menu
26 12 2017

Los republicanos ante el riesgo de perder el control del senado


Autor: Alejandro Garvie









El senador del GOP (Great Old Party) por Arizona, John McCain, no votó la reforma impositiva que Donald Trump impulsó. No lo hizo por convicción sino porque estaba en su ciudad internado por un cáncer cerebral que amenaza terminar con su vida. McCain, nacido en Panamá y candidato presidencial en 2008, es senador desde 1987 –casi la permanencia de algunos caudillos del conurbano bonaerense o de mandatarios provinciales de la Argentina– y a sus 81 años, su gestión corre serio riesgo de “extinguirse”.

Otro senador republicano, Thad Cochran de Mississippi –quien cumplirá 40 años como tal en 2018– sí votó la reforma, aunque no había podido estar activo en su banca durante buena parte del año, debido a una infección persistente del tracto urinario. El estado de salud de Cochran, de 80 años –que incluye sospechas de senilidad– ha planteado dudas sobre si podrá cumplir su mandato que tiene tres años más de duración. Ante la duda, Cochran afirma que en 2020 “irá por la reelección”.

Si la salud de estos dos senadores les obliga a dimitir, las consecuencias políticas podrían ser muy importantes. En 2018, el Estado de Arizona pondrá en juego dos escaños del Senado. Los demócratas ya han elegido apuntar a la banca del republicano saliente Jeff Flake, envalentonados con los magros resultados obtenidos en las presidenciales por Arizona. Capturar ambas bancas hoy en manos de los republicanos podría ser suficiente para que los demócratas se quedaran con el control del Senado, siempre y cuando revaliden todos los escaños que defienden el próximo año, diez de ellos en Estados donde ganó Trump.

En Mississippi, Cochran apenas sobrevivió a las primarias de 2014 en las que compitió con el joven senador estatal Chris McDaniel. El favorito del Tea Party superó ligeramente a Cochran en la primera vuelta, luego perdió la segunda vuelta por solo 7.500 votos, en lo que fue denunciado por McDaniel como un fraude del establishment republicano. McDaniel cuenta con el apoyo de Steve Bannon para las próximas elecciones, por lo que los demócratas podrían aprovechar la fuerte pelea entre los republicanos para dar un golpe de timón al escaño de ese Estado.

Especular sobre la salud de los representantes de los Estados es una cuestión desagradable, aunque necesaria cuando la paridad de fuerzas es tan exigua. La historia reciente de los EE.UU. muestra un caso similar. En el año 2002, los demócratas tenían un voto de diferencia a su favor en el Senado, debido a la deserción –en 2001– del republicano Jim Jeffords, senador por Vermount. Su acción dio la mayoría a los demócratas. Pero solo once días antes de las elecciones de mitad de período, el senador de Minnesota Paul Wellstone murió en un accidente aéreo. Su sustituto, el ex vicepresidente Walter Mondale, perdió ante Norm Coleman que se convirtió en el senador número 51 del Partido Republicano. Si Wellstone hubiera sido reelecto, el Senado se habría dividido en partes iguales.

La política norteamericana está muy enrarecida desde que asumió el indescifrable Donald Trump. Los equilibrios políticos son muy precarios, tanto que dependen de decisiones acertadas como de la salud personal de sus actores.