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Opinión 16 11 2016

El precio de los combustibles, el barril criollo y la distribución de la renta en Argentina


Autor: Alejandro Einstoss









El 31 de octubre venció el acuerdo entre el Ministerio de Energía y las principales petroleras del país, por el cual se congeló el precio de los combustibles por tres meses, postergando de esta forma los aumentos acordados con anterioridad que permitían recomponer los valores en dólares de los combustibles a niveles previos a la devaluación de diciembre pasado.

El mismo acuerdo incluía también un sendero de reducción del precio sostén al barril de producción nacional por el cual el Estado Nacional asegura –desde finales de 2014– a los productores locales un precio al barril criollo 40% superior al internacional, con el objetivo de promover la inversión en el sector. 

De esta forma el Gobierno intenta acercar de manera gradual los valores locales del crudo a los precios internaciones, mediante una reducción del 2% en agosto, 4% en septiembre y 6% en octubre.

La aplicación del mencionado precio sostén, implicó que los consumidores argentinos (industriales, comerciales y particulares) pagáramos los combustibles más caros de la región lo cual tiene efectos micro y macroeconómicos de magnitud y al mismo tiempo genera importantes modificaciones en la apropiación de la renta que genera la producción de un recurso natural no renovable como es el petróleo.

La matriz energética argentina depende casi en un 90% de petróleo y gas, lo cual transforma a la producción de petróleo y gas en un aspecto estratégico para el desarrollo nacional. Por lo tanto, también lo es la evolución, apropiación y aplicación de las rentas que se generan en la producción de hidrocarburos.

En el reciente trabajo “Análisis de la Evolución reciente de la Renta Petrolera en Argentina”, el cual puede ser descargado en la página web de la Fundación Centro de Estudios para el Cambio Estructural –www.fcece.org.ar http://fcece.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sde36.pdf–, se realiza una estimación de la renta petrolera en Argentina para el periodo 2011-2015 –últimos cinco años– y se describen los efectos de la aplicación de la política pública de “precio sostén”.

En el marco de dicho trabajo se consideró “renta” a la diferencia entre el valor de la producción total de petróleo crudo al mayor precio de realización en el mercado (Para los años 2011 a 1014 se consideran los precios de exportación de la canasta de crudo producida en territorio argentino, según datos del Ministerio de Energía y Minería, excepto para el año 2015, en el cual se toma el precio al mercado interno por ser superior al internacional), menos el costo estimado de producción.

Así estimada, la renta petrolera total generada en el período 2011-2015 ascendió a USD 68.900 millones, lo que implica un promedio anual de USD 13.800 millones (aproximadamente 3% del PBI 2015).

Lo interesante del dato no sólo pasa por la magnitud de los recursos involucrados, sino por los cambios en la distribución de la renta en el periodo analizado.

En 2011 los consumidores se apropiaban casi el 50% de la renta (USD 8400 millones), producto de la venta del barril de petróleo en el mercado interno a un precio 37% inferior al precio internacional debido a la aplicación de retenciones.

Sin embargo, a partir de diciembre de 2014 la situación de los consumidores se revierte, producto de pagar el barril de crudo para consumo interno “barril criollo”, un 40% más caro que el precio internacional lo cual implicó, sólo en 2015, una transferencia de ingresos desde los consumidores hacia las empresas petroleras de USD 4300 millones.

Evolución del precio del barril de petróleo en dólares, mercado interno vs WTI.

 

Fuente: Elaboración propia, fuente MINEM - EIA

 

 

Para poner en contexto la magnitud de ésta transferencia, en 2015 los consumidores han transferido un monto que permitiría reducir un 30% de los subsidios a la energía (que hoy explican ¾ partes del déficit total del Estado Nacional), o duplicar el presupuesto anual de las universidades nacionales o triplicar la asignación universal por hijo.

La Resolución 1077/2014 del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y la Resolución 33/2015 de la Comisión de Planificación y Coordinación Estratégica del Plan Nacional de Inversiones Hidrocarburíferas, plantean los objetivos principales que explican la aplicación de precios mínimos o sostén a la producción de petróleo local:

  • Garantizar los niveles de rentabilidad del sector de hidrocarburos con el propósito de mantener las pautas de inversión, estimulando la inversión en exploración y explotación para contar con nuevos yacimientos que permitan recuperar el horizonte de reservas.
  • Incrementar en el corto plazo la producción de petróleo crudo, reduciendo de esta forma las importaciones.
  • Proteger el nivel de actividad y empleo de las cuencas productoras.

Transcurridos más de 18 meses desde su aplicación, se observa que dicha política no exhibe los resultados esperados en función de los objetivos planteados.

La producción de petróleo nacional declina desde 1998 y en particular durante el periodo analizado cae a razón de un 1% por año. Hoy se ubica en aproximadamente 200 millones de barriles por año, un 5% inferior a la producción observada en 2011.

