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Opinión 21 01 2021

Biden, una buena noticia ambiental


Autor: Alieto Aldo Guadagni









El siglo XX ha sido extraordinario por el desarrollo de las fuerzas productivas, con un progreso tecnológico que enterró a la profecía malthusiana, que nos condenaba a no poder mejorar nuestro nivel de vida. El crecimiento económico de la centuria pasada fue el mayor de toda la historia: el PBI mundial aumentó casi 20 veces, mientras que en los 400 años previos apenas había crecido siete veces. El progreso económico es indispensable, pero debemos reconocer que el medio ambiente y la biodiversidad deben ser preservados.

Enfrentamos un desafío planetario, ya que las condiciones ambientales se han deteriorado y seguirán empeorando si continúan las tendencias actuales. El cambio climático es un problema global, porque los gases de efecto invernadero se mezclan en la atmósfera y tienen el mismo impacto, no importa dónde se emitan.

El clima está cambiando como consecuencia de las actividades humanas, fundamentalmente por la combustión de fósiles y la deforestación.

La Tierra ya ha experimentado un calentamiento en las últimas décadas y se prevé un calentamiento adicional en los próximos años si no se aplican medidas acordadas en el nivel internacional. Los resultados serán una mayor incidencia de fenómenos meteorológicos extremos.

Ello, junto con la elevación del nivel del mar, afectará negativamente la agricultura, los recursos hídricos, los asentamientos humanos, la salud humana y los sistemas ecomo, lógicos. Miles de glaciares están replegándose y el espesor de la capa de hielo en el Ártico viene disminuyendo año a año durante el verano.

Las evidencias científicas sobre el calentamiento terrestre y sus efectos adversos se han incrementado en los últimos años. La Agencia Ambiental del gobierno de los Estados Unidos (NOAA) acaba de informar que 2020 fue un preocupante año por los eventos climáticos (incendios forestales, sequías, tornados y ciclones).

Los daños causados por estos eventos llegaron a 95.000 millones de dólares. Los incendios forestales afectaron en el 2020 un territorio que supero en un 51% el anualmente registrado en la década pasada.

Las hectáreas incendiadas en el 2020 han sido las mayores desde el año 2000. La temperatura en el año 2020 superó en 1,3 C” a la temperatura promedio del siglo XX. Según la NOAA los 5 mayores promedio anuales de calor han ocurrido en los Estados Unidos a partir del año 2012.

Las consecuencias negativas del cambio climático han estado fuera de la ponderación económica, porque no se ha incluido el costo de los efectos perjudiciales que tienen en la salud, la producción y en la viabilidad de naciones que son vulnerables.

La aspiración de los contaminantes de eludir la carga de la externalidad negativa del cambio climático complica la negociación en el ámbito de las Naciones Unidas. Esta externalidad global pone en riesgo el clima, que es un bien público global, por esta razón el reconocimiento de esta externalidad es crucial en la política energética.

El Observatorio Meteorológico de los Estados Unidos, establecido en Mauna Loa (Hawai), acaba de informar que los gases CO2 acumulados en la atmósfera ya llegan a 415 partes por millón (ppm). Esto significa un aumento de 2,3 ppm en los últimos 12 meses. A este riten apenas 15 años cruzaríamos la barrera crítica de los 450 ppm, requerida para que la temperatura global no se incremente 2 grados centígrados sobre el nivel preindustrial.

La pandemia está cambiando transitoriamente esta situación, ya que la caída en la utilización de fósiles está reduciendo las emisiones de CO2, que se estima que este año serán inferiores debido a la recesión global, pero esta no es una solución sustentable ni alcanza, ya que Mauna Loa nos alerta que día a día sigue aumentando el CO2 acumulado en la atmósfera.

Las energías fósiles contaminantes representan nada menos que el 84 % de la producción mundial de energía, según BP esta proporción se reduciría a un 66% hacia el año 2050, teniendo en cuenta las políticas energéticas vigentes en el mundo. Pero con esto no alcanza, ya que lo que cuenta es la magnitud del consumo total de energía fósil que no se reducirá ya que será en 2050 casi el mismo que ahora...

El objetivo global debe ser preservar el medio ambiente en el Planeta, que está siendo amenazado, no solo por la pandemia del coronavirus, que podrá ser superada gracias a las investigaciones científicas, sino también por estas crecientes emisiones contaminantes y aún no hemos logrado acordar eficaces políticas internacionales.

Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos fueron de gran importancia para el futuro de las emisiones contaminantes.

Recordemos que cuando el republicano Bush (h) asumió la presidencia, en 2001, negó la ratificación del Protocolo de Kyoto, y cuando asumió Trump (2016) decidió el retiro de los compromisos del Acuerdo de Paris (2015) y además anuló medidas adoptadas por Obama para abatir las emisiones contaminantes; Estados Unidos segundo contaminador mundial, dejó así de ser parte de la solución para convertirse en parte del problema, incluso con nuevas regulaciones que entonces contribuyeron a debilitar la expansión de las energías limpias y la conservación energética.

Es una buena noticia que el presidente Biden haya dicho que su primer acto de gobierno será aceptar el Acuerdo de Paris. Y haya planteado la necesidad de una nueva política energética que estimule las energías limpias, apuntando a que a mediados de este siglo todas las energías sean “limpias”. Como el mundo ha avanzado poco, queda mucho por hacer para preservar nuestro planeta. Es urgente consolidar el crecimiento ambientalmente sustentable, para asegurar que no haya excluidos de la prosperidad ni en esta generación ni tampoco en las futuras. El mandato bíblico fue éste: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Génesis 1:28). Pero eso no significa destruirla. 

Publicado en Clarín el 20 de enero de 2021.