinar 1.000 millones de dólares anuales para ayudar a Guatemala, Honduras y El Salvador a reducir la violencia, fortalecer el Estado de derecho e impulsar el crecimiento y las oportunidades económicas. Esto no será fácil. La corrupción y la criminalidad generalizadas hacen que estos “socios” de los EE.UU. sean problemáticos.

De manera más amplia, el equipo de Biden ha prometido adoptar un enfoque de política exterior basado en valores. Bajo el gobierno de Trump, la preocupación por la democracia y los derechos humanos se limitaba a Venezuela, Cuba y Nicaragua, con el fin de obtener el apoyo electoral de las comunidades de exiliados en Florida. Bajo Biden, la agenda pro-democracia será más amplia, incluso respecto de los gobiernos que veían con buenos ojos la postura “no intervencionista” de Trump.

La Casa Blanca ya no pasará por alto los abusos en México, Colombia, Honduras, El Salvador, Brasil y otros países. Pero Biden sabe que, para ser eficaz, Estados Unidos tendrá que recuperar parte de la autoridad moral y la credibilidad que se redujeron marcadamente en los últimos cuatro años.

En la agenda de política exterior de Biden tendrán un lugar destacado el cambio climático y el medio ambiente, temas ausentes durante los años de Trump. La relevancia de estos temas exigirá cierta adaptación y conciliación en las relaciones bilaterales con toda la región. La relación estadounidense con el Brasil de Bolsonaro, donde la deforestación del Amazonas es de enorme preocupación para el equipo de Biden, será puesta a prueba de manera particular.

Si bien la administración Biden seguirá apoyando una transición democrática en Venezuela y Cuba, probablemente le dé mayor prioridad a las crisis humanitarias que aquejan a ambos países. Las soluciones políticas han resultado esquivas, y entretanto hay sufrimiento generalizado. Biden anulará las restricciones a los envíos de fondos y los viajes a Cuba y tratará de proveer asistencia a millones de venezolanos en su país y a otros tantos migrantes y refugiados venezolanos en toda América Latina.

Cómo responder a la presencia y el involucramiento crecientes de China en América Latina y el Caribe también será central para la agenda regional de Biden. La importancia de esta cuestión dependerá de la evolución de las tensiones globales entre Estados Unidos y China. En lugar de presionar a los gobiernos para que elijan entre EE.UU. y China, la administración Biden pondrá el énfasis en la diplomacia y el multilateralismo y tratará de competir de manera más exitosa con Beijing.

¿América Latina está preparada para este nuevo enfoque en Washington? La región se ve afectada por problemas políticos y enfrenta perspectivas económicas difíciles. El descontento social probablemente aumente. Cuesta encontrar un momento en que América Latina haya estado más fragmentada. Los mecanismos regionales –algunos de larga data, otros más recientes- no han sido sólidos ni eficaces. La mayoría de los gobiernos han vuelto la mirada hacia adentro para centrarse en los problemas nacionales.

Para América Latina, es importante elaborar estrategias regionales que permitan aprovechar las oportunidades que ofrece el gobierno de Biden. Una idea prometedora es fortalecer la cooperación en materia de energías renovables. Los gobiernos regionales también deberían trabajar de manera concertada para posicionarse de manera más ventajosa en lo que hace a la competencia entre EE.UU. y China, que muy probablemente se acentúe.

Para la Novena Cumbre de las Américas de este año, en la que se reunirán todos los jefes de Estado del hemisferio y que tendrá lugar en los EE.UU., serán cruciales las iniciativas latinoamericanas para afrontar en conjunto los problemas que afectan a todo el hemisferio. Nuevas propuestas para resolver la crisis venezolana y defender la democracia –la histórica Carta Democrática Interamericana se adoptó hace dos décadas- serían especialmente bienvenidas.

La prioridad más urgente es intensificar la cooperación para hacer frente a la mortífera pandemia que ha devastado a los Estados Unidos y la región. La ausencia de un esfuerzo serio de la administración Trump a este respecto fue vergonzosa. Aunque Biden sin duda se centrará con ahínco en poner la pandemia bajo control en los EE.UU. –su capacidad para hacerlo podría determinar el éxito de su presidencia-, es esperable que se dirija a América Latina para enfrentar, juntos, la peor crisis de nuestro tiempo.

Publicado en Clarín el 26 de enero de 2021.