En relación a la inversión se analizaron dos variables, la evolución en pozos de exploración, y el número de equipos de perforación como proxi de la inversión que permita recuperar el horizonte de reservas.

Según datos del Ministerio de Energía y Minería de la Nación, se verifica que los pozos de exploración caen 40% entre 2013 y 2015.  Y en relación al número de equipos de perforación se observa una marcada caída en el esfuerzo de inversión, en especial a partir de diciembre de 2015 con una disminución también del 40%.

Dichos guarismos inducen a pensar que reconocer un precio del petróleo superior al internacional no ha genera por sí solo, los estímulos a la inversión previstos por la norma.

Otra de las razones esbozadas por la normativa para sostener un precio interno superior al internacional, se encuentra en la necesidad de garantizar los puestos de trabajo del sector.

En este aspecto se observa que desde la vigencia de la resolución 1077/2014 el número de trabajadores en el sector se incrementó aproximadamente un 10%, mientras que las remuneraciones se incrementaron en promedio un 98%, verificándose que la masa salarial del sector fue de u$s 4374 millones, un monto prácticamente equivalente a la transferencia que los consumidores efectuaron a las empresas petroleras durante 2015.

Por lo tanto, al analizar los efectos de la distribución de la renta a partir de diciembre de 2014, hay claros ganadores y un solo perdedor: "el consumidor".

Del lado de los ganadores no solo encontramos a las empresas productoras de petróleo, sino también a los estados provinciales petroleros que cobran regalías e impuestos sobre un precio 40% superior al internacional y también al Estado Nacional, que ve aumentar la recaudación del impuesto a los combustibles líquidos más caros de la región, en una magnitud que representa 1% del PBI.

El mantenimiento de un precio del barril “criollo” artificialmente caro tiene como principal consecuencia que los combustibles en el mercado interno sean los más caros de la región, con la excepción de Uruguay.

 

Valor del Gas Oil

 

Este sobrecosto genera efectos en la macroeconomía en general, ya que se trata un insumo relevante que impacta en la formación de precios de todos y cada uno de los sectores de la economía. Entre muchos otros impactos, se advierten los siguientes:

  • Deteriora la competitividad vía aumento en los costos logísticos de las economías regionales, debido a que el transporte por camión es por lejos el principal modo de transporte.
  • Incrementa al Déficit Fiscal: Por la utilización de combustibles subsidiados en el transporte público.
  • Impacto en el precio de los alimentos: vía el sobrecosto afrontado por el sector agropecuario, producto de pagar el precio del gasoil más caro.

En este último aspecto el precio del gas oil es un punto central al momento de explicar una fuerte desventaja competitiva para los productos nacionales.

Por lo expuesto, resulta necesaria la revisión de la actual política pública, implementada por la anterior administración y que se mantiene en vigencia, que no sólo se ha mostrado ineficiente para alcanzar los objetivos de incrementar reservas, aumentar la inversión y proteger el nivel de actividad del sector, sino que por el contrario, genera estímulos que se contraponen a las mismas.

Es así que mantener un precio interno del barril de petróleo superior al internacional podría generar incentivos a las refinadoras (integradas y no integradas) a importar petróleo barato en busca de la renta adicional producto de vender sus derivados a los actuales precios internos, con el consecuente desincentivo a la producción a nivel local.

La actual política implica también un alto costo de oportunidad en la aplicación de los recursos generados.

En 2015 los consumidores industriales y particulares han transferido en 2015, un monto equivalente al 90% del valor licitado por la construcción de las represas “Presidente Dr. Néstor Kirchner” y “Gobernador Jorge Cepernic” (ex Condor Cliff y La Barrancosa) por U$S 4700 millones.

Asimismo, la reciente Ley 27.191 da incentivo al desarrollo de Energías Renovables y prevé elevar la participación de energía eólica y solar al 8% para 2017, y al 20% para 2025, lo cual requiere una inversión de aproximadamente U$S 15.000 millones. De mantenerse la actual política de precio sostén, y el precio internacional del petróleo en torno a los USD 50, durante el periodo 2016-2019, se generarían los recursos económicos necesarios para financiar dichas inversiones.

Por lo cual, si es que se decide mantener la actual política de precios, se hace necesario evaluar la conveniencia de aplicar la totalidad de los fondos generados por éste mecanismos al desarrollo de hidrocarburos no convencionales, o si por el contrario es factible utilizar los mismos para impulsar la transformación de la actual matriz energética.

Dicho monto podría transformarse en una importante fuente de financiamiento en vistas a diversificar la matriz energética argentina, reduciendo la dependencia del petróleo y gas.

Lo anterior implicaría comenzar a transitar el camino hacia una matriz: diversificada: reduciendo nuestra dependencia de hidrocarburos, más confiable: reduciendo los riesgos de cuellos de botella en el abastecimiento, sostenible: reduciendo el costo económico de crecientes importaciones de petróleo y gas y ambientalmente sustentable.

 

El autor es Licenciado en Economía, profesor Titular de Regulación de Servicios Públicos.