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Opinión 30 10 2020

37 años de democracia. La tarea inconclusa de la unidad nacional


Autor: Juan Francisco Nosiglia









Hace 37 años que los argentinos fueron convocados a las urnas en una elección clave para el país. El resultado de aquella elección obedeció al anhelo de una gran mayoría de argentinos de vivir en una sociedad libre e igualitaria.

La etapa que se inició en 1983 marcó el fin de medio siglo de frustraciones democráticas e inestabilidad política. Al mismo tiempo, puso fin a un período de impunidad, violencia política y violación de los derechos humanos.

El proyecto político propuesto por Raúl Alfonsín y la Unión Cívica Radical trascendía lo meramente electoral, no se agotaba en el acto del sufragio. La reconstrucción de las instituciones era el primer paso para sentar las bases de un orden político diferente basado en la soberanía popular, el estado de derecho y el respeto irrestricto por los derechos humanos para conseguir una democracia moderna, plena e igualitaria.

La democracia debía construirse a partir de un acuerdo fundamental basado en el pluralismo y en la coexistencia de las distintas ideas políticas. De igual modo, debía promover una cultura política que admitiera la negociación y la cooperación en la búsqueda de coincidencias y equilibrios.

Los procesos de cambio político y social que marcan un antes y un después en la historia de una nación logran comprenderse con el paso del tiempo. Es por esa razón que hoy -37 años después- podemos dimensionar lo que significó aquel ciclo que se inició el 30 de Octubre de 1983 y que marcó un punto de inflexión para la vida de los argentinos.

La concepción que Alfonsín tenía de la política no pudo más que significar una novedad en un contexto de faccionalismo, sectarismo y pretensión de unanimidad. Consideraba a la política como la herramienta para evitar que el conflicto se transformara en violencia. Entendía que la política era el lugar para los acuerdos y para el consenso. La política no podía significar en absoluto la eliminación o la exclusión del adversario, sino el reconocimiento de ese otro; porque el disenso es inherente al pluralismo propio de la vida democrática.

En su primer mensaje ante el Congreso Nacional, Raúl Alfonsín convocaba a la sociedad argentina a la tarea de Unidad Nacional. Dicha tarea era un fin en sí mismo, pero también un medio; era la estrategia para lograr un objetivo mayor que descansaba en la urgencia por asegurar la vida democrática como así también en la necesidad de reorganizar un Estado moderno que fuera capaz de garantizar los derechos preexistentes y de crear nuevos derechos y nuevas oportunidades.

Luego de 37 años del retorno de la democracia, los argentinos tenemos una tarea inconclusa que es la de lograr la unidad nacional.

Argentina tiene profundos problemas estructurales que no pueden resolverse con políticas de corto plazo y tampoco podrán resolverse si la dirigencia política no ofrece un horizonte de certezas a la ciudadanía. Para lograr esto es necesario el trabajo en conjunto entre los diferentes partidos políticos y entre los distintos sectores sin egoísmo y sin revanchismo, sino con la mirada puesta en una agenda para el futuro.

Argentina vive en un estado de emergencia permanente, y como producto del impacto social de la pandemia se ha profundizado la crisis económica, repercutiendo en el crecimiento de la pobreza, la caída del empleo, el aumento de las desigualdades sociales, y las condiciones habitacionales. Entre las grandes deudas pendientes de la democracia se encuentra la de la crisis habitacional y de vivienda que existe en el país y quedó de manifiesto en las últimas semanas en la Provincia de Buenos Aires en el conflicto por la toma de tierras en Guernica (conflicto que, con distintas características, se reproduce en otras provincias). Cuando el Estado no llega, aviva una lucha de ciudadanos contra ciudadanos poniendo en juego el ejercicio de sus derechos. Y, peor aún, permite que algunos sectores especulen jugando con la necesidad de la gente. El Estado no puede consentir que un derecho se imponga vulnerando otro y para eso debió adelantarse y trabajar con seriedad -y sin demagogia- en una política de vivienda y desarrollo territorial que proponga soluciones.

Es nuestra tarea trabajar por un acuerdo común para discutir cómo mejoramos el Estado, para elegir mejor sus prioridades, para ser eficiente administrando sus recursos, para diseñar mejores políticas y mejorar los servicios públicos. Argentina necesita crecer, y para eso tenemos que impulsar a los sectores productivos para cerrar las brechas de desigualdad y para sacar a la mitad de las y los argentinos que viven en situación de pobreza.