menu
30 11 2022

Apostillas del Mundial de Qatar


Autor: Alejandro Garvie









Cada cuatro años se celebra un evento internacional masivo organizado por una ONG (FIFA) que es un negocio multimillonario. Debajo de la montaña de oro todavía late lo que lo mantiene en vida: un juego.

Muchas notas han abundado en estas semanas de comienzo del mundial de Qatar: la prensa británica dijo que 6.500 trabajadores, de 30.000 -provenientes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka- habían muerto construyendo la infraestructura en Qatar desde que el país logró la candidatura. La alemana DW afirmó que el costo de Qatar 2022 excede los 200.000 millones de dólares - hasta hoy, los más caros han sido el de Brasil, de 2014, y el de Rusia, de 2018, con menos de 15.000 millones. Toda la prensa mundial señala como la FIFA blinda de demostraciones políticas el evento. Y todos sospechan de sobornos por parte de los poderosos qataríes –en 2018 fueron los rusos– a las siempre turbias autoridades de la FIFA, y así siguen las apostillas “no positivas” sobre la puesta en marcha del actual mundial de fútbol.

A eso podríamos agregar que apenas terminada la 27ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), los estadios en Qatar son un dispendio de energía – están refrigerados – un ejemplo del derroche que pueden permitirse los dueños de los combustibles fósiles que hoy han revivido gracias a la guerra entre Ucrania y Rusia.

También es interesante notar que este es el mundial de los millonarios. Vaya como ejemplo el partido Bélgica vs. Marruecos, mientras los simpatizantes marroquíes adornaron las tribunas con lujosos trajes típicos y se nota que eran personas acomodadas, en Bélgica –luego del partido que los marroquíes ganaron– estallaron disturbios muy violentos a manos de los marroquíes pobres que son una importante colonia –una paradoja una colonia en el país que los colonizó– en Bruselas, capital, además, de la Unión Europea.

Está claro que viajar a Qatar no es para gente de medios recursos –salvo para aquellos que viven cerca– y el nivel de lujo obsceno que se exhiben en videos de whatsapp, dejan claro que es un evento para pocos. Los más lo vemos por televisión, manteniendo esa ilusión de ver a nuestros connacionales alcanzar el éxito, al que consideramos propio, al igual que el fracaso.

Pero ellos también son millonarios, como lo son casi todos los que rodean este inmenso show. Lo notable es que lo que mantiene todo con vida es el juego y las veleidades de una pelota, de cuyo destino final depende el atractivo de todo el circo.

Uno puede estar de acuerdo con Lionel Scaloni cuando en su última conferencia de prensa, tras ganarle al combinado de Méjico, dijo que había una presión inhumana sobre los jugadores y el cuerpo técnico, porque esto es un juego. Su visión romántica, a la que nos gustaría adherir, no podría ser más antojadiza. El mundial es un enorme negocio, ya no es sólo un juego, y como tal, afecta nuestro humor desde un mes antes del evento: la publicidad en torno a él es abrumadora, desde electrodomésticos hasta alimentos, pasando por una enorme ola de casas de apuestas que han invadido el fútbol de forma grosera, juegan su suerte a los sentimientos que generan los equipos, y a su éxito. Los sponsors también hacen sus inversiones; la estadía de los periodistas en el evento depende de la continuidad del equipo nacional al que acompañan, hasta los políticos especulan con el buen o mal humor que genera el resultado del torneo.

Será que con el futbol pasa lo mismo que con la guerra, se deshumaniza. Ya no se trata de la lucha a brazo partido para alcanzar la victoria, se mata a distancia, como en un videojuego. Ya no hay decisiones polémicas de los árbitros, el VAR es el ojo avizor y ya el referí –que se lo nota un adorno– saldrá del campo de juego.

Todavía miles de niños juegan al fútbol, pero otros miles lo hacen de forma virtual, e incluso pasan horas armando sus equipos antes de iniciar un juego. ¿Todo esto es malo o es bueno? Que cada uno opine y actúe en consecuencia, si puede.