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05 09 2016

Recuerdos del periodismo, adiós a Rogelio García Lupo


Autor: Alejandro Garvie









Rogelio Juan Miguel García Lupo ya era una leyenda del periodismo cuando partió hacia su última corresponsalía, en la que debe estar hurgando, sobre todo, su estructura de poder, formando un archivo de recortes tan inmenso como el que dejó en su departamento de la calle Tacuarí. Porque el poder, es, ha sido y será, el objeto de curiosidad del periodista, por antonomasia. “Pajarito” lo practicó y lo sufrió en carne propia. No es para menos, la segunda mitad del siglo XX estuvo signada por las dictaduras y las democracias titubeantes.

Los primeros “pininos” –como dicen los viejos maestros del oficio– los hizo en sendas publicaciones peronistas: Continente, revista mensual de arte, literatura, viajes y costumbres (en la que colaboraba Osvaldo Bayer) y La Opinión Económica, el semanario de la Confederación General Económica (CGE).

En 1955, “Pajarito” publicó en Esto es –revista dirigida por el dirigente  nacionalista Tulio Jacovella– una investigación sobre las condiciones de vida y trabajo en los ingenios de Salta y Tucumán. Su “curiosidad” le costó cien días a la sombra en la sección políticos en la cárcel de Villa Devoto, además de haber participado de una campaña contra los contratos petroleros del gobierno de Perón con empresas extranjeras. Allí compartió su infortunio con comunistas como Osvaldo Pugliese y Raúl Larra.

Con el golpe de la autoproclamada Revolución Libertadora y el cierre de las publicaciones en las que trabajaba, García Lupo se sumó al vespertino Noticias Gráficas y dos años más tarde a la revista Qué, del frondizismo, en donde entre otros, también escribían Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz.

Nunca renegó de su pertenencia a la Alianza Libertadora Nacionalista, en donde militó junto a Rodolfo Walsh y Jorge Masetti, con quienes cofundaría, a un año de la revolución, la agencia de noticias cubana Prensa Latina, acompañados por Carlos Aguirre, Gabriel García Márquez y Juan Carlos Onetti. Intelectuales y periodistas involucrados en la construcción del Nuevo Orden Mundial de Información y Comunicación (NOMIC) que se planteó en la ONU.

En la década del sesenta publicó cuatro textos que recopilaban sus artículos y durante la dictadura de Onganía organizó en colaboración con Rodolfo Walsh y Horacio Verbitsky el semanario CGT –dirigido por el recientemente fallecido Raimundo Ongaro–.

Censurado por el gobierno militar de la Revolución Argentina, decidió firmar en la revista Primera Plana bajo el seudónimo "Benjamín Venegas", nombre que escogió al azar de la guía de teléfonos.

Luego continuaría con una prolífica cantidad de libros y artículos elaborados por toda América Latina y una labor incansable en el oficio. De sus últimas décadas vitales nos referimos en las anécdotas que siguen.

Recuerdos de Daniel y Daniel

Daniel Muchnik y Daniel Santoro recuerdan para 20 Manzanas dos episodios que lo caracterizan. Dice el veterano maestro Muchnik: “Cuando llegó el tiempo de la última dictadura militar, García Lupo, odiado por muchos militares, no escapó ni emigró. Simplemente dejó el periodismo. Y comenzó a trabajar en un cargo directivo en una empresa constructora (Comarco). Por eso algunos comentarios hablan de que se volvió un experto en cemento. En cada encuentro, Pajarito desplegaba toda su sabiduría en materia de periodismo de investigación. Riéndose dijo que algunos de sus libros fueron completados gracias a la lectura de los obituarios del diario La Nación. Allí pudo descubrir las ligazones de cada ‘personaje’ en materia de amistades empresariales y militares”.

En tanto que Santoro comparte un relato: “Una vez el maestro García Lupo me contó, con toda sinceridad, como había zafado de un juicio por calumnias e injurias que le había iniciado Gait Pharaon, el empresario saudí que construyó el hotel Four Seasons en una zona donde no se podía construir, gracias al pago de coimas a concejales de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Lo había demandado por un millón de dólares. Preocupado, Pajarito fue a ver a un juez que investigaba cómo se tramitaba la ciudadanía argentina del amigo de Carlos Menem y le pidió una copia del expediente. Se lo negó porque él no era parte de la causa. Pero una llamada anónima a su casa lo convocó al café ‘La Paz’ a las 15 del día siguiente. Ese día solo vio una mano de mujer que se metió por la ventana y le dejó un sobre con ¡el expediente completo! Allí Pharaon aceptaba ser dueño de muchas propiedades. A la semana, lo convocó un fiscal de Nueva York que investigaba a Pharaon por evasión en los EE.UU. Pajarito le entregó una copia del expediente donde por primera vez el poderoso empresario aceptaba ser dueño de propiedades en EE.UU. El fiscal saltaba de alegría. Con esa causa en EE.UU., Pharaon retiró la demanda contra el maestro”.

Siempre un acicate del poder, siempre obsesionado por la información y últimamente consciente de la agonía de los diarios en papel y el imperio de Internet como amenaza de homogeneización del oficio del periodista. Siempre en el recuerdo de quienes tuvimos la suerte de tratar con él.