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26 08 2020

Bannon en el espejo de Trump


Autor: Alejandro Garvie









¿La caída de Bannon anticipa la derrota de los líderes a los que él asesoró en los últimos años?


Steve Bannon, obeso y con cara de alcohólico, salió custodiado por policías, detenido por una acusación de fraude, rumbo al juzgado. Unos años más tarde de haber sido el mentor ideológico de Donald Trump y adalid de la nueva derecha mundial, Bannon cayó en desgracia.

El ex militar y especialista en finanzas se suma a la “caída” de varios hombres cercanos a Trump: el presidente de la campaña de 2016 Paul Manafort y su adjunto, Rick Gates; El primer asesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn; su mentor político Roger Stone; y su ex abogado personal Michael Cohen, todos han sido condenados por delitos federales desde que Trump asumió el cargo.

Bannon, que se describe a sí mismo como propagandista, ha citado la célebre cineasta alemana y simpatizante nazi Leni Riefenstahl como inspiración, y en general se ha descrito a sí mismo como un revolucionario. "Soy un leninista", según los informes, le dijo a un nuevo conocido en una fiesta en 2013. "Quiero derribar todo y destruir todo el sistema que existe hoy".

Al congresista de Florida Carlos Curbelo le dijo: “En su mundo oscuro, dividir sociedades y destruir instituciones son simplemente medios para el enriquecimiento personal", actitud que refleja lo que Donald Trump ha hecho con muchas instituciones norteamericanas, desde la política exterior, hasta la relación con la oposición y los medios de comunicación.

Bannon ganó notoriedad por primera vez en Washington como presidente del sitio Breitbart, al que él mismo definió como "la plataforma de la derecha alternativa", durante el segundo mandato del presidente Barack Obama.

Financiado por el magnate de los fondos de cobertura Robert Mercer y su hija Rebekah –mecenas también de Cambridge Analytica– Bannon trepó de forma meteórica en la consideración de los conservadores. Con los objetivos de ese grupo de poder y las herramientas de manipulación -ilegal– de datos de Analytica, comercializó su capacidad para compilar "perfiles psicográficos" de los votantes para mejorar los mensajes de micro-objetivos. 

Instalado en la campaña de Trump, se lo reconoce como el artífice de su victoria y fue recompensado con un cargo de asesor estratega en jefe, con especial injerencia en el Consejo de Seguridad Nacional. Luchó contra elementos más moderados de la administración, los llamó "globalistas", para impulsar la versión más extrema de la agenda populista de Trump, que los críticos condenaron como xenófoba, racista y fascista.

En 2017, luego de entrevistarse con los hijos de Jair Bolsonaro a quien asesoró para llegar a la presidencia, le dijo a El Mercurio de Chile: “Trump conecta con la clase trabajadora, tiene una habilidad única en eso. Ellos creyeron que él podía revertir el declive generado por las élites de los dos partidos, que se sentían cómodos administrándola. Lo que Trump dijo es que iba a ser un disruptor e innovador en distintas áreas, desde la OTAN y Norcorea hasta el comercio con China, dando voz a la gente y revalorizando el concepto de ciudadanía. Ese es el poder de Trump y siempre digo que esta revolución recién está comenzando, vamos a tener cada vez más gente en Pakistán, Asia, África, América Latina que exigirá este populismo de derecha. Una vez que los millennials se sumen, va a ser la fuerza política más poderosa en el mundo.”

La revista Time lo etiquetó como "El Gran Manipulador", lo que insinuaba que él era el verdadero poder detrás del trono de Trump. Bannon estaba contento con esa imagen. "La oscuridad es buena", le dijo al Hollywood Reporter. "Dick Cheney. Darth Vader. Satán. Eso es poder ".

El alto perfil de Bannon molestó a Trump, al igual que las constantes peleas del estratega jefe con la hija del presidente Ivanka y su esposo, Jared Kushner. Bannon duró siete meses en la Casa Blanca antes de regresar a Breitbart en el verano de 2017. Wall Street saludó el evento con una recuperación de sus operaciones, a las que Bannon amenazaba.

Bannon sirvió como fuente clave para el sensacional libro de 2018 de Michael Wolff, "Fire and Fury", en el que critica al presidente y su familia. Trump repudió a Bannon, quien perdió el respaldo de los Mercer y dejó Breitbart para siempre.

Sin inmutarse, intentó unir a los partidos populistas de derecha de todo el mundo en una coalición internacional –hizo contactos con Viktor Orban de Humgría, Mateo Salvini de Italai y otros líderes europeos- y fogoneó la guerra comercial con China, patrocinando una reedición de la Guerra Fría.

Después de perder el apoyo de los Mercer, la agitación de Bannon contra Pekin lo llevó a un nuevo patrocinador: el misterioso multimillonario chino de los medios Guo Wengui. Guo, un ex miembro del Partido Comunista de China, huyó a Estados Unidos en 2014 después de enterarse de que lo buscaban por soborno, fraude, lavado de dinero y violación, acusaciones que él niega.

En los años transcurridos desde entonces, el ex magnate ha inundado las redes sociales con videos y publicaciones que alegan corrupción dentro del Partido Comunista Chino, mientras que, según informes, desembolsó 100 millones de dólares para investigar sus crímenes con la ayuda de Bannon, a quien contrató por un millón en 2017. El mes pasado The Wall Street Journal informó que el FBI estaba investigando la financiación de Guo y su relación con Bannon.

Ambos son los principales impulsores de la acusación hacia China de haber creado y esparcido el COVID-19 desde un laboratorio, en forma de fake news y otros métodos propios de los desarrollados durante la campaña presidencial de 2016.

A bordo del yate de Guo, en Long Island Sound, cerca de Connecticut, los agentes federales, supuestamente, arrestaron a Bannon, quien en una audiencia virtual se declaró inocente de los cargos. Fue liberado por el juez federal que puso como condiciones una fianza de 5 millones de dólares y que no subiera a más aviones o barcos privados sin el permiso del gobierno.

Mientras Bannon buscaba continuar canalizando la energía populista pro-Trump sin el respaldo del presidente, a fines de 2018 se unió al proyecto del muro fronterizo financiado por la multitud que finalmente condujo a su acusación.

Trump continuó abrevando del discurso derechista y fascista, al igual que muchos líderes de la nueva derecha mundial. Bannon ya dejó en claro que es un mero discurso para llegar al poder, habrá que ver si sirve para sostenerlo. Si Trump es derrotado en las próximas elecciones, como todo indica, los demás pondrán las barbas en remojo.