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22 09 2020

Avanti Morocha


Autor: Eduardo A. Moro









Un político sagaz y con gran experiencia diplomática, trajinó entrevistas televisivas recientes y al concretar su opinión sobre el comando del poder, selló su respuesta con una elocuente expresión en inglés: game over. El juego terminó. Ya no se discute que la Jefa es la dueña  del poder. Concluyó la cosmética y rige la real politk a lo ñandú: una pilota en silencio y un copiloto parlanchín que hace morisquetas periféricas. 

Mientras tanto sabemos que “vamos viendo” la cuarentena. Pero es inevitable pasar a “los asuntos” como decía De Gaulle, porque  nos atropellan. Es necesario pues- para orientarnos-  hacer saber al país y al mundo cuáles son los asuntos de Argentina, sus rumbos. Su hoja de ruta. Los asuntos  andan  a los tumbos y manijazos de sectores y funcionarios sin objetivos ni coordinación en línea con la balcanización de sus integrantes. Se perciben distancias entre deseos invocados, declaraciones, acciones contradictorias y resultados imprecisos.  

Esto no implica soledad de los que mandan: los acompañan un sólido porcentaje de fanatismo ideológico-personalista, que no cree en la mediación de las instituciones. También bancan al poder la tolerancia  de grupos corporativos duchos e interesados,  así como gran parte del sindicalismo hereditario, movimientos sociales difusos, membretes extremos, oportunistas tradicionales del imperio clientelar. Nada más lejos de propiciar ni aceptar cambios en el cómodo paisaje ya conocido de quienes comparten entre ellos la autosatisfacción sin mérito.  

Es de observar el aguante paciente de tantos gobernadores e intendentes, dispuestos a todo, menos a perder el manejo de sus  feudos.  Ahora hay un tríptico básico entre Cristina, Alberto y Sergio. Campea  la Dama silenciosa, pero de enfurecerse la situación, puede decidirse directamente por el reemplazo formal y sanseacabó. Si ocurriese, está claro que Sergio merodea el porvenir . No le facilitará  las cosas a Máximo :  heredero tocado por la mano de Dios y sostenido por hombros juveniles e impetuosos. La renovación de medio término del próximo año afila las garras de los que están para seguir estando -o reforzarse- y de los pretendientes para reemplazar a los que están.  

La oposición intenta hablar en derecho frente a lo que está irremediablemente torcido, lo cual hace muy difícil todo diálogo.  Frente a una embestida sinuosamente cerril apoyada en marea de votos,  no encuentra el modo de acordar ciertas reglas de juego para funcionar decorosamente de acuerdo a su rol, atrapada entre la educación con ineficacia y patear el tablero a lo bruto. Es doloroso ver en el bosque a una frágil caperucita opositora tratando de encontrarle  la parte buena al lobo. Así como imaginar el resultado, uno de cuyos prematuros síntomas ha sido el chirlo a Larreta, y  el  reciente agregado del señor Daer convocando para el 17 de octubre. Ese día y no otro, millones de sujetos movilizados en serio, saldarán  la legitimidad popular de la democracia plebiscitaria directa -y ya delegada en la Dama protectora- sin subterfugios constitucionales.  

Los  hondos y crónicos  problemas del país persisten en la desorientación. No hay giróscopo posible cuando se desconoce totalmente hacia dónde se quiere ir, para qué, cómo, cuándo ni con quién. Si ignoramos hacia dónde vamos, tampoco es posible encontrar otros acompañantes, más que los que estén dispuestos a seguir por ciega fidelidad, como peregrinos religiosos.  En una palabra, viviremos una suerte de autofagia, picoteándonos entre unos y otros, tratando de sobrevivir sin producir nada nuevo, ni establecer relaciones con otros escenarios de actividad mundial.  

Si es lamentable que no pueda establecerse diálogo confiable entre gobierno y oposición  -para tratar de encontrar una senda civilizada que nos contenga- igualmente afligentes son los devaneos de nuestra política exterior,  alucinada por medidas atrabiliarias. El absurdo es tal, que carecemos de buenas relaciones con todos los países limítrofes  y organismos multilaterales americanos de mayor interés, desde el Mercosur hasta el BID.  

Un siglo y medio atrás, en Política exterior de la República Argentina aplicable a las Repúblicas de Sud América, Alberdi sostuvo que las relaciones externas son "parte prominente" y que la política exterior hace a la prosperidad: ”El pueblo, como el hombre que recién empieza su vida, es el que más necesidad tiene de apoyos externos, porque no sólo se trata de gobernar la nación (…) y un desafío de crecimiento y desarrollo de las potencias dormidas (…) sino de ayudarlas con el exterior (…).

A todo esto: ¿Se habrá recuperado Duhalde de su trastorno confusional?, ¿Sigue con divertimentos rizomáticos?, ¿Cuál será su tercera visión?, ¿Al estilo fratelli franciscano?, ¿O a lo Nostradamus? Hay suspenso en las tribunas.