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Opinión 01 12 2017

Día Nacional del Politólogo. Pensar la Ciencia Política: reflexiones a partir de los aportes del CEDES


Autor: Pablo Bulcourf y Nelson Cardozo









A partir de la instauración democrática hacia finales de 1983, la ciencia política ha experimentado un crecimiento sostenido tanto en la Argentina como en el resto de América Latina; si bien hay grandes asimetrías tanto regionales como institucionales, la disciplina avanza y se consolida. Este no fue el panorama anterior, en donde las interrupciones institucionales y el descrédito en los mecanismos democráticos habían dominado la escena en algunos países como el nuestro; una historia de marchas y contramarchas caracterizó a la ciencia política argentina, impidiendo la construcción de los diferentes modelos de politólogos que se fueron sucediendo desde comienzos del siglo XX.

Algunos de nuestros colegas que ya no nos acompañan en vida, u otros que hoy “pintan canas” fueron testigos y sufrieron la intolerancia, la persecución política, el exilio y la muerte. Hacer ciencias sociales no era una tarea fácil en tiempos del conocimiento de catacumbas. Hoy queremos especialmente rescatar la experiencia del CEDES (Centro de Estudios de Estado y Sociedad), una de los principales centros de ciencias sociales que transitó desde su creación por la amarga experiencia de la dictadura del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”. Esta institución, creada por colegas como Guillermo O’Donnell, Oscar Oszlak y Marcelo Cavarozzi, entre otros logró generar un clima de trabajo y creatividad a pesar de las condiciones inhóspitas generales por las que atravesaba el país.

Sustentados por algunos recursos provenientes del exterior y sin apoyo local lograron una enorme producción académica caracterizada por su elevada calidad y originalidad. Gran parte de sus integrantes habían realizado estudios de posgrado en el exterior, a lo que se sumaba la experiencia personal, la militancia estudiantil y alguno que otro paso furtivo por la política. Esto permitió un clima interno de diálogo y amalgama de enfoques y perspectivas, a lo que se sumaba la particularidad de estar y tratar de comprender la compleja realidad latinoamericana. Los vínculos construidos durante las estancias de estudio en el exterior también permitieron crear vasos comunicantes con la experiencia de los países centrales fomentando la reflexividad crítica. Es así como surgió el llamado “enfoque histórico-estructural” que junto a la ya formulada “teoría de la dependencia” van a constituir uno de los aportes fundamentales de las ciencias sociales de la región.

Esta concepción intentaba poder analizar, en sentido histórico, la trama de relaciones entre el Estado “y” la sociedad, sin perder la especificidad de cada caso y el contexto internacional. De esta forma actores, instituciones y estructuras podían abordarse desde diferentes ángulos orientando la comparación como uno de los métodos que se consolidaban en la ciencia política mundial. Libros como El estado burocrático autoritario, o La formación del Estado argentino son expresiones cabales de esta concepción en el estudio de los fenómenos políticos.

Décadas después y tras varias ediciones, estos libros siguen constituyendo un faro para los politólogos habiéndose transformado en referencias ineludibles en la investigación y la enseñanza de la disciplina tanto en la Argentina como en otros países. Escritos como “Estado y políticas estatales en América Latina: Hacia una estrategia de investigación” aparecido originariamente como Documento del Cedes en 1976 pasará a ser, a partir de su publicación en la Revista Venezolana de Desarrollo Administrativo en 1982, la obra más referencia en los estudios sobre administración y políticas públicas en la región.

La enorme capacidad de crear conceptos como los de estado burocrático autoritario, democracia delegativa en Guillermo O’Donnell o el de estatidad de Oscar Oszlak marcaron parte de la agenda de estudios de la ciencia política latinoamericana, señalando un sendero fructífero para el debate y la discusión de una disciplina que se oxigena con la diversidad y en donde nadie tiene la última palabra.

El tiempo pasa de manera inexpugnable, la linealidad da lugar a los ciclos y seguimos tratando de interpretar nuestra particular forma de construir las decisiones de última instancia, tarea nada fácil para los politólogos que lidiamos entre los laberintos de la academia y los recintos del poder. Casualmente este pasado lunes 27 de noviembre e iniciando las conmemoraciones de nuestro día, Oscar Oszlak expuso en el Senado de la Nación sobre “Estado abierto” una de las recientes criaturas que va tomando forma tanto desde la ciencia política como desde el propio ámbito de la gestión pública; posiblemente desde el espacio onírico de lo inconsciente, O’Donnell le esté dando respuesta, reiniciando el contrapunto de un largo diálogo.